sábado, 1 de diciembre de 2012

Homenaje al Tte. Cnl. (RE) Bernardo Alberte

                

Primer muerto de la dictadura genocida auspiciada y producida el 24 de marzo de 1976 por la CIA, el imperialismo, la putrida oligarquia y la burguesia vendepatria con el management y gerenciamiento de la cupula de las FFAA cipayas y tributarias del poder imperial.

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Código de Honor del Ejército de los Andes

"La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares."

Gral. José de San Martín, Cuartel General de Mendoza, 4 de septiembre de 1816.

Maldito una y mil veces el soldado que se atreva a empuñar las armas de la patria, contra el pueblo que se las ha confiado..

Libertador Simon Bolivar.

“Nosotros les prevenimos que algún día vendrá el hombre sencillo de la Patria a interrogar a sus militares en actividad y en retiro. No los interrogaran sobre sus largas siestas despues de la merienda, tampoco sobre sus estériles combates con la nada, ni sobre su antológica manera de llegar a las monedas, no sobre la mitología griega, ni sobre sus justificaciones absurdas crecidas a la sombra de la mentiras.

Un día vendrán los hombres sencillos de esta tierra, aquellos que fueron sus soldados, a preguntar que hicieron cuando la Patria se apagaba lentamente, que hicieron cuando los pobres consumían sus vidas en el hambre y la de sus hijos en la enfermedad y la miseria, que hicieron cuando los gringos vinieron a imponernos esa nueva forma de vida “occidental” que todo lo corrompe y compra el dinero.
Quizás para ese momento, la vergüenza que provoque el silencio como respuesta, no sea suficiente como castigo”.

Bernardo Alberte.

Palabras del Mayor Alberte en pleno auge de la contrarevolucion que devino en el golpe del '76

“Si un dirigente popular de nuestro tiempo no sabe nada de estrategia, si no sabe responder a la violencia pretoriana con la violencia organizada de las masas populares, no merece ser político, ni dirigente de masas.
Hay que dominar la estrategia mejor que los generales que la emplean para oprimir y sojuzgar y que en nuestras manos debe servir para liberarnos”.
Bernardo Alberte fue edecán de Perón en 1954 y su delegado personal desde comienzos de 1967 hasta marzo de 1968. Fue editor de Con Todo, órgano del peronismo revolucionario, y defendió públicamente a los guerrilleros de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) apresados en Taco Ralo en septiembre de ese mismo año. En las primeras horas del 24 de marzo de 1976, un grupo de militares y policías uniformados violentó el departamento del teniente coronel Bernardo Alberte, en el sexto piso del edificio de Avenida del Libertador 1160. "Alberte, venimos a matarte", gritaron antes de arrojarlo por una ventana hacia un patio interior. Días antes, el militar había denunciado que la Triple A había intentado secuestrarlo. El ex delegado de Perón terminaba de escribir una carta al jefe del Ejército en la que le advertía del error que significaba un nuevo golpe militar por parte de las Fuerzas Armadas.



Bernardo Alberte, primera víctima del golpe del '76"Lo tiraron desde el sexto piso"

El mayor Alberte terminaba de escribir una carta al jefe del Ejército, Jorge Videla, cuando fue tirado por la ventana por un grupo de tareas, que inauguraba la sangrienta represión de la última dictadura militar.
Alberte fue delegado personal del ex presidente Perón y secretario general del Movimiento Peronista.

Por Miguel Bonasso

"¡Alberte, te venimos a matar!", gritaron los hombres del Ejército que vestían uniforme de combate. Y el teniente coronel retirado Bernardo Alberte supo que hablaban en serio. Intentó alcanzar su pistola, pero no le dieron tiempo. Lo agarraron entre varios y lo arrojaron al vacío. Su cuerpo destrozado fue llevado al Hospital Militar y a la comisaría 31 de la Policía Federal, pero el crimen quedó impune. Durante años su hijo Bernardo y sus hermanas recorrieron los estrados judiciales, donde sólo encontraron odio, indiferencia y cobardía. La causa quedó cubierta por el polvo y el olvido. Como el nombre mismo de Bernardo Alberte, ex delegado de Juan Perón y ex secretario general del Movimiento Peronista en los duros años del onganiato. Un rato antes de que llegaran los visitantes de la noche, el Yorma, el Tintorero, como lo conocían amigos y enemigos, había tecleado una carta al comandante en jefe del Ejército Jorge Rafael Videla, denunciando el secuestro y asesinato de Máximo Altieri, un joven militante de su agrupación (la Corriente Peronista "26 de Julio"), y los intentos de bandas armadas, integradas inequívocamente "por elementos de seguridad", que habían pretendido secuestrarlo a él mismo. Allí Alberte, sin esperanzas, advertía al futuro dictador sobre los alcances de la enorme ordalía de sangre que las fuerzas a su mando estaban por desatar contra el pueblo argentino. Terminó de escribirla a la una de la madrugada de un día muy especial: el 24 de marzo de 1976. Una hora después los asesinos irrumpían en su departamento de avenida Libertador al 1100, perpetrando el primer asesinato de una serie que sumaría más de treinta mil. Por una extraña paradoja de la historia, la primera víctima del golpe militar resultaba ser un militar. Claro que un militar muy especial, que reverenciaba al Che Guevara, odiaba a "la oligarquía y el imperialismo" y se había tomado en serio la consigna de Eva Perón: "El peronismo será revolucionario o no será nada". A veintitrés años del crimen impune, Página/12 entrevistó a Bernardo Alberte hijo, que no ha cesado un solo día de bregar por la memoria de su padre. Este es el diálogo y la historia trágica de un peronista tercamente ético que fustigó sin piedad "a los dirigentes del movimiento que se pasaron al enemigo" y a sus antiguos camaradas de armas, convertidos en "una banda de asesinos y torturadores".
–Bernardo: ¿su padre ha sido olvidado o silenciado?
–Ha sido silenciado por este peronismo traidor y socio de los genocidas que está en el Gobierno.
–Cuéntenos, entonces, quién fue Bernardo Alberte.
–Fue el hijo de un inmigrante español que puso una vinería. Papi era un hombre del pueblo que, por alguna razón que desconozco, se hizo militar.
–¿Y eso le dejó huellas? ¿Era "milico" en la vida personal?
–Y bueno, en algunos aspectos formales, sí. Era severo, introvertido. Madrugador. Se levantaba a las seis de la mañana. Pero, a diferencia de varios de sus colegas, siempre fue un formidable laburante. Un tipo exitoso en el comercio, que nunca le hacía ascos al laburo. Y que a mí y a mis hermanas nos tenía al trote para que estudiáramos y trabajáramos.
–¿Cuándo nació?
–El 17 de noviembre de 1918. Tendría ahora 80 años. Tenía 56, casi 57 cuando fue asesinado. Ahora bien, lo más importante de Bernardo Alberte fueron los grandes cambios que sufrió a lo largo de su vida. Como fue cambiando su conciencia de la realidad argentina, desde que se graduó como subteniente con las mejores calificaciones de su promoción.

–¿Cuándo se hizo peronista?

–Fue peronista desde los orígenes mismos del movimiento. Y tal vez por eso mismo nunca fue un obsecuente. Cuando se las tenía que cantar al propio Perón, se las cantaba. (De ahí que Perón lo llamara "el gallego cabezadura"). Así lo hizo en su primera carta de 1957 y así lo hizo en la última, escrita en octubre de 1972, en vísperas del famoso retorno.

–¿Qué le "cantaba" a Perón en esas cartas?

–En la de 1957 (que le mandó al exilio de Caracas) le decía que entendía por qué no se había puesto al frente del Ejército leal y del pueblo, para enfrentar a los gorilas. Aquello de evitar el derramamiento de sangre. Pero al mismo tiempo se preguntaba y le preguntaba cuánta sangre haría falta para desalojar del poder a sátrapas como Aramburu y Rojas. En la de 1972 lo prevenía contra aquello otro de volver al país "como prenda de paz" y no como líder de una verdadera revolución peronista.

–¿Cómo empezó la militancia del joven Alberte?

–En octubre de 1945, cuando el entonces coronel Perón fue destituido y enviado preso a la isla Martín García, papá, que era teniente, intentó levantar a la Escuela de Infantería. Falló en su intento y fue degradado y encarcelado. Después del levantamiento popular del 17 de octubre, recuperó la libertad y el grado. En 1954, cuando era mayor, lo designaron edecán del presidente y en esa función estuvo al lado del general Perón hasta que éste decidió renunciar y salir del país. En junio de 1955, cuando la aviación naval bombardeó la Casa Rosada, Alberte fue uno de los militares que encabezó la defensa del orden constitucional. Y en setiembre, al producirse el nuevo levantamiento, fue partidario de resistir hasta las últimas consecuencias. Los golpistas lo encarcelaron en represalia por haber cumplido con su deber militar y constitucional y lo confinaron en las cárceles flotantes, en la Penitenciaría, en el Penal de Magdalena y finalmente en la cárcel de Ushuaia. Recuperó su libertad recién a fines de 1956.

–Tal vez, paradójicamente, de esa manera salvó su vida, porque si hubiera estado en libertad, se hubiera enganchado en el levantamiento de junio de 1956 y hubiera sido fusilado como el general Juan José Valle.

–Sin duda. Por algo la viuda del general Valle le entregaría después, en el sesenta, las charreteras de general que le arrancaron a su esposo antes de fusilarlo en la Penitenciaría. Custodia que mi padre le agradeció en una carta, como el "más grande honor de su vida". Y es tan cierto que salió de la cárcel y anduvo perseguido hasta que se asiló en la embajada de Brasil y luego tuvo que salir al exilio en ese país. Entonces el Ejército lo dio de baja. El exilio fue una experiencia que le dejó huellas todavía más dolorosas que la prisión.

–¿Cuáles son sus recuerdos personales de aquellos momentos?

–Yo nací en 1948, así que cuando papá fue preso por primera vez yo tenía siete años. Y me recuerdo, claro que me recuerdo. Me recuerdo de las cartitas que le mandaba al barco diciéndole: "¿Papi, cuándo nos vas a invitar a dar una vuelta en el río?". Porque él, evidentemente, no quería dramatizar la situación y uno se figuraba, casi, como que estaba de paseo.

–¿Y en el exilio?

–A Brasil, en los primeros tiempos, fue solo. Después fuimos nosotros. Al principio fue vendedor ambulante. Vendía ropa interior. Después consiguió un trabajo de escribiente en una oficina. Cuando volvió del exilio, después de la amnistía de Frondizi en 1958, tuvo que disminuir bastante su actividad política para recomponer la situación económica. Porque nunca olvidó que tenía mujer y cuatro hijos. Primero puso un negocio de compostura de calzado en el acto. Y le fue bien. Después la tintorería de la calle Juncal, que él llamó La Limpiería. Y conservó hasta el final. La Limpiería que yo sigo atendiendo hasta el día de hoy. Como le dije: era muy laburador. El siempre les decía a los muchachos: para militar hay que robarle horas al sueño, porque si no se deteriora la parte económica y sufre la familia. Pero, a comienzos de los sesenta, ya estaba de nuevo militando a full.
En el ‘65, cuando Isabel Perón vino a la Argentina enviada por el General para frenar el alzamiento neoperonista de (Augusto) Vandor, se alojó primero en el hotel Alvear y luego en el hotel del Sindicato de Luz y Fuerza, adonde iban todos los días los gorilas para armarle quilombo. Era una situación peligrosa y complicada. Un día vino (Jorge Daniel) Paladino por casa (nosotros vivíamos entonces en la calle Yerbal) y le dijo al viejo que no sabían dónde meterla. Entonces papi les dijo: "Bueno, tráiganla a casa". Y la trajeron nomás. Estuvo como quince días allí en la calle Yerbal, con algunos hombres de custodia.

–¿Y López Rega? Porque se dice que fue su papá el que le presentó al Brujo.

–Bueno, ya va a ver. Los custodios de Isabel en aquel momento eran dos muchachos que terminaron en trincheras diferentes: Alberto Brito Lima y Dardo Cabo. Brito Lima terminó con la gente de (Jorge) Osinde y (José) López Rega que hicieron la masacre de Ezeiza y Dardo, en cambio, fue asesinado por los militares en la cárcel. En aquellos días dormían en mi pieza y le aseguro que era una ferretería la casa. Había unos matracones que Dios nos libre. Un día llamaron por teléfono los "comandos civiles" o algo así, diciendo que iban a tomar la casa y había que sacar a Isabelita de cualquier forma. Papi les propuso que se descolgaran con una soga por la pared trasera (que tenía unos doce metros de altura) y se escaparan por las vías del ferrocarril. Isabel lo miraba como diciendo "éste está loco". Y se cambió el plan de fuga. A Isabel la sacaron con una jugada de novela: mi hermana se puso una peluca rubia y salió por la puerta con toda la custodia. Y todos los policías y los periodistas se fueron detrás, permitiendo que al rato Isabel se esfumara sin llamar la atención. Y fue en esos días, efectivamente, cuando apareció el Brujo López Rega por casa. El tenía entonces una imprenta, Suministros Gráficos, y hacía trabajos para el movimiento.

–Se dice que su papá y él pertenecían a la logia Anael.

–Yo siempre lo negué, porque papi –que era muy reservado– no me lo dijo nunca. Pero parece que es cierto. La logia había sido creada por el ex juez Julio César Urien y, en realidad, era una agrupación antiimperialista, tercermundista, que luego López Rega (que debía ser de la CIA nomás) cargó de contenidos fascistas. La cosa es que yo un día llegué del colegio y me encontré sentado en la sala a un tipo bastante estrafalario, que me hizo preguntas raras, de trastornado. Y era, claro, López Rega. Que conoció a Isabel en mi casa y a partir de ese momento se le pegó para siempre con las consecuencias que todos conocemos.

–Llegamos, entonces, a su etapa como delegado.

–Perón designó a papi como delegado personal y secretario general del movimiento en 1967. Cuando se acabó la política del "desensillar hasta que aclare", que él mismo había propiciado al comienzo de la dictadura de (Juan Carlos) Onganía, había que volver a reorganizar las fuerzas para pegar duro. El enfrentó al líder de la UOM, (Augusto) Vandor y al jefe de los que entonces se llamaban "participacionistas", el dirigente de la Uocra, Rogelio Coria. Y los echó del movimiento. Que empezó a reorganizar poniendo el eje en la nueva militancia, en la juventud. Fue entonces cuando se llevó a cabo el Congreso de la Juventud. También apoyó decididamente al gran enemigo de Vandor, Raimundo Ongaro, y a la CGT de los Argentinos que éste conducía en contra de las direcciones sindicales vendidas a las patronales y los milicos. El siempre denunció todas las trampas del régimen para captar al peronismo y neutralizarlo. Por eso, cuando el general Onganía quiso devolverle el grado, junto con otros militares peronistas, se negó diciendo que no lo aceptaría hasta que le devolvieran el grado y el uniforme a Juan Perón. Lo que hizo que muchos de sus antiguos camaradas, dispuestos a aceptar la canonjía del dictador, lo putearan. En marzo de 1968, cuando se produjo el congreso normalizador de la CGTA, renunció a sus cargos.

–En rigor, Perón lo reemplazó por el conservador Jerónimo Remorino.

–Sí. Y por (Jorge Daniel) Paladino.

–¿Nunca más lo volvió a ver a Perón? ¿Ni siquiera cuando regresó?

–Nunca. Sólo fue a despedirlo cuando murió, el primero de julio de 1974. Allí estuvo en la fila, bajo la lluvia, como un peronista más. No quiso usar sus privilegios como ex delegado, como tampoco quiso arrimarse al último Perón para tener un cargo en el gobierno. En algún momento le ofrecieron ser nombrado presidente de YPF, pero cuando él presentó su plan para levantar la petrolera estatal, obviamente no lo llamaron.

–¿Fue amenazado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina)?

–Fue amenazado, pero siguió haciendo su vida normalmente.

–Es increíble que no lo hayan asesinado. ¿Pudo ser un inesperado escrúpulo del Brujo?

–No creo. Pienso más bien que lo pudo haber salvado alguno de sus antiguos camaradas que se sumaron a la Triple A. Alguien que vio una lista y dijo, por ejemplo: "¿Alberte marxista, no me jodan?".

–Pero él se había radicalizado mucho. Simpatizaba con la revolución Cubana, con las organizaciones armadas. ¿No?

–Sí. Centralmente con el grupo de Gustavo Rearte y con el Peronismo de Base y las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).

–Pero en 1976 los militares cumplieron la sentencia de la Triple A. ¿Cómo fue el asesinato?

–El 20 de marzo lo fueron a buscar a las oficinas de la Corriente 26 de Julio, en la calle Rivadavia. Y no lo encontraron. En aquellos días él salía de casa con el impermeable enrollado en el brazo para tapar el revólver que llevaba apuntando. Pese a ser militar no era un hombre adicto a las armas. Pero tampoco quería que lo mataran "sin llevarse a uno del otro lado". Entonces secuestraron a este compañero, Máximo Altieri, un militante de la corriente. El episodio lo conmocionó tanto que hasta escribió una carta a las Tres A diciendo que él se canjeaba por el muchacho. La carta, que conserva mi hermana, no llegó a hacerse pública porque el viejo, enloquecido, salió a buscarlo y no paró hasta encontrarlo. Tarde, desgraciadamente. Encontró su cadáver destrozado en la morgue del cementerio de Avellaneda. En la noche del 23. El último día de su vida. Esa mañana yo le había dicho que se rajara, que lo iban a matar, pero él se encogió de hombros y me miró como diciendo: "Yo no me voy más". Entonces llegó a casa y se puso a escribir la carta a Videla, denunciando el asesinato de Altieri. La terminó a la una de la madrugada. A las dos llegaron los carros del Ejército y cortaron la cuadra de Libertador que va de Ayacucho a Schiaffino, frente a donde estaba el Italpark. Rompen la puerta de entrada. Van directamente al departamento del encargado y lo llevan para que los guíe hasta la casa de Alberte. Suben los seis pisos por la escalera. Rompen la puerta de servicio a culatazos y entran gritando: "¡Alberte, te vamos a matar! ¡Por tu culpa murieron muchos camaradas!". Papi intenta alcanzar su pistola, pero lo arrojan desde el sexto piso. Cae muerto en el patio del primer piso, donde vivía un juez de apellido Herrera, que sale despavorido a ver lo que estaba pasando. Un tipo del Ejército lo encañona y le dice que, si se atreve a denunciar el hecho, él también va a morir. Mami y mi hermana Lidia estaban tiradas en el piso, apuntadas por los fusiles. A mi hermana se la quieren llevar, pero por milagro se salva. Buscan papeles. Armas que no hay. Y se salva también milagrosamente la correspondencia Perón-Alberte, que papi ha tenido la prudencia de entregarle, días antes, a un compañero de fierro (Tomás Saraví) que se la lleva a su exilio de Costa Rica y la preserva. Durante años la daremos por desaparecida, hasta que hace poco, otro querido amigo y compañero, Goyo Levenson, me dice que la busque en Costa Rica. Y ahora que la recuperamos la vamos a publicar con Eduardo Gurrucharri. Milicos y policías saquean la casa. No dejan nada. Concluido el operativo, el responsable del asesinato, identificándose con nombre y rango llama al Hospital Militar Central, para pedir una ambulancia. Que llega, a cargo de un doctor Pisione y del teniente Federico Guañabens (cédula de identidad Nº 7.016.526). En la guardia del Hospital Militar el cadáver de mi padre es recibido por el teniente primero Figueroa, jefe de servicio de la guardia del hospital. Pero, ante lo comprometedor del caso, deciden derivar el cuerpo a la comisaría 31 y arrancar la página del día del libro de entradas para no dejar huellas.

–¿Qué hicieron ustedes?

–Todo lo que pudimos. Algunos nos preguntaban si no teníamos miedo. ¿Pero cómo va uno a sentir miedo con tanto dolor? Si nos hubiesen matado como a él, nos habrían hecho un favor. Entonces conocimos los mayores extremos de grandeza y miseria de la condición humana. Dos jueces se declararon incompetentes: Juan Bautista Segean y Rafael Sarmiento. Segean me dijo directamente: "Si investigo, me matan a mí también". Sarmiento fue más lejos y le dijo a nuestro abogado: "No sólo a Alberte había que tirarlo por la ventana, sino a todos los peronistas". Nuestro patrocinante, en cambio, era un tipo maravilloso. Quiero rendir homenaje a Jorge Garber, abogado de discapacitados, que iba él mismo en silla de ruedas a Tribunales, empujado por su formidable coraje. Después la causa se radicó en el propio Comando en Jefe del Ejército, en el Consejo de Guerra Especial Estable de la Capital Federal. Con los resultados que usted se podrá imaginar. En junio del ‘76 nos volvió a golpear la tragedia, cuando secuestraron a mi cuñado Alberto Bello, esposo de mi hermana Silvia, que fue asesinado en Córdoba. En 1979, cuando vino la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, hicimos la larga cola de familiares para denunciar los dos crímenes y allí vimos a esas Madres de Plaza de Mayo, a las que les decían locas porque habían sabido ver antes que nadie la dimensión real del infierno. En el largo via crucis hubo un juez, Olivieri, que al menos llamó a declarar a los vecinos como testigos. Pero ni con eso logramos que se hiciera justicia. Otro juez, Eduardo Marquardt, ordenó "archivar las actuaciones". En ese largo peregrinar pedimos, junto con mi hermana Silvia, el apoyo de abogados peronistas. Hubo borradas históricas. Italo Luder, que en ese momento estaba en campaña electoral, se negó en redondo a firmar el escrito, aduciendo que "el tema Alberte era un caso muy espinoso". Igual hizo Angel Federico Robledo. En cambio el futuro embajador en Estados Unidos, Diego Guelar, que reconoció a mi hermana Silvia porque había militado con su esposo Alberto, aceptó firmar. Otros firmaron y luego se arrepintieron como el doctor Gerardo Conte Grand. Entre los firmantes estaban Carlos Corach, César Arias, Alberto Iribarne y el mismísimo Carlos Saúl Menem, que nos impactó al decir: "Si es por don Bernardo, primero firmo y después leo". Claro que el impacto solidario se nos borró cuando firmó el indulto de los asesinos de mi padre y esos otros letrados justicialistas que cité lo avalaron. O cuando concurrió al velorio de su amigo el fusilador Isaac Rojas, junto con Massera y Astiz.

–¿Qué hubiera hecho Bernardo Alberte frente al peronismo de hoy en día?

–Hubiera hecho lo mismo que hizo frente a los traidores como Vandor y Coria. Atacarlos y denunciarlos. Creo que se hubiera muerto de nuevo. Creo que de algún modo más sutil ellos también lo habrían matado.

______________________________________________________________________________________La carta de Alberte a Videla



Entre los miles de hombres y mujeres que sufrieron y resistieron los bombardeos de Plaza de Mayo, hubo un militar que luego sería edecán de Juan Domingo Perón y que el 16 de junio de 1955 participó de la defensa de la democracia. Se trata del Mayor Bernardo Alberte, quien en palabras del recordado y entrañable periodista Emilio Corbière, "fue un ejemplo como lo fueron, en el peronismo, John W. Cooke, Andrés Framini, la querida e inolvidable Alicia Eguren, Gustavo Rearte, Juan José Hernández Arregui, entre otros, y no los monigotes actuales. Fue delegado de Juan Perón y secretario general del Movimiento Peronista bajo la dictadura de Onganía. Era un militante de hierro pero detrás de su adustez había un varón cordial, un compañero entrañable, que siempre buscó la unidad de los revolucionarios. Nunca buscó cargos, ni candidaturas, ni prebendas. Fue solidario con los perseguidos. Por todo eso, los militares criminales lo fueron a buscar a su domicilio y allí lo asesinaron" el 24 de marzo de 1976.

A continuación, la carta que escribió Alberte a Jorge Rafael Videla pocas horas antes de ser secuestrado por miembros del Ejército Argentino.

Un documento que en medio de los aniversarios por los bombardeos sobre Plaza de Mayo en 1955 y los fusilamientos de junio de 1956, echa luz para entender por qué el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional es una punta del ovillo que iniciaron las bombas arrojadas sobre la población civil el 16 de junio de 1955 para derrocar al gobierno constitucional del General Juan Domingo Perón

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Buenos Aires, 24 de marzo de 1976

Al Sr. Teniente General
D. Jorge Rafael Videla
Comandante General del Ejército
S/D

Me dirijo a Ud. a los efectos de informar lo siguiente:


1.- El día 20-III-76, a las 20 horas, un grupo armado intento secuestrarme, en mis oficinas de la calle Rivadavia 764, 1º, con el aparente propósito de asesinarme. Acababa de retirarme del lugar elegido por esa banda armada unos minutos antes, lo que me permitió observar el operativo desde la calle, así como el gran despliegue de elementos materiales y humanos utilizados.-

2.- La observación personal de los hechos me permite asegurar a Ud. que se trataban de efectivos de seguridad, que luego de detener a tres personas que se encontraban en las citadas oficinas, esposarlas, vendarle los ojos y cargarlas en los vehículos, se desplazaron velozmente por la calle Rivadavia hacia el oeste, sin poder seguirlos, por no poder disponer de vehículo propio en ese momento. El desplazamiento se produjo con los acostumbrados toques de sirena de los vehículos policiales.-

3.- El día anterior en un operativo vinculado con el ya descrito fue secuestrado y luego asesinado el joven peronista Máximo Augusto Altieri.-

4.- En las citadas oficinas desarrollo actividades políticas vinculadas al Movimiento Peronista, formando parte de la Corriente Peronista '26 de Julio' cuyo ideario surge de la documentación que adjunto.-

5.- La presente denuncia formal y escrita la presento en esta oportunidad luego de haber agotado todos los medios para averiguar el paradero del joven Altieri, vivo, lo que conseguí, pero muerto el día sábado 20, después de gestiones infructuosas realizadas en ese Comando General; en el Ministerio del Interior y a través de vinculaciones personales con camaradas relacionados con los Servicios de Informaciones.-

6.- La búsqueda personal realizada junto a su padre, fue facilitada por compañeros peronistas de la Municipalidad de Avellaneda y por personal policial de la Comisaría 1ª. de esa ciudad, lo que me permitió hallarlo acribillado a balazos en la morgue del cementerio de Avellaneda, sin identificar, en avanzado estado de descomposición, con el vientre abierto y con las vísceras al aire. El cadáver era un simple N.N., a los cuatro días de haber sido encontrado por la policía de Tristán Suárez, en su jurisdicción, habiendo fallado en él el método eficaz y habitual de identificación sin causa justificada.

7.- Es muy probable que si no hubiera mediado la decisión de encontrarlo y la colaboración del personal descrito hubiera desaparecido toda posibilidad de que sus familiares ejercieran el derecho de darle sepultura cristiana.-

Estos son los hechos que informo al Sr. Comandante General, pero que como información sintética y descripción objetiva, no tiene mucha importancia dentro de todo el contexto de violencia que caracteriza la situación política argentina, si no va acompañada de una apreciación que me siento con el derecho de hacer y con la obligación de señalar, por mi condición de Jefe retirado de las FFAA, cuya trayectoria dentro de la Institución el Sr. Comandante General conoce bien; por mi actuación política dentro del Movimiento Peronista, donde ocupe la mas alta jerarquía dentro del país durante parte del exilio del General Perón y por la militancia política que continuo realizando dentro del movimiento mayoritario, lo que me confiere, por lo menos, la experiencia que muchos necesitan para acceder a una realidad que se les escapa y que los supera, lo que es grave cuando ello le ocurre a quienes tienen la responsabilidad de asumirla, comprenderla y conducirla con acierto.-

En mis apreciaciones el Sr. Comandante encontraría excesos si no aclarara que me siento en condiciones de dirigirme a Ud., no con mis simples atributos de oficial retirado de las FFAA, que me subordinarían y me limitarían, y por consiguiente, harían de mis consideraciones una formal, simple e insuficiente apreciación que carecería de valor.-

Sin dejar de expresarle a Ud. el respeto que me merecen ciertas jerarquías, puedo asegurarle que la vida me ha enseñado a superarlas a todas, cuando de la necesidad de expresar el pensamiento se refiere. Esa fue mi norma, aun desde joven oficial; frente a Generales de la envergadura inigualada del General Juan D. Perón; frente a políticos y militantes; frente a los hechos simples y los más graves.-

Esto me lo enseño la vida que transite como joven y como viejo como pobre y como rico; como obrero y como patrón; como militar y como civil; como jefe y como subordinado; como subversivo y como político; como libre y como preso; como perseguido, como prófugo, como exiliado, como peronista.-

Sin duda avanzamos hacia un enfrentamiento hacia el que se nos quiere llevar gradualmente con falsas opciones y manejando falsos valores y alarma observar la ligereza y hasta la irresponsabilidad con que ciertas personas y ciertos sectores que tienen poder, poder transitorio, alientan el enfrentamiento con hechos o con palabras.-

Y apuntando con este concepto a nuestros camaradas de las FFAA inquieta escucharlos en sus discursos fúnebres, por ejemplo, cuando ante sus muertos pareciera que quieren superar con palabras posturas que deben asumir con hechos silenciosos y positivos. Yo también tengo esa experiencia de discursos fúnebres. Hable en homenajes ante nuestros obreros y militantes muertos y también ante camaradas fusilados por otros camaradas, y comprendo ahora que no alcanzan las palabras, ni los discursos, ni las oraciones fúnebres ni las homilías de nuestros santos pastores de la Iglesia, para ocultar las causas que generan la violencia que esta entre nosotros desde hace mucho tiempo.-

Reconozco que el que utiliza un muerto, su muerto, para desahogar su 'bronca' por la injusticia de esa muerte, tiene derecho a hacerlo. Pero si siguiéramos en esa puja de exaltar a nuestros muertos,

¿Quién tiene más derecho?

- ¿Aquel que tuvo la oportunidad de asistirlo y por lo menos, tocarlo aun caliente y desangrándose, o verlo recién 'acicalado' por la funeraria, preparado para el homenaje y para transitar 'limpio' hacia la gloria?

- ¿O aquel que tiene que recogerlo sucio de un zanjón o de un pastizal, acribillado salvajemente; indefenso y maniatado, torturado y vendado sus ojos, en alto grado de descomposición, como dicen las autopsias, o como decimos nosotros, podrido y en condiciones de ser ya comida de gusanos?

Este es el destino de muchos de nuestros militantes y de nuestros obreros. ¿Puede algún Coronel o algún General, asumir alguna vez, con su discurso, una tragedia como esta?. Le ahorro la respuesta: no lo haga. Yo ya no lo hago más. No bastan ni sirven las palabras para evitarla.-

¿Qué nos pasa a los argentinos? ¿Cuando aceptamos clasificar a los muertos en 'deseables' o ' indeseables'; cuando nos acostumbramos y hasta toleramos y propiciamos los excesos del poder, cuando renunciamos al debate y aceptamos que los detentadores de ese poder puedan considerar que en todo caso sus excesos puedan encuadrarse jurídicamente en figuras como 'excesos de defensa' u otros inventos; cuando negamos por boca de Generales de la Nación la democracia, con el argumento de que se podría propiciar un 'gobierno ateo, materialista y totalitario'?

Con estos conceptos no pretendemos enjuiciar a las FFAA, porque no somos jueces y si lo fuéramos no tendríamos el poder para hacer cumplir la justicia. Solamente, hacer reflexiones que permitan comprender la necesidad de la autocrítica, que no se observa en la severidad de los pronunciamientos militares que ya es costumbre repetida escuchar.-

Nosotros no consideramos a las FFAA como una institución poseedora de valores inmutables, sino como una institución humana que actúa para bien o para mal, de acuerdo a los hombres que circunstancialmente las dirigen. No son mejores ni peores que los hombres que la componen, y por consiguiente, no existe la continuidad histórica que iguala a todos los militares a través del tiempo con un mismo sello de excelencia, desinterés o patriotismo; tampoco el merito de una época alcanza a los protagonistas de otra, salvo que la revaliden con su propia conducta. Y lo mismo en lo que atañe a conductas infamantes. Los meritos de San Martín no apañan a Quaranta, ni Fernández Suárez infama a Belgrano, a Dorrego o a Güemes. Podemos admirar al Alte. Browm y negar al mismo tiempo a Rojas y a Benigno Varela. Podemos sentirnos deudores y herederos de tantos milicos que regaron con su sangre el suelo de América y de la Patria y no por ello atenuar nuestro juicio sobre los oficiales cómplices, ejecutores y consentidores de vejámenes y torturas.-

Sin duda este es un criterio antagónico con el que sustentan muchos militares que tienen un extraño concepto de su parentesco con la historia y con la gloria. Pero es claro, y si se lo recalca así tan crudamente, es para evitar que se sigan cultivando prejuicios indiscriminados de un patriotismo que luego la historia nos revela como falso.

Es que los argentinos tenemos una ingrata experiencia acumulada en este siglo. Cuando con el argumento siempre esgrimido y ahora repetido, de la necesidad de defender 'un estilo de vida', nuestro estilo de vida, el Ejercito protagonizo como represor la historia de la 'Patagonia trágica' y los obreros lo hicieron como mártires; cuando desde aviones navales con tripulación también de políticos se bombardeo al Pueblo en la Plaza de Mayo; cuando se fusilo en la Penitenciaria Nacional; en José León Suárez y en Campo de Mayo; cuando se fusilo en Trelew; cuando militares intervinieron en la profanación del cadáver de Evita, cuando el Ejercito en un gran operativo pretendió impedir el reencuentro del Pueblo con su líder; cuando representantes de las tres armas concurren a convocatorias de lo mas representativo de las empresas 'lideres' y lo mas rancio de los terratenientes y ganaderos, para considerar la situación económica nacional y formular criticas al gobierno, sin asumir las propias, etc., la preocupación se apodera de los sectores populares, especialmente cuando se anuncia que el Ejercito intervendrá en la 'subversión en las fabricas', lugar de trabajo de nuestros obreros y nada se dice de hacerlo en las empresas, lugar de expoliación del país y del patrimonio nacional.-

La situación es seria y también dramática, no solo para los trabajadores, sino también para las propias FFAA, impulsadas a avanzar en un terreno, donde por plano inclinado serán llevadas a sustituir a las policías de los ambientes fabriles, hasta ahora privadas, y a ser custodios de los intereses de una de las partes, precisamente la menos indicada para representar el interés general.-

A todas estas reflexiones dan lugar los 7 puntos primeros de esta nota, que describen una situación concreta.-

Si a ello agregamos que bandas armadas se desplazan por la Capital de la Republica y por los centros poblados, sin respuesta alguna de las fuerzas encargadas del orden y sin que las autoridades responsables (en este caso el Jefe de la Policía Federal) tomen conocimiento, el problema es mas grave, no porque supongamos que el General jefe de esa policía no quisiera impedirlo, sino porque no puede : los hechos y las cosas lo superan.-

Si además, en las averiguaciones del paradero del joven Altieri y en otras realizadas, comprobamos que su caso no es el único, que las morgues renuevan diariamente sus depósitos de cadáveres acribillados y que los órganos de seguridad no se asombran, de ningún modo, sino que lo aceptan como común y normal, comprendemos que el pesimismo sobre la verdadera y grave responsabilidad y misión de las fuerzas del orden se ha apoderado de ellas, en el mejor de los casos, pues hay otros en que se las puede suponer cómplices de esas matanzas.-

Si escuchamos decir a funcionarios policiales que el joven Altieri ha sido 'ajusticiado', comprobamos a que nivel llego el respeto por el concepto de la justicia, a cuyo servicios ellos deber estar.-

Todos estos hechos se han producido en el ámbito con el que ese Comando en Jefe esta relacionado, por la función que ha asumido y es por ello que lo pongo en su conocimiento.-

Solamente y como corolario de todo esto corresponde hacer una ultima reflexión. Frente al concepto ya asentado de la inhabilidad de las FFAA para el ejercicio del poder político, experimentado en tres desgraciadas oportunidades en lo que va de este siglo, comienza ya a extenderse en la opinión publica el mismo concepto, pero en funciones que parecieran mas especificas de esas fuerzas: la del mantenimiento del orden y de la seguridad de las personas, a cuyo servicio han puesto ya oficiales en actividad.-

Por ultimo hago saber al Sr. Comandante General que denuncias similares sobre el hecho a que da lugar esta, han sido formuladas ante instituciones políticas, de la Iglesia, empresarias, obreras y profesionales, donde a cada una se le hace conocer nuestro pensamiento sobre las responsabilidades de cada una.-

Saludo al Sr. Comandante General

Bernardo Alberte
te. Cnl. (RE)

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El Cordobazo como bisagra de la Resistencia Popular

De manera similar, que en los primeros días de Mayo, entre el 25 de mayo, el derrocamiento de Moreno en diciembre y la derrota de Castelli a partir de junio de 1811, encierran de alguna manera todas las claves de los hechos que sucederían a posteriori; incluyendo tendencias, líneas de acción y de defección; prefigurando al mismo tiempo la gran nación americana que pudimos ser, y la pequeñez portuaria-británica que derrotó todos los proyectos nacionales; de una manera similar -decíamos-, el Tercer gobierno Peronista prefigura también, la tragedia por venir.El ciclo abierto por la irrupción de la CGT de los Argentinos, que daba encarnadura real –no ficticia- a los programas obreros de Huerta Grande y La Falda, a través del programa del 1º de Mayo de la CGTA –redactado por Rodolfo Walsh- y el accionar concreto de una nueva conducción sindical Peronista dispuesta ‘a sacar los pies del plato’, marca la aparición de una nueva conducción sindical peronista dispuesta a voltear a la dictadura de Onganía sin más vueltas. Llevando a la práctica, una nueva dimensión del Frente Peronista: la unión de todos los que luchaban por la Liberación Nacional y Social sin exigencia de ortodoxia, ni disolución de identidad. Todo este proceso se hallaba lubricado además, con un fuerte componente de autonomía real de los trabajadores y de su organización. Dicho desarrollo enmarcaba un nuevo Peronismo, resultante del colosal efecto producido por La Revolución Cubana entre sus filas; especialmente por la decisión de Fidel y el Che, de liquidar la invasión norteamericana de Bahía de los Cochinos y por la propia dinámica de confrontación con el poder oligárquico de la Resistencia Peronista; hechos que actuaron como una bomba de profundidad sobre el Peronismo ortodoxo y cuestionaban la decisión de Perón de abandonar el poder sin combatir en 1955.Ese nuevo Peronismo Resistente, sería el encarnado en las figuras de John William Cooke, del Mayor Alberte, de Gustavo Rearte, de Raymundo Ongaro, de Rodolfo Puiggrós, de Alicia Eguren, de Juan José Hernández Arregui, de Raymundo el Negro Villaflor, de las FAP, las FAR y finalmente los Montoneros. Destacamos la figura de un Mayor Alberte, que no sólo desobedece a Perón –negándole el acceso a Vandor a la dirección de la CGT, cuando la muerte de Amado Olmos-, sino –y ese será su aporte histórico, el que lo ubica en la historia grande de los argentinos- que se pone a organizar el Peronismo Revolucionario juntando y uniendo todas las líneas y tendencias que lo componían.Ello incluía, desde nacionalistas provenientes de la derecha, nacionalistas de izquierda o castristas; marxistas leninistas, estalinistas, trotzquistras-insurreccionales, insurreccionales-guevaristas, guevaristas de todo pelaje, Peronistas Revolucionarios de todo matiz; cristianos de base o simplemente pastorales, seglares, partidarios de las nuevas ideas de Juan XXIII –en contra de las propias posiciones de Perón que las cuestionaba-, militares nacionalistas de todo calibre, militantes sindicales antiburocráticos, clasistas o socialistas, peronistas evitistas, intelectuales revolucionarios, jóvenes de todas las líneas revolucionarias e insurrecciónales existentes, y así de seguido. Alberte –junto a Rearte, Puiggróss y Cooke (a través de Alicia Eguren luego de su muerte)- daban así origen a uno de los procesos más ricos y valiosos de la historia argentina, al dar vida a la Tendencia Revolucionaria Peronista. Valiosa por su diversidad, combatividad y tolerancia de matices, hasta la llegada de la hegemonización montonera. Esta irrupción, marcará un antes y un después en los hechos de la década, y dará por resultado la gran bisagra del período 1955-1973: el Cordobazo.Del Cordobazo al Gran Acuerdo NacionalNo cabe duda, que la frase pronunciada por el general Pedro E. Aramburu, cuando la sublevación obrera y popular de Córdoba: ‘hay que pactar con Perón antes que esto salte por los aires,’(Jun-1969) sellaba el fin de la Libertadora, como proceso de capitalismo posible para la Argentina. No se podía gobernar sin el Peronismo, a menos que se quisiera que la Argentina marchara a una Revolución al estilo cubano. Los pasos de Perón, producido el Cordobazo, van en el mismo sentido: ordena desarmar la CGT de los Argentinos ‘que es un tablao’(Jun-1969) y no ‘sacar los pies del plato’(Jun-1969). La inmediata muerte de Vandor, un mes después del Cordobazo –y luego de entrevistarse con Perón en Irún-, parecería señalar el costo que alguien cobró, por permitir que su gente –Elpidio Torres- estuviera a la cabeza de la rebelión cordobesa. El resultado de esta convergencia estructural, respecto de la marcha del capitalismo, sería el Gran Acuerdo Nacional –previo asesinato de Aramburu, luego de una posible entrevista secreta con Perón en Francia- y el retorno de Juan Perón al gobierno.El Cordobazo había dejado claro que, la convergencia combativa, orgánica y estructural del Peronismo Combativo -encarnado en la CGTA de Raymundo Ongaro- y el sindicalismo de izquierda representado en la figura del Gringo Agustín Tosco, era mortal para el esquema de capitalismo asociado a las multinacionales pergeñado por el Desarrollismo, para preservar ‘las chimeneas’ que el almirante Rojas quería erradicar. También era mortal para la estructura sindical burocrática asociada a la patronal, como esencia del gremialismo ortodoxo Peronista.Casualmente, ésa sería a nuestro entender, la lucha central del período que se cerrará con la irrupción de la dictadura genocida: la posibilidad, o no, de generar una nueva conducción sindical combativa, autónoma y revolucionaria de los trabajadores. Línea que se expresaría en las corrientes combativas y antiburocráticas de la Resistencia ejemplificadas en los programas de Huerta Grande y la Falda, en la CGTA luego, en el Clasismo más tarde, en Tosco en todo el ciclo hasta su muerte, en los movimientos como el SMATA cordobés, la UOM de Villa Constitución, la lista Marrón de FOETRA, en los trabajadores del Chocón, en las luchas de la FOTIA, en la CGT de Salta con Armando Jaime, en las luchas de Astilleros, en fin, en un reguero múltiple de luchas obreras que plantearon como reivindicación central el cambio de conducción sindical, hasta su máxima expresión: las luchas de junio y julio de1975, que liquidaron a López Rega y que convencieron al mando burgués de la necesidad del golpe genocida ya no sólo contra el movimiento obrero, sino contra la clase obrera misma.El primer ‘plan de ajuste’ neoliberal, hecho dentro de un gobierno Peronista (el Rodrigazo de junio 1975), fue aplastado por gigantescas movilizaciones estructurales, de la clase trabajadora encabezadas por las Coordinadoras Sindicales de Base, última emergencia del poderoso movimiento obrero argentino. Ése, que desde el 17 de octubre de 1945, había logrado inclinar la balanza de la historia para su lado. Sería, no casualmente, a partir de las luchas obreras de junio de 1975 –conocidas como el Rodrigazo- que una infame frase comenzaría a salir de los labios de políticos, militares y empresarios, tan diferentes como Ricardo Balbín, Mariano Grondona, Jorge R. Videla, Rogelio Frigerio, Emilio Massera o Juan Alemann: ‘hay que acabar con la guerrilla fabril’, dirían, legitimando la matanza por producirse. De tal forma, entre el 55 y el 58% de los desaparecidos serían dirigentes sindicales de base. Al final del proceso la clase obrera industrial –o quasi-industrial- se reduciría de seis millones de trabajadores en 1976, a menos de un millón en diciembre de 2001La responsabilidad del GeneralEl Tercer gobierno del General Perón, es uno de los tabúes sobre los que la política argentina actual –el Peronismo es gobierno desde 1989 casi sin interrupción, hasta hoy, a excepción de los dos años de De La Rúa- prefiere mirar para otro lado. Es soslayado en sus errores, pero también en sus aciertos. Como que se oculta, que aplicó la última política económica de Liberación Nacional que conocemos los argentinos. Claro, hablar de la política económica aplicada entre 1973-1974, por la dupla Perón-Gelbard llevaría a la inevitable pregunta, de, ¿por qué dicha política no puede ser aplicada en la actualidad? La respuesta no está al alcance de los políticos que gobiernan la Argentina post dictadura. Hemos analizado en detalle el gobierno Peronista en nuestro trabajo ‘La Esperanza Rota’(De la Campana, 2005), al cual remitimos al lector, pero creemos necesario precisar algunas cuestiones para comprender el marco de acceso de la sociedad argentina a la dictadura genocida, y al final de nuestro estadio de nación independiente, justa, libre y soberana.Perón a nuestro entender, cometió en su Tercer gobierno una serie de errores, o de defecciones, que resultaron nefastos para el futuro de la nación y de su propio Movimiento. Destrozó innecesariamente al Presidente Cámpora, para ocupar su lugar, a sabiendas que poseía ya 79 años (todo indica que habría nacido en 1894, en Roque Pérez), y que la duración de su vida, según le habían anticipado sus médicos, no soportaría el ajetreo del gobierno. No sólo eliminó a Cámpora, y cualquier atisbo de la Juventud Peronista de su Tercer gobierno, incluyendo cuadros esenciales de ese momento como Juan Manuel Abal Medina, Esteban Righi, Jorge Vázquez y Julio Troxler, entre muchos otros. También volteó uno a uno, a los gobernadores vinculados a la Tendencia Revolucionaria Peronista. Algunos como el de Córdoba, representativos de todo el movimiento popular provincial en la lucha contra la dictadura. Otros como Bidegain, cuadros históricos de la Resistencia y de sólida formación política e intelectual.El derrocamiento de Obregón Cano y Atilio López –de la manera más infame-, puede ser interpretado casi como un castigo a la rebelde Córdoba y al inicio de la insurrección que lo había devuelto al poder. Dejó sin lugar alguno en el Movimiento o en el gobierno, a cuadros centrales de la Resistencia como Andrés Framini, Sebastián Borro, Avelino Fernández, el Viejo Ireneo Chávez, Gustavo Rearte, Arturo Jauretche y al propio Mayor Alberte. Quebró así, la continuidad de la lucha de la Resistencia con el nuevo gobierno Peronista. Ubicó de vicepresidenta a su mujer Isabel Martínez, de quien muchas veces había señalado a sus colaboradores -en los primeros años de su exilio-, que dudaba de que fuera ‘de los servicios’. A su muerte, la presidencia de Isabel Perón sería una de las mayores tragedias de la historia nacional. El General, conocía perfectamente las ambiciones desmedidas –unido a la aguda inteligencia preverbal- de su esposa, así como la estrecha relación de dominio que sobre ella ejecutaba su mucamo, José López Rega.Conocía también de sobra la pertenencia de su mucamo a la logia fascista P2, con la cual él mismo, había establecido espúreas relaciones, en la parte más oscura de su gobierno. La condecoración a Licio Gelli -incluyendo el beso aplicado de rodillas sobre su anillo-, en agradecimiento ante el Burattinaio; así como su entrevista con Pinochet en el Aeropuerto de Morón, deben ser de los peores momentos en su larga trayectoria política. Esa actitud de favoritismo hacia su esposa y su mucamo, sería tan condenable, que Don Arturo Jauretche, peleado con Perón desde 1948 y que moriría pocos días antes del General, el 25 de mayo de 1974, lo haría maldiciendo a su antiguo amigo: ‘que se puede esperar de quien pone de ministro a su lacayo’, expresó indignado, luego de los hechos del 1º de Mayo de 1974.Peor aun, en el que consistió, tal vez, su mayor error estratégico, Perón destruyó la corriente nacionalista y democrática del Ejército argentino, encabezada por el general Carcagno y los coroneles Cesio, Perlingher y Ballester, destruyendo así la única corriente aliada que era fiel al proyecto Peronista. Descabezada esta línea, en el ejército sólo restarían los fascistas llamados nacionalistas, y los fascistas llamados liberales. Los dos grupos ferozmente antipopulares, anticomunistas, antiperonistas, y aliados hasta los tuétanos de los Estados Unidos en la ‘tercera guerra mundial contra el comunismo’. El Perón que había vuelto en 1972 había percibido un país sublevado y fuertemente radicalizado. Ese país, no coincidía en absoluto con su concepción política compendiada en su libro ‘La Comunidad Organizada’. De tal forma, es probable que el General haya obrado en consecuencia. Su ex ministro, médico y amigo, el Doctor Jorge Taiana, relató, que luego de su primer retorno en noviembre de 1972, el General, estaba casi alucinado, con lo que consideraba un ‘avance descomunal del comunismo en la Argentina’.Está claro que en dicho ‘comunismo’ el General no incluía al lánguido y reformista PC, sino a toda la Nueva Izquierda surgida entre los sesenta y los setenta. Tampoco se refería claro está, sólo al PRT-ERP, al PCR, a VC o al Clasismo; sino especialmente a ‘sus muchachos’ de las FAR, las FAP, el PB, los Montoneros, la CGTA, los Sindicalistas Combativos y al enorme crecimiento de la figura de Agustín Tosco, como referente de los trabajadores. No trepidó en llamar al Gringo, ‘el dirigente de la triste figura’, cuando éste apenas había salido de su larga prisión, durante la dictadura. De allí que su accionar aparezca por momentos, esencialmente contradictorio entre su línea económica e internacional, y su política interna de castigó sin piedad a ‘sus muchachos.’En esta línea, su decisión de eliminar a Carcagno y Cesio, resultó tal vez, su jugada, más suicida, a sabiendas que el Ejército gorila había sido su principal enemigo por dieciocho años. Él, había prometido a los coroneles Peronistas el mando de las fuerzas armadas durante su exilio. Luego al volver al poder les expresó: ‘prefiero un Ejército de generales derrotados y no uno de coroneles victoriosos’, mostrando una vez más las terribles limitaciones de su ‘maquiavelismo sin destino’, como alguna vez calificara el Padre Hernán Benítez, a su accionar. Sin embargo, nos parece que la peor de sus acciones, fue su guerra a muerte contra la Juventud Peronista, el Movimiento Montonero y la Izquierda Revolucionaria Peronista en su conjunto, más allá de los graves errores y provocaciones de los ‘muchachos’. Ése era el Peronismo que había crecido y madurado en dieciocho años de Resistencia. Era -junto a la Izquierda Revolucionaria- la mayor creación del pueblo argentino en su lucha contra la oligarquía. Sin ellos Perón no se habría movido de Madrid, aun contando con la ayuda de Licio Gelli. Jamás el vandorismo, ni el sindicalismo ortodoxo habrían logrado que Perón volviera al país. Si él había vuelto, lo era debido al accionar de una, o dos generaciones, de trabajadores, militantes y jóvenes heroicos, que decididos a luchar por la dignidad, la libertad, la justicia y la soberanía popular, enarbolaron su nombre como bandera de lucha saliendo a tomar el cielo por asalto.El pago de Perón a sus jóvenes revolucionarios, a los que debía su presencia en la nación, fue repugnante, y, es tal vez el elemento más deleznable de su larga y fundamental carrera política. El Tercer Perón no estuvo a la altura de lo que el pueblo había hecho por traerlo de vuelta. Por ora parte, su guerra al marxismo y al pensamiento revolucionario dentro del movimiento –que llevó a la renuncia inmediata de Rodolfo Puiggróss a la jefatura de la UBA al conocerse el comunicado del Concejo Superior en ese sentido, hecho también ocultado cuando se habla de Puiggróss- fue nefasto para el devenir del Peronismo.La castración teórica, que aun hoy, exhibe ese inmenso ‘gigante invertebrado’ que parece poder ir en cualquier dirección, parece tener su explicación en la guerra a muerte que Perón librara contra la izquierda de su movimiento entre 1973 y 1974, cercenando al Peronismo de todo pensamiento revolucionario. Meter al gigantesco movimiento revolucionario popular que se produjo en la Argentina entre 1968 a 1973, en los restringidos, apáticos y limitados márgenes del Pacto Social y la Paz Social, sólo podía terminar en el increíble gobierno peronista de 1989 a 1999, con Cavallo continuando la obra iniciada por Celestino Rodrigo y Ricardo Zinn, anticipando el plan de Martínez de Hoz. Sólo así, se puede entender que el Peronismo en su conjunto –después de haber nacido un 17 de octubre y haber producido un Movimiento de la magnitud de la Resistencia y del Peronismo Revolucionario- haya sido cómplice de la más infame traición a la Patria cometida por el menemismo. Sólo el brutal vaciamiento de contenido, mediante la prohibición del pensamiento que exigió Perón en su Tercer gobierno, puede explicar el Peronismo posterior a la dictadura. Sin la guerra al pensamiento revolucionario que propugnara Perón, no se puede explicar la complicidad descarda, como veremos en estas páginas, de muchos sobrevivientes del genocidio con la entrega de la nación. Pero su más lamentable culpa, carga con el hecho de haber exigido ‘el escarmiento’ sobre la Juventud Maravillosa, entregando a la muerte más atroz a los mejores hijos de la Patria. A la gente que expresaba la maduración de un pensamiento revolucionario que nos hubiera dado otro país.Esa generación, entregada al suplicio mas atroz por la oligarquía, educada en el terror inquisitorial español y en el disciplinamiento ‘progresista’ británico; ambos reciclados en la Doctrina de la Seguridad Nacional yanqui. Abandonada y entregada por una conducción infiltrada hasta los tuétanos por los servicios de inteligencia del enemigo, fue también llevada al holocausto por el propio Perón, que volvió al país con una idea de juventud a corregir, tal cual expresara el propio 21 de junio de 1973, luego de Ezeiza: ‘Tenemos una juventud que está mal encaminada...’ O como diría sin ambages, en la reunión con el gabinete del 21 de junio de 1973 en Gaspar Campos, según recordara el ex ministro Jorge Taiana: ‘para salvar a la Nación hay que estar dispuesto a sacrificar y quemar a sus propios hijos’(248)(pag103) (Taiana J.op.cit.2000). Palabras del General, que hasta donde sabemos no poseía hijos.La responsabilidad guerrilleraIniciamos este balance por el accionar de Perón, pues pese a que ya nos hemos referido a la irresponsable visita que Quieto y Firmenich realizaran a Madrid antes del segundo regreso de Perón (La Esperanza Rota, De la Campana,2005), no hemos contabilizado accionar grave alguno de ninguno de los grupos guerrilleros entre el 25 de mayo de 1973 y los hechos de Ezeiza, más allá de algunos secuestros y el Devotazo. Hecho éste último que de ninguna manera puede interpretarse –pese a lo que aun hoy señala la derecha peronista- como ‘accionar subversivo’ y sí, como justicia del pueblo por liberar a sus presos. De cualquier manera, estos hechos no pueden justificar Ezeiza.En la obra antedicha, hemos desarrollado en extenso nuestra tesis –que no es sólo nuestra- que carga en Perón la responsabilidad clara por los hechos del 20 de junio de 1973. Si bien no creemos que dichos hechos, justifiquen las terribles provocaciones que la izquierda armada –peronista y perretista- realizaría luego de los mismos; corresponde cronológicamente ubicar que el primero que pegó fue el anciano General. A sabiendas seguramente, de que ‘sus muchachos’ caerían en la trampa como lo hicieron, y podría liquidarlos –y junto con ellos a Cámpora y su gobierno- de un solo golpe. Perón sabía además, que Cámpora no haría nada para evitar su accionar, aun en conocimiento de que Perón se moriría en poco tiempo. El Tío jamás enfrentaría al General. De la misma manera cabe preguntarse ¿qué habría ocurrido, si cómo proponían algunos sectores de la Tendencia, no se debía concurrir a Ezeiza, o al menos no disputar en absoluto ningún lugar en la marcha, dejando que el golpe de la derecha peronista cayera en el vacío? Sin embargo –y Perón lo sabía-, estaba en la dinámica de los hechos que ello no ocurriera.De cualquier manera, hubo quienes –Envar El Kadri, Gustavo Rearte, Bernardo Alberte, Juan Manuel Abal Medina, Agustín Tosco, el general Carcagno y muchos más- aún descontentos con la forma en que Perón se hacía del gobierno, entendían que no había que enfrentarlo y que por el contrario había que buscar la forma de transformar en organización, el enorme poder del campo popular, que debía prepararse para enfrentar el inmenso agujero negro que se produciría -a no dudarlo- a la muerte del Viejo. Sin embargo la irracionalidad –y el accionar hábil de la inteligencia militar, manejada por la CIA y el MI5- llevó a las dos organizaciones político-militares a atacar con acciones armadas descabelladas e injustificadas, al gobierno Peronista, elegido dos veces en seis meses, con el mayor consenso obtenido por partido alguno desde 1955.
Perón fue elegido Presidente en elecciones libres, limpias y puras con el 62% de los votos en primera vuelta, cifra no alcanzada aun por ningún dirigente político argentino. Si bien sus métodos, y el cambio en 180 grados de su discurso del 21 de junio de 1973, no eran gustosos ni agradables, su política económica, su ubicación internacional y estratégica, no dejaban dudas que su gobierno era un golpe de timón a las políticas de la dependencia y del control oligárquico, llevadas adelante desde 1955. Hoy resulta claro que conducciones más maduras –y más enraizadas en el pueblo- habrían comprendido la necesidad de buscar una tregua y un acuerdo con el anciano General, que seguramente, éste gustoso habría acordado, pues era el papel que deseaba en su último tramo de vida. Sin embargo, ni Santucho –ni el resto de sus compañeros de la conducción restringida del PRT-ERP- ni Quieto ni Firmenich –ni otros en la conducción Montonera- pudieron o quisieron pensarlo así. De tal forma, el último intento de gobierno de Liberación Nacional, del siglo XX y lo que va del XXI, se desarrollaría no en los marcos de un Frente de Liberación nacional ampliado como proponía –no con los mejores modales, es cierto- Perón, sino en los marcos fraticidas de una guerra civil entre sectores populares que debían estar unidos frente a un enemigo poderoso, agresivo y acorralado en el resto del mundo.Como gran mérito del General debe ubicarse, que a diferencia de su Primer gobierno, esta vez Perón pasó por arriba de la ahistórica conducción del PCA, y buscó el acuerdo con los soviéticos directamente con ellos –a través de Gelbard- para completar la industrialización y la infraestructura estratégica y energética de la nación. No de otra cosa se trataba el plan Perón-Gelbard, llamado Plan Trienal, y que nos hubiera puesto a la cabeza del desarrollo industrial independiente de América Latina; con el campo Socialista europeo –en 1973, dieciséis años antes de su colapso-, como compradores privilegiados de nuestra industria liviana a cambio de alta tecnología, industria pesada, infraestructura y desarrollo energético para completar nuestro desarrollo, por lo que restaba del siglo XX. Así, la Argentina ocuparía hoy con creces, el lugar de Brasil. Nuestra población sería de no menos de 45 a 50 millones de habitantes, y seguramente tendríamos un pueblo próspero, alimentado, saludable, educado feliz. Cuando Leonid Brezhnev expresó en Moscú a Gelbard, en 1974: ‘allí donde vaya la Argentina irá América Latina’, sabía de que hablaba.También lo sabían los Estados Unidos, que al mismo tiempo, apoyaba incondicionalmente a la dictadura brasileña, pactando con sus ‘gorilas’ militares y empresarios el desarrollo de un Brasil industrial, bajo control de las multinacionales, y, sin poder sindical, ni beneficios sindicales ni sociales por un largo tiempo. Un Brasil de las multinacionales que contrapesara la Argentina Estatal Peronista. Kissinger respondió a Brezhnev, casi en los mismos días: ‘allí donde vaya Brasil, irá América latina.’ Esta vez para desgracia nuestra y de muchos pueblos, Kissinger ganó la pulseada, no sin una clara intromisión imperialista en nuestro suelo, tal cual lo preanunciara el académico británico-canadiense H. Ferns, con cuya expresión terrible comenzamos este libro y con una matanza de varios cientos de miles de latinoamericanos.El tiempo de los Setenta terminó. Se llevó a Perón, a la generación revolucionaria y produjo la mayor derrota del pueblo argentino después de Pavón, devolviéndonos al estado colonial. La inmolación de la juventud revolucionaria, a través de su autodestrucción y del accionar genocida y terrorista de unas fuerzas armadas -que también decidieron autodestruirse, asumiendo su parte del deseo de Ferns, transformándose abiertamente en fuerzas de ocupación de su Patria, con su pueblo como enemigo-, nos han retrotraído a situaciones que habían sido superadas durante el período 1945-1975. En el exterminio de la generación revolucionaria, en la destrucción del movimiento obrero como corazón y médula de la organización del pueblo argentino, se puede entender que la nueva rebelión del pueblo argentino, que pusiera fin a esta etapa de derrota, la de diciembre de 2001, no encontrara un sostén político en que apoyarse y finalmente fuera heredada por una nueva reformulación liberal-keynessiana del Peronismo.Al ser exterminadas las dos principales expresiones construidas por el pueblo en el largo ciclo 1955-1975; es decir, el Peronismo Revolucionario y la Izquierda Revolucionaria, lo único que estaba en condiciones de salir al encuentro de ese potente y magnífico –como lo han sido siempre las rebeliones de nuestro pueblo, desde 1780 a la fecha- movimiento popular expresado en ‘piquetes y cacerolas’, era la vieja izquierda sobreviviente de la derrota de los Setenta. La vieja izquierda en sus distintas vertientes –comunistas, estalinistas, trotsquistas, maoístas y todas las combinaciones posibles- ya estaba incapacitada de generar nada nuevo, en 1973. Por eso fue superada por la llamada Nueva Izquierda que originara las dos formas revolucionarias a que hacíamos referencia. Producido el estallido, ni el PC, ni el PO, ni el MST, ni el PTS, ni el PCR, ni las miles de siglas más que podemos seguir invocando, estaban en condiciones de entender de qué se trataba. No se trataba de discutir como pasar de ‘1905 a 1917’, o de ‘Febrero a Octubre’ en Rusia, como proponían exaltados jóvenes militantes del PO, del MST, del PTS, del MAS ante multitudes de vecinos, que los contemplaban azorados, sin saber a qué se referían.Vecinos que se retiraban de las Asambleas Populares espantados por las discusiones sobre Trotzky, Lenin o Lunacharsky. Asambleas populares y piquetes, que habían logrado juntar más de cuatro millones de personas en las calles de Buenos Aires y el conurbano, espantando a Donald Rumsfeld -por entonces ministro de defensa de George W. Bush- quien proclamaba horrorizado: ‘El problema de la Argentina, no es la crisis financiera. El problema de la Argentina es toda esa gente en la calle’. No se trataba de Lenin o Trotzky, sino sólo de pensar en Castelli, en Artigas, en Moreno, en Yrigoyen , en Alem, en Perón, en Evita, en Ongaro, en Tosco, que habían ocupado esas mismas plazas en otros momentos de lucha del pueblo, en reclamo de su libertad. Se trataba de recordar aquello que había expresado alguna vez, Antonio Gramsci: ‘los pueblos marchan con toda su historia encima y suelen retomarla allí donde la dejaron...’ Ello era tan evidente en las marchas y barricadas porteñas del 19 y 20 de diciembre, que las mismas se realizaban en los mismos sitios que en 1945 o en 1970, que casi causa vergüenza recordarlo. Se trataba simplemente de eso pero... como expresara Rodolfo Walsh, en un documento citado al final de estas páginas, la izquierda argentina, en todas sus variantes, no podía siquiera pensarlo...
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viernes, 30 de noviembre de 2012

¡Framini-Anglada, Perón en la Rosada!

               

¡Framini-Anglada, Perón en la Rosada!
 
El 18 de marzo de 1962 la fórmula peronista Framini-Anglada resultó elegida con más de 1.170.000 votos para la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Otro tanto ocurrió en otros diez del total de dieciocho distritos en que se sufragaba.

Luego se supo que el ministro del Interior del presidente Frondizi, Alfredo Vítolo, había firmado un documento con los jefes militares, garantizando que no se permitiría a Perón volver al país. Es que se había anunciado –con gran sorpresa y escándalo gorila- que la fórmula que el peronismo presentaría en la provincia iba a estar integrada por Andrés Framini como gobernador y ¡Juan Perón como vicegobernador! Pero a fines de enero de aquel año, Vítolo anunciaba que el gobierno rechazaría la candidatura del ex-presidente exiliado. Paralelamente, el juez electoral Leopoldo Isaurralde –de abierta filiación oficialista- declaraba que Juan Perón no podía ser candidato por no tener residencia en el país, no estar en el padrón y ser un fugitivo de la justicia. Para que nada quedara librado al azar, al mismo tiempo el cardenal Antonio Caggiano recordaba que la excomunión del "tirano prófugo" estaba en vigencia.

Proscritos Perón y el peronismo, finalmente se oficializó la fórmula bonaerense con Andrés Framini y Marcos Anglada, que concurrieron bajo las siglas de la Unión Popular, al igual que en la Capital Federal. En Córdoba, La Pampa, Chaco, Jujuy y Tucumán el movimiento prohibido lo hizo bajo la sigla del Partido Laborista; en Mendoza, Santiago del Estero y Entre Ríos, con el nombre Tres Banderas; en Neuquén como Movimiento Popular Neuquino; en Río Negro como Partido Blanco; en Misiones como Partido Justicialista y en Chubut y Santa Cruz como Partido Populista.

En febrero el presidente Arturo Frondizi ya había sido sometido a una intensa presión militar para el rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba –que el gobierno argentino efectivizó-, en el marco del bloqueo que entonces se había declarado por los yanquis. Pero las Fuerzas Armadas no tolerarían ahora un gobernador peronista: Frondizi (que había confiado en una derrota peronista), al día siguiente de las elecciones, decretó la intervención de Buenos Aires y las provincias ganadas por el justicialismo, y anuló los comicios. El día 21 las 62 Organizaciones gremiales anuncian una huelga general en repudio de las intervenciones. El día 27 el presidente declara "no me suicidaré, no renunciaré y no me iré del país". Pero el 29, frente al primer movimiento de tropas, renuncia, es arrestado en Olivos y trasladado a Martín García. El día 30 asume la presidencia José María Guido, hasta entonces el presidente del Senado. Será un gobierno títere, una fachada tras la cual gobernarán efectivamente los militares.

El 24 de abril el nuevo presidente anula definitivamente las elecciones ganadas por el peronismo. A pesar de la anulación, el 1º de mayo Framini concurre acompañado por varios dirigentes a la casa de gobierno platense, labrando un acta.

El 24 de julio un decreto del Poder Ejecutivo prohibe el proselitismo peronista, la exhibición publicitaria de fotografías y marchas. Nuevamente, bajo otro rótulo, reaparece el decreto 4161. Agosto se inicia con una huelga general de 48 horas decretada por la CGT. Ese mes, el día 23, se iba a producir el secuestro, tortura y desaparición del obrero metalúrgico y dirigente de la juventud peronista, de 22 años y delegado gremial de la fábrica TEA SRL desde 1958, Felipe Vallese, en la calle Canalejas 1776 (calle que hoy lleva su nombre, igual que el salón de actos de la CGT). El reclamo por su vida se convertirá en bandera de lucha: "¡Un grito que estremece, Vallese no aparece!".
Los militares terminan por enfrentarse violentamente entre sí en septiembre de 1962 (y también al año siguiente), cuando chocan "azules" y "colorados". Es que Perón seguía siendo "el hecho maldito" de la política argentina. En noviembre de 1962 se dicta el Estatuto de los Partidos Políticos, que excluye al peronismo para las elecciones presidenciales de febrero de 1963, con las que el Colegio Electoral designa presidente (con un bajísimo caudal de votos), al candidato de la UCR del Pueblo, Arturo Humberto Illia. Pero el odio gorila no cesaba: la comisión liquidadora de los bienes de Juan Domingo Perón (decreto 8124/57) distribuye lo recaudado entre varias entidades. Y el 10 de abril del ’63 se dicta una nueva reglamentación del decreto ley 7165 que prohibía la exaltación del peronismo.

El 17 de octubre de 1964, en un masivo acto en Plaza Once, el Cuadrunvirato del Comando Táctico peronista da a conocer por boca de Andrés Framini el anuncio del retorno del general Perón a la Argentina antes del fin de ese año. Sin embargo, en diciembre de 1964 ese intento de regreso de Perón es frustrado por el pedido del canciller de Illia, Angel Zabala Ortiz, al gobierno brasileño, que impide la partida del avión desde el aeropuerto de Río de Janeiro, después de una escala de rigor.

Una manera de concebir el retorno del líder –el "avión negro", el protagonismo casi excluyente de las organizaciones gremiales, la complicidad secreta de algunos militares conspirativos, la masa peronista movilizada aunque sin mayor organización- había fracasado. En los años inmediatos siguientes el peronismo se replegará ("desensillar hasta que aclare" ordenará una directiva del Jefe después del golpe de Juan Carlos Onganía). Y luego comenzará una nueva y larga etapa de la resistencia popular ("siguiendo la táctica del agua, que siempre pasa"), con otra metodología y otra concepción militante –en parte aportada por las organizaciones de cuadros- que desembocará por fin el 17 de noviembre de 1972 en el milagro del retorno del viejo general a la patria –y más tarde al poder- con toda la gloria.

Por su parte, Andrés Framini se enorgullecía de haber estado en la plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945, y también el día del bombardeo del 16 de junio de 1955. Fue un peronista que estuvo en todas, en las buenas y en las malas. Nacido en Berisso, fue el conductor gremial histórico de la Asociación Obrera Textil. Se hizo cargo también de la secretaría adjunta de la CGT en 1955, cuando el gobierno de Lonardi pareció contemporizar con el movimiento obrero. Pero apenas asumió Aramburu lo metió preso, y así anduvo, entre la cárcel y la clandestinidad, durante mucho tiempo.

En sus últimos años confió en Montoneros y el Partido Auténtico y más tarde en el padre Luis Farinello. Framini falleció el 9 de mayo de 2001, a los 87 años, después de terminar un apasionado discurso sobre la obra del general Perón

Fuente: www.agendadereflexion.com.ar
12 de mayo del 2001 - Muere un luchador popular

Al Negro Framini, por Miguel Bonasso

Hace apenas cuatro días me llamó por teléfono y se lo sentía lúcido y vital cuando dijo, desde sus 87 años:
–Aunque suene antiguo, hay que rescatar el viejo concepto de lo nacional y popular. Porque la Nación está al borde de la extinción y el pueblo está excluido. Hay que trabajar por un verdadero frente.

Quería verse con viejos y nuevos compañeros, hacer política, seguir en la brecha.

La generación de la dictadura no sabe quién es, pero el currículum de Andrés Framini debe ser uno de los más nutridos y honrosos del Movimiento Peronista y del movimiento obrero.

En 1955, cuando el golpe militar derrocó a Juan Perón, Andrés Framini y Oscar Natalini fueron los dirigentes que se hicieron cargo de la CGT. Pero al triunfar la línea más antiperonista de los militares, que encarnaban el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas, lo mejor de la dirigencia sindical peronista tuvo que clandestinizarse y resistir el terror castrense desde la CGT Auténtica. Allí descolló Framini junto con Armando Cabo, el dirigente metalúrgico que Evita había elegido para armar las milicias populares.

A partir de ese momento el Negro Framini, secretario general de la Asociación Obrera Textil, pasó a convertirse en uno de los referentes de la Resistencia Peronista.

En marzo de 1962 se presentó como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por la Unión Popular, uno de los tantos sellos legales a los que recurría el peronismo para eludir la proscripción del régimen. Pero arrasó en la votación, los militares no lo toleraron y derrocaron al presidente civil, el desarrollista Arturo Frondizi.

En esa época, Framini anunció el célebre "giro a la izquierda" que pretendía dotar de un andamiaje ideológico más sólido al gran movimiento de masas que John William Cooke definía con acierto como "el gigante ciego e invertebrado".

En el ínterin, el "integracionismo" frondicista le había dado aire a ciertos dirigentes sindicales que aparentaban ser muy duros pero acabaron siendo baluartes del sistema como el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor. Y fue bajo la conducción del Lobo Vandor que Framini se vio arrastrado a la frustrada Operación Retorno de Perón en 1964.

En los setenta, el Negro Framini se acercó a la Juventud Peronista y los Montoneros y con otros dirigentes de la vieja guardia como Armando Cabo, Oscar Bidegain, Alberto Martínez Baca y Dante Viel, fue uno de los fundadores del Partido Peronista Auténtico (PPA), que Isabel Perón ilegalizó a fines de 1975.

En esa época nos veíamos todos los días, en la incómoda clandestinidad de una pequeña oficina que había alquilado con encomiable tacañería Gregorio Levenson. Y a pesar de las amenazas de la Triple A y del Comando Libertadores de América; a pesar de la inminencia de ese golpe que se anunciaba en las palabras de Jorge Rafael Videla ("morirán todos los que tengan que morir") el Negro Framini fue en esos días para mí un maestro de la historia viva y un personaje muy divertido, con un extraordinario sentido del humor. A veces alguien comentaba, por ejemplo: "Fulano es un pelotudo" y el Negro exclamaba: "¡Ah, entonces es peronista!". Agregando de inmediato con su voz pastosa: "porque para ser peronista hay que ser loco o pelotudo". Otras, alguien dejaba sentir su desazón, su angustia y el Negro le recetaba filosóficamente: "Hacete un fomento de nalga y se te pasa enseguida".

Atravesó la clandestinidad y el terror con su misma cara de siempre, sacándose como única precaución sus famosos anteojos negros. En una ocasión tenía que hablar en Berisso y nos paró la policía al entrar en auto a la ciudad-símbolo del viejo peronismo. Nos salvamos de milagro, porque los milicos eran brutos y se amilanaron ante una credencial del ex diputado demócrata cristiano Raúl Torreiro y otra del propio Framini con el cargo insólito que le había dado años atrás el gobernador bonaerense Oscar Bidegain: gobernador de la isla Martín García.

No se dieron cuenta de que el "señor gobernador de Martín García" era el orador de fondo del acto que debían impedir a toda costa.

Anteanoche, me cuentan, murió con las botas puestas, en un encuentro de la CTA, donde pasaron la película de Leonardo Favio sobre la historia peronista. Andrés le confesó a la concurrencia que solía soñar con Evita, que hablaba con ella y en ese momento se desplomó. Por suerte no sufrió, no padeció rigores hospitalarios. Cayó de cara a los compañeros, evocando una gesta malversada por los vaciadores de ideologías. La epopeya popular que lo tuvo entre sus mejores protagonistas.

Fuente: Página/12

sábado, 17 de noviembre de 2012

EL ULTIMO SOBREVIVIENTE DE LA OPERACION MASACRE

JUAN CARLOS LIVRAGA, EL ULTIMO SOBREVIVIENTE DE LA OPERACION MASACRE
Relato de un fusilado
Fue acusado sin prueba ni juicio de conspirar contra la dictadura de Aramburu en 1956. Fue fusilado en un basural de José León Suárez. Sobrevivió y su testimonio disparó la investigación de Rodolfo Walsh. Ahora tiene 80 años y aquí cuenta su historia.

Por Andrés Osojnik

                

El que está sentado a la mesa es Juan Carlos Livraga. Es un hombre menudo, sencillo, que habla con carraspera. Tiene ochenta años y seis meses. Y dice que los gatos lo esquivan, porque tiene más vidas que ellos. Juan Carlos Livraga es el mismo que a los 24 años fusiló la dictadura de Aramburu en un basural de José León Suárez. Es el mismo que sobrevivió a esa pesadilla y el mismo que se animó a contarla a Rodolfo Walsh, seis meses después de ocurrida. Es el "fusilado que vive", el protagonista de un relato que fue el punto de partida de la investigación más impactante del periodismo argentino, condensada en el libro Operación Masacre. Ahora, Juan Carlos Livraga se dispone a repetir su historia a Página/12. Es la primera vez que lo hace ante un medio gráfico nacional. Cuenta su historia y más: sus contactos con Walsh, su vida posterior en Estados Unidos, el encuentro con Néstor Kirchner y las consecuencias físicas que aún sufre por los balazos de la noche trágica que empezó el 9 de junio de 1956.

Ese día, el general Valle dirigió una sublevación militar contra la dictadura. Para sofocar la rebelión fue implantada la ley marcial. Pero antes de que entrara en vigencia, en Florida fue arrestado un grupo de civiles que la policía creyó vinculado con el motín.

–Yo ni siquiera era peronista. Nunca lo fui.

Aclara el hombre, aunque sabe que si lo hubiera sido, la barbarie igual no tendría justificación.

–¿Alguna vez entendió por qué lo detuvieron?

–Esa duda la tengo siempre, porque nunca supe.

Nunca supo, dice, por qué lo detuvieron, por qué lo fusilaron. Había trabajado en albañilería desde niño junto a su padre. Había trabajado en la Aeronáutica. Luego fue colectivero. Ese era su trabajo cuando sucedió todo.

–¿Empiezo a contar de cero?–propone.

–Empiece a contar de cero.

–Yo vivía a una cuadra y media de donde me pasó. Tenía un amigo del otro lado, Vicente Rodríguez. El día 9 de junio yo manejaba un colectivo de la línea 10, que venía de Chacarita a Munro y pasaba por la esquina ésa. Ese día empezaron las cosas al revés. Yo llevaba cinco días sin trabajar porque el coche estaba en el mecánico y me llaman los patrones para decirme que ya estaba arreglado. Ese día había partido entre Colegiales y All Boys. Y yo tenía una cita con una muchacha que hacía tiempo la venía trabajando en el colectivo. Fui invitado por ella a bailar en la Hostería de Munro, un lugar muy agradable. Yo iba con el colectivo repleto, baja la gente en el estadio, voy a arrancar y se rompe el palier. Con toda la rabia del mundo cerré la puerta y dije, bueno, voy a ver el partido. Comí un sandwich de chorizo y una Coca-Cola. Hacía un frío terrible. Cuando falta un minuto, All Boys le hace 1-0 a Colegiales. ¡Para qué! A mí me gustaba ese equipo. Bueno, me fui para mi casa caminando. Llegué descompuesto, lo que comí me hizo mal por el frío y la amargura. Le dije a mi papá que me iba a acostar porque después tenía que salir y él me dijo: "¿Así como estás te vas a ir?". "Sí, papá, usted sabe que citas son citas y no hay que fallar." Al salir, alguien me silba de atrás. Era este amigo Vicente Rodríguez. "¿Adónde vas?", me dice. "Tengo un asunto que me espera en Munro. Pero voy temprano." "Ah, fantástico, ¿por qué no venís a la casa de un amigo a escuchar la pelea de Lausse y Loayza?" Le dije, bueno, tengo tiempo. Me meto en el departamento, era un pasillo atrás. Había dos personas que no conocía, Rodríguez y yo. Me senté al lado de la radio, ellos jugaban al chinchón. Después vi un revólver tan viejo que si le ponían una bala salía para atrás. Ganó Lausse por nocaut y yo dije: "Me voy, Gordo, que se me hace tarde". Abrí la puerta y un policía me da un culatazo en el pecho, caí bajo un mueble y ahí quedé. Después me levantan como un trapo y me llevan afuera, hasta la esquina, unos diez metros. Ahí veo que hay un colectivo de la línea 19, que no pasaba por ahí, lleno de gente, otros policías y una persona parada en la ochava de uniforme militar. Yo no sabía quién era. Me llevan con él, saca una 45 y empieza a pegarme. "¿Dónde está Tanco? ¿Dónde está Cogorno?"

En Operación Masacre, Walsh cuenta que el colectivo había sido secuestrado por la policía para el operativo. Y que el hombre de uniforme militar era el jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires Desiderio Fernández Suárez. Tanco y Cogorno eran junto a Valle los líderes de la rebelión.

"Para mí era todo nuevo –sigue Livraga sorprendiéndose hoy–. De política no me interesaba ni sabía. Yo le decía no sé. Y él me decía: "¿Con esa facha vas a hacer la revolución?". Y no dejaba de golpearme. Después me suben al colectivo, ahí vi a otra gente que conocía del barrio. Nos llevan a la Regional San Martín. Cuando nos meten en una habitación conté 16."

–¿Usted y quince más?

–Exactamente. Después me enteré de que estaba el dueño de la casa, que vivía adelante, Miguel Angel Salvador Giunta. A Rodríguez le dije: "Gordo, ¿estás metido?". El me dice: "No". Le digo: "Si estás metido –como teníamos que declarar– decímelo a ver qué podemos decir". Yo estaba de campera de gamuza, camisa y corbata. Bien vestido y con documentos. Le dije al oficial, cuando me atiende: "Escúcheme, ¿usted cree que alguien que va a hacer un robo o algo malo va a andar vestido así y con documentos?". Yo iba a un baile y hasta di el nombre de la muchacha. Mientras, leía en la hoja al revés lo que había declarado Rodríguez, mejor dicho no lo que declaró, lo que quiso escribir el oficial. Yo le explico lo mismo y cuando me hace firmar, leo y le dije "esto no es lo que dije yo". "Mirá, pibe, más vale firmá." Yo pensé un segundo y dije más vale firmo y después veremos. Volví y después fueron a declarar los demás. Como a las tres de la mañana, íbamos al baño una vez cada uno y al policía le sacábamos alguna palabra. Ahí me enteré del levantamiento en La Plata, el general Valle y todo eso. Como a las cinco y pico de la mañana, seis, nos sacan en un carro de asalto, yo voy adelante, éramos cinco, y cuatro policías que venían con el fusil, casi dormidos. Atrás iban otros, después supe que iban Troxler, Lizaso y otros más, porque en la otra habitación de la casa donde nos llevaron había más gente. Bueno, nos llevan. ¿A dónde? Seguro a Campo de Mayo. Llegamos a la estación de José León Suárez, de ahí por una ruta. Estaba todo oscuro, pero yo sabía dónde estaba. Dijeron "bajen los cinco", bajaron los policías y ahí detrás veo una camioneta con gente adentro. Después supe que era el comisario Rodríguez Moreno. Caminamos como unos cien metros y ahí sentimos el golpe de manivela que para mí era conocido. Eran los fusiles.

–Ahí recién se dieron cuenta de que los iban a matar.

–Sí, recién ahí. Y ahí viene un desparramo, los gritos y a uno lo agarró la desesperación. Se viene a mi lado a agarrarme. Yo lo sacudo y me tiro cuerpo a tierra, pero mirando hacia ellos. Al otro lo vi que escapó por el campo en diagonal. Corrió más rápido que los tiros. Era Giunta.

–¿Ya habían empezado los tiros?

–Sí, pero a mí no me habían pegado, sí a los que estaban al lado. Cuando terminaron de tirar, en un momento siento que paran donde estaba yo y me enfocan en la cara. Entonces yo moví los párpados.

Se venía el tiro de gracia. De los doce que la policía debía fusilar aquella noche, siete se salvaron. Uno de ellos fue Livraga, que se hacía el muerto. Pero esa luz lo traicionó.

–Empezaron a tirarme –recuerda–. Me tiraron tres tiros. Uno me pegó en la nariz, apenas me sacó un pedacito. Otro me perforó la mandíbula de un lado a otro y a partir de esa época quedé sordo de ese oído. Y el del brazo es una 45, me lo pegó Rodríguez Moreno.

–¿Y entonces?

–Me quedé sin moverme, siento que se van. Volvieron al carro de asalto y ahí hubo unos tiros, se habían escapado uno de los presos y dispararon contra los policías, eso lo supe después. Cuando vi que ya no había moros en la costa, me levanté y vi a los que estaban muertos. Rodríguez tenía once tiros. Yo tomé el mismo camino que hizo Giunta. Al llegar al cruce de la barrera me caigo desmayado junto a una garita donde había policías adentro. Eran cuatro o cinco cuadras, pero no habían sentido los tiros porque con el frío estaban encerrados. Uno me preguntó qué me pasaba y yo sólo vomitaba sangre. Me suben a un jeep y me llevan al policlínico San Martín. Me dejan en la sala de primeros auxilios y ahí las muchachas me salvaron parte de la vida. Mientras me curaban me preguntan si tenía el teléfono de mi papá y yo se los di con los dedos. Cuando me estaban por llevar a terapia intensiva vi que había llegado. Pero como a las nueve de la noche me viene a buscar la policía.

–Se lo llevan otra vez.

–Sí, y lo primero que hicieron fue buscar mi ropa. Querían recuperar el certificado que me habían dado por las cosas que me sacaron en la Regional y que llevaba la fecha en la que había entrado. Pero las enfermeras salvaron el papel, se lo habían dejado a mi papá sin que se diera cuenta. Ese papel probaba que lo que dijeron ellos después era mentira: que me escapé, que me había tiroteado con la policía, incluso que me habían matado. Mi papá recibió del gobernador el certificado de defunción mío, porque había muerto en un tiroteo.

–¿Cuándo le mandan el certificado a su padre?

–A los dos días, porque mi papá había mandado un telegrama para saber qué había pasado conmigo y le respondieron con eso.

–¿Y después del hospital?

–Me sacan prácticamente desnudo y me llevan de paseo en una camioneta descubierta. Me di cuenta de que buscaban que me muriera solo, paraban en todo teléfono público que hubiera para recibir las órdenes. Así me tuvieron hasta las dos de la mañana. Al final me llevan a la 1ª de Moreno y me meten en el calabozo. Vino un médico y me dio dos pastillas, pero yo hice que me las tomaba y después me las saqué. Ahí me tuvieron 28 días, sin atención médica, ni comida, ni nada. Nadie se podía acercar a ese cuartito, puro cemento y a oscuras. Un día vienen unos auditores a tomarme declaración, qué declaración si no podía hablar. Entonces me mostraron algo escrito y me amenazaron. Yo dije, medio muerto y muerto, firmé lo que inventaron ellos, eso del tiroteo y que me escapé.

–¿Entonces?

–Entonces un día las cosas cambiaron. Vinieron dos suboficiales nuevos y como no estaba el sargento entraron a verme, yo estaba con barba, desfigurado, flaco, sin la mitad de los dientes, perdí quince kilos. Me quisieron preguntar, pero no pude hablar por cómo tenía la boca. Y les dio tanta lástima que se fueron a comprar fruta, naranja, mandarina. Yo la empecé a chupar y me dio una diarrea que aunque no tenía nada en el estómago me pasé un día y medio revolcándome en el piso. Al día siguiente estaba tan mal, todo oscuro, desesperado, y siento una sombra atrás. No puedo decir quién fue, pero me empezó a hablar, me dijo que me calmara y yo me sentí más tranquilo. Al día siguiente me traen ropa y después me dicen: "Vamos a la cárcel de Olmos".

–La cárcel parecía mejor que el calabozo de la comisaría.

–Sí, pero cuando salimos estaba oscuro y yo temí otra vez. En eso se descompone el jeep. Yo dije, de ésta ya no me salvo. Pero pararon en un taller mecánico, arreglaron la falla y a la ruta. Llegamos a Olmos, abren la puerta y ahí a Juan Carlos Livraga lo cambiaron. Uno de los presos dice un cuento, que yo estaba ahí por haber matado a cuatro policías. No sé de dónde lo sacó, pero eso cambió mi vida, me empezaron a respetar. Quedé en manos de los presos, uno de ellos, el capo de la cárcel. Era la mafia. Me protegieron, me cortaron el pelo, me afeitaron. Me pude bañar, me dieron ropa. Nunca comí la comida de la cárcel, me hacían comida los presos y empecé a recuperarme. Ahí me encontré con Giunta. Yo lo creí muerto, pero estaba con los presos políticos. Me cuenta que no le habían disparado, que después se entregó, y que lo habían amenazado, le hacían como que lo mataban y se volvió medio loco, pobre. Y me cuenta que un abogado cobraba 15 mil pesos para sacar gente de la cárcel. "El no me cree a mí", me dijo Giunta. Al día siguiente estaba ahí el doctor Von Kotsch. Era un hombre joven, de la parte de Frondizi, intransigente. Me preguntó y le conté. Le conté del papel, que lo tenía mi papá. Era lo que esperaba él.

–Una prueba.

–Sí. Me dice, dame el teléfono de tu papá que lo voy a ir a ver. Fue a mi casa, arregló y fue de ahí mismo a la Regional San Martín. El comisario le dice una sarta de mentiras. Pero el abogado le mostró el papel. Y salió con mi reloj, mi cinturón y los veinte pesos. Empezó a moverse con el doctor Doglia, que era un fiscal y antes de los quince días me dijo que me iba a sacar. Nunca aceptó un centavo.

–Y lo sacó.

–Todas las noches venía una voz de ultratumba que decía: "Atención a la población". Y llamaba a Fulano y a Mengano. A muchos los llamaban para darle picana. Esa noche, al final, la voz dice: "Juan Carlos Livraga y Miguel Angel Salvador Giunta". Todos vienen y me dicen: "Juan, te vas, te vas". Yo no creía. Me llevan y me encuentro con mi abogado. Ahí me quedé tranquilo. Me hicieron el pianito y quedé libre. Era 17 de agosto. El abogado me dio dinero y ahí fuimos con Giunta a tomar el tren. El estaba muy mal, pobrecito. Llego a Florida, caminé las siete cuadras, en mi casa no sabían nada. Siempre cuando yo llegaba le pegaba un silbido a mi mamá. Y silbé. Mi mamá salió a los gritos, mi papá se estaba preparando para ir a verme. A las dos horas había más de cien personas en mi casa. Mi papá era italiano y allá en Italia era costumbre que cuando volvía de la guerra alguno de los hijos prendían fuego tres días y mataban una vaca. En mi casa se hizo. Tres días de fiesta, todos borrachos, se abrazaban, cantaban.

–¿Ahora sigue con problemas físicos?

–La primera operación en la boca duró 16 horas. Llevo siete operaciones, tengo todo de platino, arriba perdí todos los dientes, hubo que hacer todo de nuevo. Y me quedó un agujero arriba que cuando terminaba de comer tenía que hacer fuerza con la nariz tapada para que saliera la comida por el agujero y no se infectara. Igual me agarró una infección muy grande. Me llevaron a la Facultad de Odontología con un nombre falso para que no me reconocieran. Y ahí me curaron. Hasta ahora me cuesta mover la mandíbula, si la abro mucho se me sale. Tengo una sinusitis crónica. Y tuve otro problema. Cuando con la 45 Fernández Suárez me pegaba acá (se señala el estómago), me quedó todo negro durante ese mes que estuve preso. Resulta que me afectó la aorta. En el 2006 me operaron porque estaba muy mal, y al abrir encontraron una bola de sangre de doce centímetros en el nacimiento de la aorta. Era un coágulo que se empezó a formar ese día, fue creciendo y me lo sacaron 50 años después.

–¿Alguna vez recibió alguna disculpa del Estado?

–No.

–¿Y la muchacha de la cita?

–Nunca más la volví a ver.

Publicadas por Eva Troxler
http://desdeelfarodelfindelmundo.blogspot.com.ar/2012/11/relato-de-un-fusilado.html
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