lunes, 23 de enero de 2012

Reportaje a Nélida de Miguel, la que acompañó a Evita

NÉLIDA DE MIGUEL

Domingo, 07 de Marzo de 2010 21:42 | Escrito por Emiliano Vidal |

 
Reportaje a Nélida de Miguel, la que acompañó a Evita, la que fue diputada, la que revela ahora detalles acerca de esa mujer que, dice ,no fue feminista y la que habla a las mujeres políticas de hoy desde la generación de sus padres. Una bisabuela entrevistada aquí por quien podría ser su nieto. Al final dos recuadros, uno sobre el Movimiento Peronista Femenino, que incluye el adiós a Eva, y el restante sobre chárter histórico que el 17 de noviembre de 1972 trajo de regreso a Perón luego de 17 años de exilio.

Por Emiliano Vidal

“Soy una mujer de Eva Perón”, se define Nélida de Miguel, una de las primeras diputadas nacionales de la historia argentina, luego de que se sancionara la ley del voto femenino en 1947, que cuatro años después permitió la primera participación política de la mujer. El tiempo que intermedió fue para la realización del censo y padrón que hasta entonces la excluían. También hablará de eso.

En las puertas de sus 90 años, Nélida sigue igual, inmersa en el presente y guiada por sus fuertes recuerdos como la relación con Eva, su cariño por el padre Carlos Mujica, y su admiración por Ramón Carrillo, de quien fue muy cercana.

La charla en su departamento de la calle Matheu con quienes podían ser sus nietos sobrevuela varios capítulos como el encuentro con Moore-Koenig . nombre cuya sola mención evoca el vía crucis del cadáver de Eva. Y hasta la reunión que movilizó a 300 mujeres por el mismo motivo para entrevistarse con el ex presidente de facto Roberto Levingston, quien sin querer ofició de difusor de esa lucha.

Naturalmente, no queda afuera el charter que trajo a Juan Perón en 1972 porque ella estaba adentro.

La rodean fotos con los principales dirigentes políticos de los últimos sesenta años, un busto de Eva Perón rescatado del odio y un manantial de documentos.

Entre ellos, los relacionados .con el trabajó al lado de Eva en la Secretaría de Trabajo, luego elevada al rango de Ministerio. Fue diputada por la Capital Federal, en 1954 hasta el golpe del año siguiente y concejal porteña en 1973.

Fue protagonista y testigo de los tres gobiernos de Juan Domingo Perón.

- ¿Cómo se acercó al peronismo, cómo fue que conoció a Eva Perón?

- Fue tras el terremoto que sufrió la provincia de San Juan, en 1944. Pero a María Duarte la conocía su época de artista. La seguía en sus novelas. En el Malbrán, me desempeñaba como jefa de personal, con 400 trabajadores a mi cargo, entre enfermeros, maestranzas, médicos, investigadores, entre otros. Mi padre, que era un militante socialista, me llevaba a escuchar, cada vez que podíamos, a ese coronel que tanto ruido hacía, Perón. Y también a Angel Borlenghi. Me encantaban los discursos de Perón desde la Secretaría de Trabajo.

- ¿ Y cuándo decidió participar?

- Fue el 17 de octubre de 1945. Estaba en la puerta de mi casa y veo pasar a los trabajadores, del gremio del gas, que iban para la Plaza de Mayo. No dudé, me sumé a ellos y les pedí una bandera. No era común ver mujeres en la calle militando. Nunca más en mi vida, vi una Plaza tan colmada de gente. Cuando Perón fue proclamado candidato y se comenzó a armar el Partido Laboralista junto a Cipriano Reyes, un grupo de mujeres comenzamos a militar a su lado, a organizar comidas, juntar fondos. Así ganamos las elecciones del ‘46.

- ¿Podía actuar sin problemas?

- No. Mi militancia no le cayó nada bien a mi superior en el Malbrán. el director Alfredo Sordelli, un conservador. ¡ ¡ Me mandó al serpentario…!. Nélida se ríe; y mantiene su tono cálido al recordar que en esos días la llamó a Yeye Ricarde, la secretaría privada del ministro de Salud, Ramón Carrillo, quien a los pocos días la recibió en su despacho.

- ¿Era un hombre a tono con la fama que dejó?

- Carrillo era brillante, uno de los mejores, un sabio- se emociona. y se apaga un poco su fuerte voz.

Lo que viene es la evocación de ese momento en el que ella realiza crudamente su planteo debido a la arbitrariedad de la que era víctima.

- “Doctor, le dije, ustedes conmigo están cometiendo la primera injusticia peronista”. Carrillo me fulminó con la mirada.

- ¿No le dijo nada?

- Al retirarme me dijo que rápidamente iba darme novedades. Así fue, porque a los días, me llevaron a verla a la mismísima señora María Duarte de Perón, que estaba trabajando en la Secretaría de Trabajo. Estar frente a Eva fue el momento más lindo de mi vida. Me presenté, y antes de poder seguir hablando, Eva me dice “yo sé todo sobre usted y lo que pasó. Ahora se queda a trabajar a mi lado”. Inmediatamente dejé el cargo en el Malbrán y me puse a sus órdenes.

- ¿Qué tareas comenzó hacer a lado de ella?

- Eva me comunicó con Raúl Matera, quien estaba a cargo de Salud Pública y comenzamos un trabajo directamente con las personas enfermas, todo en conjunto con la Secretaría de Trabajo de. Eva. Recuerdo que un día le pregunté a Matera que eran esos biblioratos enormes que comenzaban a juntarse. Eran pedidos de miles de personas que nos propusimos a contestar uno por uno y que al comienzo llevaban la firma de Isabel Ernst, la secretaría de Eva.

- ¿Cómo se encaró ese tendal?

- Propuse resolver los problemas directamente nosotras y clasificar los pedidos por enfermedades, por trabajo, por pedido de empleos, por angustias. Esa información la preparábamos para los viajes que luego hacían Perón y Eva por el interior del país. Así llegaban las soluciones. También tenía la tarea de trasladar a los enfermos, si el cuadro era complejo, a Buenos Aires. Sólo Eva Perón era la encargada de autorizar los traslados, la mayoría en avión.

- Miles de historias…

- Sí. Me acuerdo de un caso, de los tantos, porque era una mujer muy enferma, René Aparicio, que militaba en el radicalismo y quizás me venta a la mente ante tantas cosas se dijeron. Nosotros atendíamos a todos, todo el tiempo, tantas horas, tantas ganas. Perón la llamaba a Eva, para que regresara a la casa y ella seguía atendiendo a la gente, hasta cualquier hora. Todas la seguíamos, y dejamos tantas cosas por el peronismo.

- ¿Por qué Eva decide trasladarla a La Rioja y después a Tucumán?

- Porque había mucho para hacer en todo el país. Nosotras, no teníamos ambulancias, nos manejábamos con camiones del Ejército. Decíamos que éramos las pateadas, porque caminábamos todo el día, viajábamos por las ciudades. Esa misma tarea haríamos a los años siguientes de la sanción de la ley del voto femenino, cuando tuvimos que censar a miles de mujeres. Que tarea –se le llenan los ojos de lágrimas- convencer en esa época a los maridos, muchos de ellos, esposos golpeadores.

- ¿Cuándo fue que Eva le pide a sus delegadas comenzar a elaborar el brazo femenino dentro del peronismo?

- Aún antes de la sanción de la Constitución Nacional del 49. Así salimos a las calles, cada una trabajando en nuestros lugares, pero creando en cada rincón del país las unidades básicas, donde no solo se impartiría capacitación política sino también clases de alfabetización, de corte y confección. Nosotras recorrimos rancho por rancho.. Teníamos la gran tarea de saber cuántas mujeres existían en el país, cuántas éramos peronistas y dónde estábamos.

- ¿Qué carácter tenía Eva? ¿Ejercía el poder como un hombre?

- Era directa, no andaba con vueltas. Un día me dice “Nélida, no ponga más unidades básicas ni en la Rioja, ni en Tucumán, que hay más unidades que sillas y mesas”. Eva era dura con aquellas que eran flojos en la lucha. Ella seguía todo, iba de acá para allá, no paraba. En 1948 se crea la Fundación Eva Perón, una tarea para la Primera Dama, además de las durísimas en la Secretaría de Trabajo y Previsión.

- ¿Esa valorización de la mujer se percibe?

- Sin lugar a dudas.. Que alegría teníamos todas cuando se sancionó la ley de voto femenino. Eva ya estaba enferma, había estado con mucha fiebre esos días en la Fundación. Yo estaba en la Capital Federal. Se había desmayado en un acto junto al presidente Perón. Con esa ley cerrábamos la lucha de muchas mujeres como Alicia Moreau de Justo y Julieta Lentieri. Luego vino el censo, la confección de la libreta cívica, el empadronamiento para las elecciones de noviembre de 1951.

- ¿Cómo se hizo esa tarea?

- Íbamos casa por casa, con una invitación a las vecinas a afiliarse al partido y a convocarlas a la unidad básica previamente instalada en el barrio. Cuando tuvimos que hacer el censo y el empadronamiento femenino para las elecciones, nos encontramos con dos dificultades: el miedo de muchas mujeres a lo desconocido que era la política y la oposición de los maridos a que sus mujeres actuaran militaran.

- ¿Pero Eva era o no feminista?

- No, no era feminista. Ella quería la igualdad con los hombres en todos los planos. Revindicar a la mujer argentina, a las amas de casas, a las jubiladas. Por eso nos dijo que había que recorrer las calles, dialogar con la gente, con esas mujeres de las fábricas, tan dignas esas trabajadoras.

- ¿Es tan dura y difícil la política para las mujeres?

- Más que difícil, es durísima, despiadadamente dura. No estoy en contra de los hombres, pero la lucha, las cosas, son de a dos. Es decir, los dos juntos, no uno delante y el otro atrás. Los hombres nos usan a nosotras, que siempre damos todo, porque quienes entran y están en todos lados, somos nosotras, las mujeres.

- ¿La oposición de esos años era más o menos dura que la actual en el gobierno de Cristina Fernández?

- La oposición que sufrió Perón fue terrible. Desde Braden y toda el ala de la Unión Democrática. Esa oposición fue muy dura. Pero lo era más con Eva que con Perón. Durísima, le decían de todo. Más que opositores, eran terribles oligarcas.

- ¿Nélida, fue tan duro el cabildo abierto del 22 de agosto de 1951 para Eva?

- Es que Eva no renunció al cargo de vicepresidente de la Nación. Ella me confesó que si aceptaba el cargo, algunos sectores de las fuerzas armadas no lo iban a aceptar. Recuerdo cuando me lo dijo, días antes del Cabildo. “Nélida, le digo algo. No voy a ser candidata”. Nosotras no nos tuteábamos, me puse mal, le pregunté, “pero señora, como que no va a ser candidata?”. Eva en pocas palabras me dijo que había que cuidar a Perón. Encima, estaba muy enferma.

- ¿Cómo fueron esos días de la enfermedad de Eva Perón?

- Seguía trabajando, los desmayos eran seguidos y las compañeras no queríamos preguntar nada. Un día me quedo con ella y me comentó que la estaban revisando los médicos. Nunca supo que le opero un médico estadounidense, de apellido Pack, sino no se operaba nada. Nunca la vi quejarse, jamás, yo misma me ofrecí a ayudarla, pero ella se mostraba siempre entera.

- ¿Qué recuerda del velatorio de Eva Perón y del trabajo sobre su cuerpo de Pedro Ara?

- Yo misma me quede limpiando la tapa de los vidrios del cajón. Sabíamos que Ara estaba trabajando en su cadáver. Yo cuidaba el cajón en el Ministerio de Trabajo. También estaba Delia Parodi. Un día el cajón debió ser abierto y observamos que transpiraba el cuerpo. Eva Perón tenia un hermoso prendedor y el escudo peronista, que le habían regalado tiempo atrás los trabajadores de la CGT. Pero ya en el Congreso de la Nación, ese prendedor no estaba. Había que cuidarla hasta aún cuando murió Yo participé en la cureña que acompaño los restos hasta el Parlamento. Jamás pude olvidar ese día.

- ¿Cómo fue acompañar sus restos?

- Impresionante. El pueblo entero estaba en las calles. Yo todavía lloró a Eva Perón.

-¿Dónde la encontró el golpe de la Libertadora?

- Estaba en el Congreso de la Nación. El golpe fue durísimo, se venía anunciando. Me fui rápidamente a la casa de unos amigos, radicales, en Luján. La Libertadora nos cazaba. Como no me encontraban fueron a la casa de mi madre y se llevaron detenida a mi hermana. Nosotros comenzamos la Resistencia, esa misma que tanto revindicó, entre otros Enrique Oliva (recientemente fallecido). Me dolió tanto cuando me llegó el dato de la detención de mi hermana que me presenté al mismo de Servicio de Informaciones de Estado. Me recibió el propio Carlos de Moore-Koenig que ya tenía en su poder el cadáver de Eva.

- ¿Cómo fue estar Moore-Koenig frente a frente?

- No tenía miedo. El se me acercó y me dijo “así que usted es la famosa Nélida de Miguel”. “Yo no soy famosa de nada” le conteste. Me dijo que quedaría detenida, pero me pregunto dónde quería ir.. Se le notaba a Moore-Koenig ese odio por Evita. Fui a parar a la cárcel en Tucumán, pero salí en poco tiempo y volví a Buenos Aires. Fue así que nos pusimos a trabajar, juntar fondos, comida, llevar ropa a todos nuestros hombres y mujeres que seguían presos, sobre todo los hombres. Fueron año duro

- ¿Qué recuerda del levantamiento de Juan José Valle y los fusilados de 1956?

- Estábamos en la resistencia. En esos días de junio de 56, sabíamos que algo pasaría. No estaba en mi casa y al día siguiente, 10 de ese mes, una vecina me dice que había policías en la puerta.. Amigos radicales que me protegían, hasta dándome ropa. La resistencia la dimos en todos los planos. Recuerdo que pegamos fotitos de Perón y Eva en los vasos y tazas de las confiterías y bares de toda la Capital Federal. Cuando la cosa se complicaba, unos amigos de Avellaneda me refugiaban-, se emociona.

- Mientras tanto, ¿se sabía algo del cadáver de Eva?

- Nada. Eso nos tenía tan mal. Nosotros habíamos ido a la CGT, a hablar con su secretario general, Hugo Di Pietro. La queríamos con nosotros. Así pasó más de una década, sin saber nada de nada. Luego de la muerte de Pedro Eugenio Aramburu, en 1970, quien decía que él sólo quería darle sepultura cristiana a Eva pero que no sabía dónde la habían enterrado, varias mujeres, entre ellas Delia Parodi y sin preguntar a nadie, pedimos una audiencia con el general Roberto Levingston que estaba a cargo del Ejecutivo. Fuimos 300 mujeres en Plaza de Mayo. Recuerdo que antes agarré una foto de ella y le escribí “¿Dónde estas?” y puse abajo Centro Eva Perón, que no existía.. Les pedimos una mano a los gremios. Todos los sindicatos nos ayudaron y la Ciudad y parte de la provincia de Buenos Aires quedó empapelada con esa foto de Eva y esa frase, todo antes de ver a Levingston.

- ¿Cómo fue la reunión?

- Nos recibió en la Casa de Gobierno. Tenía un legajo de todas nosotras sobre su escritorio. Le pedimos por los restos de Eva Perón, que queríamos saber dónde estaban. No nos dijo, pero logramos, sin que él se diera cuenta, sacarnos una foto con él tomando la foto con la leyenda “¿Dónde estas?”. Fue impresionante. Salió publicada en la mayoría de los diarios y en revistas de la época. Finalmente, el 3 de septiembre de 1971, los restos de Eva a Perón fueron devueltos.

- ¿Cómo tomaron ese encuentro otras figuras del peronismo?

- Mal, muy mal. Jorge Paladino, que era el delegado de Perón, nos salió al cruce, diciendo que un grupo de locas fue a pedirle a Levingston el cadáver de Eva. Pero en ese tiempo comenzaba la movida de Agustín Lanusse para quedarse con todo. Los restos volvieron, la tuvimos de vuelta con nosotros. Pensar que ahora están en el cementerio de La Recoleta a metros enterrada.

- El charter fue una especie de arca de Noé peronista, ¿que recuerda de aquel momento histórico?

- Fue extraordinario. Y con el paso de los años me pareció más impresionante. Pero qué días tan duros. Llegamos a Roma y nos recibe Perón, nada de besos, ni de abrazos. Perón no daba besos. Me dijo que se acordaba de mi, no sé, él era tan carismático. Yo viajaba al lado de la actual ministra de Defensa, Nilda Garré y de la actriz Marilina Ross. Donde estaba Perón se llenaba de gente, todos queríamos estar cerca de él. Yo en el avión yo no lo veía y me ponía nerviosa. El charter tenía compartimientos y Perón estaba delante de todo. Tenía miedo, pensaba que quizá no había subido. Lo más emocionante era las misas y las palabras que decía el padre Mujica. Que hombre tan puro – se emociona- el querido Mujica. Lloré tanto cuando él dijo por Perón, “estamos llevando al héroe de la Patria”. Mujica era un grande con todas las letras.

- Pero usted a Perón no lo veía en el avión. ¿Qué decía Isabel?

- Isabel estaba en la suya. Yo tenía confianza con ella. En el exilio me mandaba cremas. Le decía, “pero mirá vos, tenemos que venir nosotras a buscar al General, que estas haciendo vos?. Pero ella no me decía nada. Con el tiempo la relación se fue enfriando y no hablamos más.

- Entonces, cuándo fue que comprobó que Perón realmente estaba en el avión y regresaba a la Argentina?

- Yo no paraba de preguntar por el General. Antonio Cafiero era otro que me decía, “Nélida pará un poco, confíá”. Lorenzo Miguel también. nos pedía silencio, que Perón quería descansar. Pero yo estaba preocupada. En pleno vuelo, lo veo al notero Jorge Conti (yerno de José López Rega) que se estaba afeitando, le explico mi inquietud y él me dice que se estaba preparando porque Perón quería darle unas declaraciones”. Ya más tranquila, paramos en Brasilia, nos bajamos y lo veo, lo veo a Perón. Me volvió la alegría y cantamos el Himno Nacional, Cuando llegamos a Buenos Aires, que día impresionante, nos fuimos a la casa de Gaspar Campos, esa casa que compramos entre todos los peronistas. Luego, en Olivos, nos agradeció a uno por uno. Fueron momentos inolvidables.

- ¿Qué opina de las actuales mujeres que están en la política?

- Todas son muy inteligentes, de una capacidad intelectual impresionante. Nosotras, con Eva a la cabeza fuimos las primeras pero estas mujeres tienen un vuelo alto. Las mujeres en todas las épocas siempre tenemos que dar más, porque nos exigen más. Ese quizá fue el legado de esas trabajadoras que murieron en el trágico incendio de esa fábrica en 1911. Este es mi homenaje a ellas y las mujeres que luchan de la política actual, que trabajan por un país mejor. Es más difícil para nosotras, pero confío en que volverán los días felices en la Argentina.

Volanta y titulo: NELIDA DE MIGUEL. Diputada nacional en 1954, censista y delegada de Eva Perón entre 1947 hasta su muerte y concejal porteña en 1973 hasta el golpe del 76/ “La política es despiadada con las mujeres”

El partido femenino

Tras la sanción de la ley del voto femenino, el otro gran puente para la participación de la mujer en la política fue la sanción, el 11 de marzo de 1949 de la reforma constitucional. En ella, para muchos otros Constitución que finalmente sería derogada por decreto de la Revolución Libertadora, en 1955, se reconocen los derechos a la mujeres. Fue la base para que cinco meses después, Eva Perón proclame la creación del Movimiento Peronista Femenino.

EL ADIOS. Tras una larga agonía, el 26 de julio de 1952, muere Eva Perón. Comienzan los trabajos del médico Pedro Ara, experto en técnicas de enbalsamiento. El largo velatorio ante el enorme pesar popular y su impresionante expresión se inició en la CGT y el 9 de agosto el féretro fue trasladado al Congreso de la Nación. El cortejo con una guardia de honor incluía diez mujeres. Nélida fue una de ellas.

En el charter histórico

El avión se llamaba Giuseppe Verdi y Nélida de Miguel fue una de las mujeres que formaron parte de ese charter de Alitalia que partió desde Roma y trajo a Juan Domingo Perón, el 17 de noviembre de 1972, tras 17 años de exilio.. Enfrentó así al general Alejandro Agustín Lanusse, quien el 7 de julio de ese mismo año había dicho que a Perón “no le daba el cuero”. Vino por un corto tiempo para armar el frente con el que enfrentaría a esa dictadura en las elecciones del 11 de marzo de 1973 con la candidatura de su leal colaborador Héctor J. Cámpora. También para entrevistarse y entenderse con Ricardo Balbín, líder radical, adversario del pasado que se transformaría en amigo. Perón volvía al país luego del frustrado intento de ocho años atrás, cuando gobernaba el también radical de Arturo Illía y su canciller era Andrés Zabala Ortiz, encargado de las gestiones con Brasil para interrumpir el viaje en su escala de Río de Janeiro. Lo acompañaban Isabel, Jorge Antonio, Andrés Framini y Augusto Vandor.

Fuente: Diario Buenos Aires Económico, 7/3/10.

Actualizado (Miércoles, 21 de Diciembre de 2011 22:51)

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