lunes, 19 de septiembre de 2016

Revolución fusiladora: Historia de una traición


LA FLOTA DE MAR AL ATAQUE

El crucero "9 de Julio" bombardea posiciones en Mar del Plata

Hasta la noche del día 18, nadie sabía donde se encontraba la Flota de Mar. La misma, que al momento del estallido se hallaba fondeada en Puerto Madryn, estaba formada por los cruceros “17 de Octubre” y “La Argentina”, los destructores “Buenos Aires”, “San Luis”, “ Entre Ríos” y “San Juan”; las fragatas “Hércules”, “Heroína” y “Sarandí”, el buque de salvamento “Charrúa” y el buque taller “Ingeniero Iribas”, de los que eran comandantes los capitanes de navío Fermín Eleta y Adolfo Videla; los capitanes de fragata Eladio Vázquez, Benigno Varela, Aldo Abelardo Pantín, Mario Pensotti, Pedro Arhancet, Leartes Santucci y César Goria, el capitán de corbeta Marco Bence y el capitán de fragata Jorge Mezzadra respectivamente.
El vicealmirante Juan C. Basso comandaba la Flota desde su nave insignia, el “17 de Octubre”, asistido por el contralmirante Néstor Gabrielli, comandante de la Fuerza de Cruceros, a bordo de “La Argentina”, el capitán de navío Raimundo Palau, comandante de la Escuadrilla de Destructores, a bordo del “Entre Ríos” y el capitán de navío Agustín Lariño, comandante de la División de Fragatas, a bordo del “Hércules”. En el “17 de Octubre”, viajaban también el jefe de Operaciones, capitán de fragata Enrique Gunwaldt y el capitán de navío Raúl Elsegood, jefe del Estado Mayor.

La primera señal del alzamiento llegó a la Flota a las 08.22 del 16 de septiembre, cuando el vicealmirante Basso recibió un comunicado del Comando de Operaciones Navales imponiéndolo de los últimos acontecimientos. Dos horas y media después (11.00), oficiales rebeldes encabezados por el capitán de navío Agustín P. Lariño y el capitán de fragata Aldo Pantín, se reunieron a bordo del “Hércules” para iniciar el amotinamiento y hacerse cargo de la Flota.

De acuerdo a lo planeado, Grunwaldt, secundado por el capitán Manuel Rodríguez, el jefe de Comunicaciones, capitán Félix E. Fitte y el teniente de navío Rodolfo Fasce, se trasladó hasta el “17 de Octubre” con la misión de reducir a su comandante y a los capitanes Raúl Elsewood y Fermín Eleta, quienes a punta de pistola, fueron encerrados en un camarote, bajo la custodia del teniente Ricardo Bustamante. Refiere Ruiz Moreno que en esos momentos, el teniente de navío José A. Lagomarsino procedió a arrancar los cables de los teléfonos internos, incomunicando de ese modo a los elementos leales que se encontraban a bordo.
Minutos después, el capitán de fragata Carlos A. Borzone informaba desde “La Argentina” que la situación en el buque se hallaba bajo control, al igual que en el “Buenos Aires”, el “Entre Ríos” y el resto de las unidades. En el primero, el contralmirante Gabrielli fue reducido por el capitán Videla; en el “Entre Ríos” su comandante, el capitán Vázquez detuvo a su segundo y a un teniente y en el último, el capitán Pantín hizo lo propio con el capitán Palau, jefe de la Escuadrilla de Destructores.
Un hecho confuso se produjo en la nave insignia cuando se hizo presente el capitán Lariño procedente del “Hércules”. Sospechando de su persona, el capitán Grunwaldt mandó detenerlo, ignorando que se trataba de un declarado partidario de la revolución y lo hizo encerrar en el camarote del comandante. El capitán Alberto Tarelli debió interceder para aclarar el asunto, logrando su inmediata liberación. Como explica Ruiz Moreno, Lariño permaneció a bordo del “17 de Octubre”, como oficial de comando táctico y ya no regresó al “Hércules”.

Antes de zarpar, Lariño ordenó trasladar a los oficiales detenidos al “Ingeniero Iribas”, que en esos momentos se hallaba amarrado en el muelle de Puerto Madryn y sumamente apenado por la situación de su superior, el vicealmirante Basso, a quien estimaba y respetaba profundamente ordenó que, al momento de abandonar la nave, le fueran rendidos honores de comandante.
Basso era un hombre leal, un verdadero caballero, esclavo del reglamento y de las disposiciones superiores, razón por la cual, mantuvo su lealtad al gobierno pese a que discrepaba con él en muchos aspectos. Fueron numerosos los oficiales que se conmovieron cuando lo vieron abandonar la embarcación, entre ellos el propio Lariño, que se quedó observando de lejos cuando el vicealmirante ordenó arriar su insignia1.

Poco después de sublevada la flota, aterrizó en Puerto Madryn el avión Catalina que transportaba a los oficiales que los comandantes Perren y Rial habían enviado para hacerse cargo: capitanes de navío Carlos Bruzzone, Mario Robbio y Luis Mallea; capitanes de fragata Raúl González Vergara y Recaredo Vázquez y teniente de navío Benjamín Oscar Cosentino. Una vez en tierra, fueron llevado a bordo y allí se los impuso de los últimos acontecimientos.
Robbio fue designado jefe del Estado Mayor, Vázquez y González Vergara sus asistentes, Mallea, jefe de la Escuadrilla de Destructores y Bruzzone comandante del “17 de Octubre”. Como comandante de la Armada continuó al mando Lariño y el resto de la oficialidad siguió ocupando sus cargos.

Tras ordenar a la Escuadra de Destructores su inmediato regreso a Puerto Madryn, el comando de la flota procedió a informar a las tripulaciones que todo aquel que se sintiera obligado a mantener su lealtad al gobierno nacional y no quisiera luchar en su contra, podía desembarcar con la tranquilidad de que no se tomarían medidas en su contra. De 6000 efectivos embarcados, solo 85 lo hicieron, la mayoría de ellos conscriptos. Dos oficiales, Félix Darquier y Alcides Cardozo, siete cabos y dos marineros, se hallaban entre ellos y en esa postura abandonaron la flota, cuando un remolcador especialmente designado para esa tarea, pasó a recogerlos por cada una de las unidades navales.

La Flota estaba sublevada y en tales condiciones, levó anclas y zarpó hacia el norte, dividida en dos grupos. El grueso de la misma enfiló hacia el Río de la Plata con el “17 de Octubre” a la cabeza y el resto, los destructores “San Luis”, “Entre Ríos”, “Buenos Aires” y “San Juan”, rumbo a Puerto Belgrano.

Pasado el medio día del 18 de septiembre, la Armada navegaba hacia el norte a máxima velocidad y en silencio de radio. Sus tripulantes experimentaban una emoción indescriptible y mucha confusión también. La Marina de Guerra se hacía a la mar para entrar en conflicto por primera vez en lo que iba del siglo, ya que no lo hacía desde la revolución de 1893, cuando el combate de “El Espinillo” y eso tenía su significado. Era el momento esperado por todos, pese a que había algo que no los terminaba de convencer: el conflicto era entre hermanos y eso repercutía en el ánimo de los marinos. Había muerto mucha gente a esa altura y muchos se preguntaban cuantos más sucumbirían.

Hasta la noche del día 18, nadie sabía donde se encontraba la Flota de Mar. La misma, que al momento del estallido se hallaba fondeada en Puerto Madryn, estaba formada por los cruceros “17 de Octubre” y “La Argentina”, los destructores “Buenos Aires”, “San Luis”, “ Entre Ríos” y “San Juan”; las fragatas “Hércules”, “Heroína” y “Sarandí”, el buque de salvamento “Charrúa” y el buque taller “Ingeniero Iribas”, de los que eran comandantes los capitanes de navío Fermín Eleta y Adolfo Videla; los capitanes de fragata Eladio Vázquez, Benigno Varela, Aldo Abelardo Pantín, Mario Pensotti, Pedro Arhancet, Leartes Santucci y César Goria, el capitán de corbeta Marco Bence y el capitán de fragata Jorge Mezzadra respectivamente.
El vicealmirante Juan C. Basso comandaba la Flota desde su nave insignia, el “17 de Octubre”, asistido por el contralmirante Néstor Gabrielli, comandante de la Fuerza de Cruceros, a bordo de “La Argentina”, el capitán de navío Raimundo Palau, comandante de la Escuadrilla de Destructores, a bordo del “Entre Ríos” y el capitán de navío Agustín Lariño, comandante de la División de Fragatas, a bordo del “Hércules”. En el “17 de Octubre”, viajaban también el jefe de Operaciones, capitán de fragata Enrique Gunwaldt y el capitán de navío Raúl Elsegood, jefe del Estado Mayor.

La primera señal del alzamiento llegó a la Flota a las 08.22 del 16 de septiembre, cuando el vicealmirante Basso recibió un comunicado del Comando de Operaciones Navales imponiéndolo de los últimos acontecimientos. Dos horas y media después (11.00), oficiales rebeldes encabezados por el capitán de navío Agustín P. Lariño y el capitán de fragata Aldo Pantín, se reunieron a bordo del “Hércules” para iniciar el amotinamiento y hacerse cargo de la Flota.

De acuerdo a lo planeado, Grunwaldt, secundado por el capitán Manuel Rodríguez, el jefe de Comunicaciones, capitán Félix E. Fitte y el teniente de navío Rodolfo Fasce, se trasladó hasta el “17 de Octubre” con la misión de reducir a su comandante y a los capitanes Raúl Elsewood y Fermín Eleta, quienes a punta de pistola, fueron encerrados en un camarote, bajo la custodia del teniente Ricardo Bustamante. Refiere Ruiz Moreno que en esos momentos, el teniente de navío José A. Lagomarsino procedió a arrancar los cables de los teléfonos internos, incomunicando de ese modo a los elementos leales que se encontraban a bordo.

Minutos después, el capitán de fragata Carlos A. Borzone informaba desde “La Argentina” que la situación en el buque se hallaba bajo control, al igual que en el “Buenos Aires”, el “Entre Ríos” y el resto de las unidades. En el primero, el contralmirante Gabrielli fue reducido por el capitán Videla; en el “Entre Ríos” su comandante, el capitán Vázquez detuvo a su segundo y a un teniente y en el último, el capitán Pantín hizo lo propio con el capitán Palau, jefe de la Escuadrilla de Destructores.
Un hecho confuso se produjo en la nave insignia cuando se hizo presente el capitán Lariño procedente del “Hércules”. Sospechando de su persona, el capitán Grunwaldt mandó detenerlo, ignorando que se trataba de un declarado partidario de la revolución y lo hizo encerrar en el camarote del comandante. El capitán Alberto Tarelli debió interceder para aclarar el asunto, logrando su inmediata liberación. Como explica Ruiz Moreno, Lariño permaneció a bordo del “17 de Octubre”, como oficial de comando táctico y ya no regresó al “Hércules”.

Antes de zarpar, Lariño ordenó trasladar a los oficiales detenidos al “Ingeniero Iribas”, que en esos momentos se hallaba amarrado en el muelle de Puerto Madryn y sumamente apenado por la situación de su superior, el vicealmirante Basso, a quien estimaba y respetaba profundamente ordenó que, al momento de abandonar la nave, le fueran rendidos honores de comandante.
Basso era un hombre leal, un verdadero caballero, esclavo del reglamento y de las disposiciones superiores, razón por la cual, mantuvo su lealtad al gobierno pese a que discrepaba con él en muchos aspectos. Fueron numerosos los oficiales que se conmovieron cuando lo vieron abandonar la embarcación, entre ellos el propio Lariño, que se quedó observando de lejos cuando el vicealmirante ordenó arriar su insignia1.

Poco después de sublevada la flota, aterrizó en Puerto Madryn el avión Catalina que transportaba a los oficiales que los comandantes Perren y Rial habían enviado para hacerse cargo: capitanes de navío Carlos Bruzzone, Mario Robbio y Luis Mallea; capitanes de fragata Raúl González Vergara y Recaredo Vázquez y teniente de navío Benjamín Oscar Cosentino. Una vez en tierra, fueron llevado a bordo y allí se los impuso de los últimos acontecimientos.
Robbio fue designado jefe del Estado Mayor, Vázquez y González Vergara sus asistentes, Mallea, jefe de la Escuadrilla de Destructores y Bruzzone comandante del “17 de Octubre”. Como comandante de la Armada continuó al mando Lariño y el resto de la oficialidad siguió ocupando sus cargos.
Tras ordenar a la Escuadra de Destructores su inmediato regreso a Puerto Madryn, el comando de la flota procedió a informar a las tripulaciones que todo aquel que se sintiera obligado a mantener su lealtad al gobierno nacional y no quisiera luchar en su contra, podía desembarcar con la tranquilidad de que no se tomarían medidas en su contra. De 6000 efectivos embarcados, solo 85 lo hicieron, la mayoría de ellos conscriptos. Dos oficiales, Félix Darquier y Alcides Cardozo, siete cabos y dos marineros, se hallaban entre ellos y en esa postura abandonaron la flota, cuando un remolcador especialmente designado para esa tarea, pasó a recogerlos por cada una de las unidades navales.
La Flota estaba sublevada y en tales condiciones, levó anclas y zarpó hacia el norte, dividida en dos grupos. El grueso de la misma enfiló hacia el Río de la Plata con el “17 de Octubre” a la cabeza y el resto, los destructores “San Luis”, “Entre Ríos”, “Buenos Aires” y “San Juan”, rumbo a Puerto Belgrano.

Pasado el medio día del 18 de septiembre, la Armada navegaba hacia el norte a máxima velocidad y en silencio de radio. Sus tripulantes experimentaban una emoción indescriptible y mucha confusión también. La Marina de Guerra se hacía a la mar para entrar en conflicto por primera vez en lo que iba del siglo, ya que no lo hacía desde la revolución de 1893, cuando el combate de “El Espinillo” y eso tenía su significado. Era el momento esperado por todos, pese a que había algo que no los terminaba de convencer: el conflicto era entre hermanos y eso repercutía en el ánimo de los marinos. Había muerto mucha gente a esa altura y muchos se preguntaban cuantos más sucumbirían.
Para no ser detectada, la flota navegó en el más completo silencio de radio en tanto a bordo, más de un marino especulaba con varias hipótesis, le peor que al pasar de largo por Puerto Belgrano, se decidiese un ataque masivo sobre Bahía Blanca, Punta Alta y las bases rebeldes.

Puente de mando del crucero "17 de Octubre"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima) 


Lo que preocupaba a sus mandos era la imposibilidad de establecer contacto con la Escuadra de Ríos debido a que los códigos se habían extraviado y sin ellos, las comunicaciones iban a ser descifradas y el plan de operaciones descubierto.
Dos días después, la Flota de Mar llegaba al pontón “Recalada”, y se unía a la Escuadra de Ríos.
Una vez dentro del estuario, el rastreador “Robinson” se aproximó al “17 de Octubre” llevando a bordo al capitán de navío Carlos Sánchez Sañudo quien se apresuró a pasar a su cubierta, para saludar alborozado a su comandante, el capitán Bruzzone. Desde el puente de mando, Sánchez Sañudo llamó al almirante Rojas y minutos después, el gran crucero, nave insignia de la Armada Argentina, pasó frente al “Murature” con su tripulación formada en cubierta, disparando las diecisiete salvas de saludo en honor a quien, a partir de ese momento, asumía el mando total de la Flota unificada. Detrás del gran crucero hizo lo propio “La Argentina”, también con sus tripulantes en cubierta, mientras arrojaba gruesas columnas de humo, por sus chimeneas.
Como relata Ruiz Moreno, “…17 secos estampidos de cañón afirmaban la subordinación de la Flota a su nuevo comandante”.
Rojas, emocionado, contemplaba la escena desde el patrullero, acompañado por el general Uranga y su plana mayor de oficiales de Marina y Ejército, viviendo lo que, según sus palabras, fue el momento más sublime de su vida y el punto más alto de su carrera. El orgullo lo embargaba y la emoción insuflaba nuevos bríos a su persona.
Esa misma mañana, con el viento azotando las cubiertas de las embarcaciones, el almirante Rojas pasó al “17 de Octubre”, izando su insignia en el palo mayor y a las 11.45, emitió el siguiente comunicado: “Se ha efectuado reunión de la Flota de Mar con la Escuadra de Ríos. Asumo comando en Jefe”. Quince minutos después, anunció por radio el bloqueo de los puertos y el estado de beligerancia de la escuadra.

Eran las 18.00 del 16 de septiembre, los destructores “San Luis” y “Entre Ríos” entraron en Puerto Belgrano y atracaron junto al muelle principal. Muy cerca, el “9 de Julio” terminaba su alistamiento para zarpar al día siguiente y unirse a la Flota. A las 22.00 hicieron su arribo el “Buenos Aires” y el “San Juan” y poco después hicieron lo propio otras unidades.
En el “Entre Ríos” viajaba detenido el capitán Palau, que una vez en puerto, fue conducido al “Moreno” junto al cabo principal Aníbal López, de conocida filiación peronista, quedando ambos encerrados junto al resto de los prisioneros.
De los destructores mencionados se descargaron torpedos y cargas de profundidad y, acto seguido, se los proveyó de munición adecuada y víveres. En plena noche, después de seis horas de intenso trabajo, los operarios navales finalizaron la provisión de combustible, mientras el “9 de Julio” era dotado de la munición necesaria para abastecer a cada una de las unidades de la Flota. Puesta a prueba su maquinaria, la central de tiro y la antena del palo, todo estuvo listo para partir. El comando de la unidad quedó a cargo del capitán de navío Bernardo Benesch, con el capitán de fragata Alberto M. de Marotte como su segundo y el capitán de fragata Raúl Francos como jefe de Artillería.

Enterado el gobierno de la reunión de la Armada en el Río de la Plata, se dispuso un ataque a cargo de la Fuerza Aérea, dado su exitosa acción sobre la Escuadra de Ríos el día 16. Por ese motivo, almirante Luis J.
Cornes, ministro de Marina, tomó contacto con el capitán de fragata Crexell, imponiéndolo de la decisión. El ministro ordenó al aviador se dirigiese inmediatamente a la Base Aérea de Morón desde la que operaban los Avro Lincoln, donde un amigo suyo, el comodoro Luis A. Lapuente, lo esperaba para planificar la misión.

Se le propusieron a Crexell dos alternativas: atacar la Base Espora, neutralizando de ese modo a la Aviación Naval que operaba desde allí sobre unidades del Ejército o hacer lo propio contra la Flota, todo un símbolo en manos rebeldes. Crexell no lo dudó, porque creía que la Escuadra representaba un peligro mucho mayor, con su poder de fuego amenazando a la misma Buenos Aires. Según su opinión, era mucho más conveniente preservar intacta la base del sur y hostigar a los buques que amenazaban a la capital.
Crexell y Lapuente se encontraron en la base, donde el segundo estudiaba un plan de ataque y se pusieron de acuerdo en que lo más acertado era incursionar sobre la flota. Estaban seguros del éxito porque los buques de gran calado se habían internado demasiado en aguas del Plata y ello les impediría maniobrar adecuadamente cuando estuviesen bajo ataque. Un hecho de importancia vino a confirmar que las unidades de mar eran el blanco adecuado cuando el Servicio de Informaciones Navales descifró las claves de Puerto Belgrano poniendo al tanto al Comando de Represión al tanto de las comunicaciones rebeldes.Por entonces, las radios insurrectas propalaban la noticia de que a las 12.00 de ese día, la Armada iba a bombardear Buenos Aires, y eso obligó a las emisoras estatales a desmentir apresuradamente la noticia, minimizando el poder de las fuerzas enemigas.

El 17 por la mañana, el crucero “9 de Julio” y los destructores “Buenos Aires”, “San Luis”, “San Juan” y “Entre Ríos” se hicieron a la mar, poniendo proa directamente hacia el Río de la Plata. A la mañana siguiente, el almirante Rojas dialogaba en la sala de mando con el capitán de corbeta Andrés Tropea, cuando un comunicado urgente del general Lonardi lo impuso de la difícil situación que atravesaban las tropas revolucionarias en Córdoba.
Comprendiendo la gravedad, Rojas convocó a su Estado Mayor y después de ponerlo al tanto de lo que acontecía, dispuso llevar a cabo una medida de fuerza tendiente a aliviar la presión sobre las posiciones rebeldes. Se decidió bombardear los tanques de combustible de Mar del Plata, la Base de Submarinos y el Regimiento de Artillería Antiaérea de Camet si aquellas unidades no aceptaban plegarse a la revolución, medida solicitada oportunamente por Puerto Belgrano.

A las 17.11 del 18 de septiembre el crucero “17 de Octubre” cursó la siguiente directiva a su gemelo, el “9 de Julio”: “Destruir depósitos de petróleo y nafta de Mar del Plata, previo aviso a la población”. Dos horas después (19.02), la Escuadra de Destructores recibió un nuevo despacho: “… destruir tanques de petróleo de Mar del Plata y bombardear Regimiento antiaéreo”.
Encabezando al grupo de destructores, el “9 de Julio” desvió su rumbo y enfiló hacia los objetivos.

A poco de recibida la orden, ocurrió un hecho inesperado que vino a tensionar los ánimos en el “9 de Julio”. El cabo principal Miguel Spera, sabiendo que la flota atacaría Mar del Plata, intentó amotinar a la tripulación, atacando a un oficial. Fue muerto de un disparo cuando el reloj de a bordo daba las 22.30 y mientras su cuerpo era sacado de la Sala de Máquinas, diez efectivos sospechosos fueron arrestados y encerrados en un camarote, severamente custodiados por una guardia armada.
Casi enseguida, otro hecho descabellado desconcertó a los integrantes del alto mando: el capitán Bernardo Benesch se negaba a abrir fuego sobre Mar del Plata demostrando con su actitud que todavía había gente que no asumía que estaba en guerra.

Benesch manifestó que no pensaba disparar y se encerró en su camarote. Si esa era su postura, debió haberse pronunciado antes, descendiendo en Puerto Belgrano cuando el comando dispuso que aquel que no estuviese de acuerdo con la revolución. El que hubiera permanecido embarcado para finalmente, obrar de esa manera, fue una clara señal de que su actitud fue de mera especulación debía abandonar las unidades ahí mismo.
Lo cierto es que el capitán Alberto de Marotte se hizo cargo del mando y la misión de ataque siguió su marcha.
Para ese momento, la escuadra encabezada por el “9 de Julio”, se hallaba frente a Mar del Plata. A las 21.15, el destructor “Entre Ríos” cursó un despacho a la Base de Submarinos, notificando que de no pronunciarse por la revolución, al amanecer sería bombardeada; en su cable indicó también que se debía dar aviso a la población civil y que se atacaría a todas aquellas tropas que opusieran resistencia. En el comunicado se especificaba evacuar la zona de la explanada, desde Paya Bristol hasta Playa Grande, con una profundidad mínima de cinco cuadras de fondo, “Para evitar mayor destrucción exijo presentación a bordo de inmediato del director de la Escuela Antiaérea y comandante de la Fuerza de Submarinos. Si antes de la medianoche no se ha escuchado a las emisoras locales propalar la orden de evacuación, se incluirá entre los objetivos a bombardear a esa Base Naval”.

Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, navegaban hacia el Río de la Plata el buque taller “Ingeniero Gadda” y el submarino “Santiago del Estero”, este último al mando del capitán Juan Bonomi después de abandonar sublevado la Base de Mar del Plata.
Estas dos embarcaciones cumplieron con eficiencia tareas de bloqueo y vigilancia, e incluso el segundo, entró en acción ante la amenaza de aviones no identificados.
Los hechos acontecieron a primeras horas de la tarde cuando el sumergible y el buque taller cumplían la orden de iniciar aproximación a Montevideo, impartida por el almirante Rojas a las 08.50 de la mañana. El “Ingeniero Gadda” ocupó posiciones en Cabo Polonio mientras el submarino se aproximaba aún más al punto indicado. A las 13.10 el radar del “Santiago del Estero” detectó aviones no identificados, razón por la cual, el capitán Bonomi mandó sonar las alarmas y cinco minutos después ordenó a sus artilleros abrir fuego con su cañón Bofor 40 mm, abrir fuego. “He repelido ataques de aviones enemigos” fue el escueto mensaje que irradió a las 13.20. Imposibilitado de sumergirse por la poca profundidad del río, el submarino, que de ese modo ofrecía un blanco sumamente vulnerable, no tuvo más remedio que disparar.

El “Santiago del Estero” fue sobrevolado, primeramente por dos aviones de la Fuerza Aérea Uruguaya que se le aproximaron en misión de patrullaje y en segundo lugar por un aparato de la aviación leal que pasó sobre su posición a baja altura. Fue entonces que disparó, sin alcanzar a ninguno, aunque obligó a los primeros a mantener distancia y al segundo a alejarse rumbo a Buenos Aires sin perpetrar ningún ataque. De ese modo, por primera vez en la historia argentina, los submarinos de la Armada entraban en acción.

“Los submarinos son buques especialmente vulnerables en superficie; su protección reside en tomar profundidad y, cualquier avería de poca importancia en su casco, puede impedirle sumergirse y, dejarlo sin defensa ante ataques aéreos. La audacia y valor eran condiciones conocidas del Capitán de Corbeta Bonomi, comandante del ‘Santiago del Estero’, y una vez más lo demostraba, internándose, bajo la amenaza de los aviones del gobierno, en las aguas poco profundas del Río de la Plata, donde resultaba imposible tomar inmersión. Repeler los ataques aéreos con su único cañón Bofors 40 mm. implicaba una serie de condiciones que todo oficial de marina podía valorar debidamente, y pude apreciar con claridad los sentimientos que animaban a quienes estaban conmigo, cuando me trajeron el escueto mensaje de referencia”, refiere en su obra el contralmirante Jorge E. Perren2.

En la mañana del 18, el capitán de fragata Enrique Plater, comandante de la Base de Submarinos, embarcó en una lancha para dirigirse a la corbeta “República”, a bordo de la cual, mantuvo una entrevista con el capitán Miguel Mauro Gamenara. Aquel intentó convencerlo de que se plegase a las fuerzas rebeldes, pero Plater mantuvo su postura y se retiró para entrevistarse secretamente con el coronel Francisco Martos, jefe del Regimiento Antiaéreo de Camet, a quien intentó convencer de no ofrecer resistencia.

Las alternativas de ese encuentro y otro posterior que tuvo lugar en la rotonda de acceso a la ciudad, muy cerca del cuartel de Bomberos, están muy bien relatadas en la obra de Ruiz Moreno. Lo cierto es que Martos, argumentando que la amenaza de bombardeo eran puras patrañas, se negó a anunciar a la población que debía evacuar la zona y suponiendo a Plater partidario de la revolución, intentó detenerlo.

El destructor "Entre Ríos" fue uno de los buques que atacó Camet
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima) 


Desde el puente de mando del “Entre Ríos” se estableció comunicación con la base para exigir la presencia de Plater y la de su segundo, el capitán de corbeta Francisco Panzeri, bajo pena de iniciar acciones en caso de no hacerlo. El hecho dejó bien claro que ninguno de los dos oficiales estaba con los sublevados y por ese motivo, Martos los liberó.
Plater y Panzeri regresaron a la base, a la vista de numerosos efectivos de la Policía Federal que Martos había desplegado a lo largo de la costa reforzados por civiles armados del partido justicialista.
A las 03.10 Plater se dirigió nuevamente al “Entre Ríos”, acompañado por el capitán de corbeta Rafael González Aldalur y media hora después, abandonó la nave, sumamente acongojado por no haber logrado un acuerdo. Había discutido acaloradamente con el capitán Pantín, quien le recriminó duramente no haber evitado el derramamiento de sangre y regresaba confundido, sin saber que actitud adoptar.
La Base Naval de Mar del Plata se hallaba en grave situación, amenazada desde el mar por la flota rebelde y cercada en tierra por el Ejército leal. Con su ánimo sumamente abatido, Plater solicitó a Panzeri que enarbolase un género blanco en señal de rendición y se aprestase a deponer las armas, pero aquel se negó.

A las 05.30 de la mañana, Plater llamó a reunión e impuso a sus oficiales la situación imperante. Su estado de ánimo era tal, que su segundo, el capitán de fragata Mario Peralta, lo recriminó enérgicamente y le exigió adoptar la actitud correspondiente a un oficial de su rango, instándolo además, a decidiese por uno u otro bando. Como no lo logró, el mismo Peralta tomó el mando, se pronunció a favor del alzamiento y llamó al Regimiento de Artillería Antiaérea y a la Policía Federal para que alertaran a la población civil sobre la inminencia del ataque. Diez minutos después, el “9 de Julio” tocaba a zafarrancho de combate y apuntaba sus cañones hacia el objetivo.


Eran las 06.10 del 19 de septiembre cuando un avión Martín Mariner que regresaba a Puerto Belgrano tras una frustrada misión de ataque a las destilerías de Dock Sud, estableció contacto con el “9 de Julio”, solicitando autorización para bombardear los depósitos de combustible del puerto de Mar del Plata. Concedida la misma, el avión naval se aproximó a los grandes tanques y aún de noche arrojó sus bombas, alejándose inmediatamente en dirección sur.
Si bien ninguno de los proyectiles alcanzó el blanco, la maniobra sirvió para demostrar a las fuerzas locales, que la cosa iba en serio.

Las detonaciones sobresaltaron a la población que a esa hora, todavía dormía y muchas fueron las personas que saltaron de sus camas para observar lo que ocurría a través de sus ventanas. La obscuridad de la noche impedía ver algo aunque el resplandor de las llamas iluminaba fantasmagóricamente el techo de nubes que cubría la ciudad.
En el “9 de Julio”, las órdenes iban y venían. En el Centro de Control de Tiro, el jefe de Artillería, capitán de fragata Raúl Francos, se aprestaba a abrir fuego mientras la embarcación se sacudía por el intenso oleaje.

Eran las 06.15, cuando el comandante De Marotte, comunicó por los altavoces que, cumpliendo las directivas del Comando de la Flota en Operaciones, se aprestaba a abrir fuego sobre el primer objetivo: los depósitos de combustible de Mar del Plata. Anunció también que los destructores harían lo propio sobre las instalaciones del Regimiento de Artillería Antiaérea en Camet y llevando tranquilidad a los tripulantes, aclaró que esos objetivos eran puramente militares y que en esos momentos, la población civil abandonaba el sector, alertada por las autoridades de la ciudad. “El objeto de estas acciones es demostrar a aquellos que han envilecido al país, pisoteando la libertad, las leyes y los más caros sentimientos argentinos”. Inmediatamente después, agregó que las fuerzas de la revolución estaban decididas a hacer desaparecer a los autores de tales infamias y que si era necesario, también se atacaría el puerto de Buenos Aires. Sus últimas palabras sirvieron para inflamar los ánimos y levantar la moral. “Como argentinos nos duele inmensamente el tener que hacer fuego sobre lo nuestro, pero la ceguera de los que han injuriado la justicia y nos han llevado a la ruina moral nos obliga a tomar esta determinación extrema. La Nación lo espera todo de nuestro valor y del estricto cumplimiento del deber. Dotación del crucero ‘9 de Julio’: ¡a sus puestos de combate!”.

Además de la arenga, Ruiz Moreno reproduce las órdenes transmitidas desde el puente a la central de informaciones. Con rumbo 180, velocidad 5, revoluciones 0-5-1 y una distancia de 9-1, 9-1, el crucero entró en sector y a las 07.14 comenzó el ataque.
Los tres cañones de cada una de las cinco torres de artillería, dispararon una primera descarga sacudiendo a la embarcación. Le siguieron cuatro salvas más, disparando cada torre un cañón por vez y los tres al mismo tiempo a partir de la cuarta.

El blanco fue alcanzado de lleno. Tres tanques volaron envueltos en llamas, desprendiendo gruesas lenguas de fuego que iluminaron tenebrosamente la noche. Pese a la obscuridad, los vigías de a bordo distinguieron varios depósitos sin destruir, por lo que el cañoneo se reanudó. Otra andanada de proyectiles cayeron sobre el sector, transformo la zona en un infierno. Los estallidos provocaron una gruesa nube de humo que comenzó a desplazarse en línea horizontal hacia Miramar, impulsada pos los vientos a gran velocidad.
Todavía de noche, la población civil abandonaba el área presurosamente, bajo una persistente lluvia.

Los depósitos de combustible del puerto de Mar del Plata arden tras el bombardeo naval


Llegado a una distancia de 289 grados y 9700 yardas, el “9 de Julio” efectuó su último ataque, disparando nuevamente sobre los depósitos (07.23). Se dispararon en total 68 granadas de 6 pulgadas cada una, que destruyeron nueve de los once tanques de petróleo, averiando de consideración el décimo. Los proyectiles cayeron con impresionante precisión, dentro de un área de 200 metros de largo por 75 de ancho, impactando fuera de ella solo cinco, no más allá de 200 metros de su límite. Ningún civil resultó herido.
Tras 10 minutos de cañoneo, el “9 de Julio” se retiró, a los efectos de brindar protección antiaérea a los destructores que entraban en operaciones.

En momentos en que la Flota atacaba los depósitos de petróleo, la Base de Submarinos era rodeada por efectivos leales de la Policía Federal, por efectivos del Regimiento de Artillería Antiaérea que había instalado sus cañones Bofors de 40 mm en las lomas que rodeaban al Campo de Golf y civiles peronistas fuertemente armados. Por ese motivo, el capitán Peralta, comandante interino de la base, solicitó auxilio urgente a la Escuadra de Destructores para que aquella le proveyera cobertura: “Estimo que estoy a punto de ser atacado. Solicito apoyo artillero”. La respuesta no tardó en llegar.


-Daré apoyo de fuego inmediatamente. Debe designar spotter terrestre y establecer ligazón en el canal GAS-1.

Los destructores “Entre Ríos”, “Buenos Aires” y “San Luis”, apoyados por la corbeta “República”, iniciaron su aproximación a 12 nudos, en el preciso momento en que el “9 de Julio” dejaba de disparar.
En el “Buenos Aires”, su comandante, Eladio Vázquez, ordenó al jefe de Artillería, teniente de navío Gonzalo Bustamante, abrir fuego.
Orientado desde tierra por el teniente de navío Jorge A. Fraga, el “Buenos Aires” hizo un primer disparó que se fue largo, por encima del objetivo. Sus proyectiles sobrevolaron el cementerio e impactaron en plena avenida Juan B. Justo (frente a un negocio de pesca), provocando serios daños en las edificaciones del sector.
Fraga indicó bajar 500 milímetros las bocas de fuego y la segunda andanada dio de lleno en un de los cañones que amenazaban la Base Naval desde las alturas de la cancha de golf. El spotter (teniente Fraga), notificó por radio que los proyectiles habían hecho blanco e incentivado por el éxito, indicó bajar las piezas todavía más, para lanzar una nueva descarga. La misma arrasó las posiciones sobre las barrancas del campo de juego, disparando intermitentemente cada 10 segundos.
Soldados y milicianos se alejaron a todo correr, dejando a sus espaldas varios muertos y heridos. Los que se mantuvieron firmes en sus puestos, fueron los milicianos de la CGT, que una vez más demostraban estar dispuestos a vender caras sus vidas. En otro punto, sobre Playa Grande, partidarios a la revolución agitaban banderas, vivando a la Marina y la Patria sin saber exactamente, el peligro que corrían.

Detrás del “Buenos Aires” llegaron el “Entre Ríos” y el “San Luis”, los dos navegando en línea y disparando sobre las posiciones peronistas. Eso no impidió que tropas del Ejército y elementos sindicales abrieran fuego contra las instalaciones de la base y que el mismo continuase, aún después de finalizado el cañoneo (09.30).

Se produjo entonces un desordenado desbande cuando oficiales y efectivos de la Base Naval corrieron hacia las lanchas y los botes amarrados en los muelles y hacia tres barcos pesqueros que el capitán Panzeri había hecho traer especialmente. Y mientras algunos marinos arrojaban las armas al agua para evitar que cayesen en manos del enemigo, la gran mayoría trepó a bordo y se hizo a la mar, mientras era tiroteada desde tierra por las fuerzas peronistas. Desde las lanchas y los pesqueros se respondió el ataque, generándose un intercambio de disparos que se prolongó por espacio de varios minutos.
En pleno enfrentamiento a varios de los botes, que eran remolcados por las lanchas, se les cortaron las cuerdas quedando a la deriva, a merced de los disparos y el sacudir de las aguas.

Fue en medio de ese pandemonium que un oficial del Cuerpo Técnico, siguiendo instrucciones del capitán Peralta, izó bandera de parlamento y el intercambio de disparos comenzó a disminuir. Minutos después, el cónsul uruguayo en Mar del Plata, que había sido expresamente convocado, envió un comunicado a la Flota a través de la Base Naval, informando que la ciudad capitulaba. Hubo júbilo y algarabía a bordo, momento que aprovechó el capitán De Marotte, para hablar por los altavoces.
El comandante felicitó a la tripulación por el éxito obtenido y agregó que el mismo se debió al esfuerzo y el entusiasmo en el cumplimiento del deber que habían demostrado las tripulaciones y a continuación exhortó a seguir adelante, hasta la victoria final. La Marina no había sufrido bajas, a excepción del suboficial amotinado horas antes de las acciones pero sí el Ejército, cuando un proyectil del “9 de Julio”, impactó de lleno en el cañón sobre el campo de golf, referido anteriormente.

El comandante de la Escuadrilla de Destructores, capitán Luis Mallea, no se confiaba demasiado de la rendición de las fuerzas leales y por esa razón, mandó llamar a los comandantes del Regimiento de Artillería Antiaérea de Camet y del Destacamento de Aeronáutica, aclarando que, de no hacerlo, abriría fuego sobre sus instalaciones, de acuerdo a las instrucciones impartidas el día anterior por el almirante Rojas.
En espera de tales resoluciones, dispuso el desembarco de un pelotón de Infantería de Marina con la misión de ocupar la Base de Submarinos para reforzar sus defensas, al mando del capitán de fragata Carlos López.
Destacado para apoyar la operación, el destructor “Buenos Aires” entró lentamente en el puerto, rumbo a la dársena de submarinos, mientras civiles partidarios de la revolución saludaban desde tierra, bajo la intensa lluvia, saltando y agitando banderas patrias.

En el sector norte, frente a las costas de Camet, los destructores “Entre Ríos” y “San Luis” con la corbeta “República”, se aprestaban a entrar en acción ante el total silencio que mantenían los jefes del Ejército convocados a dialogar y por el temor que infundía el Regimiento de Artillería de Tandil que, según versiones, avanzaba en esos momentos sobre la ciudad.

A las 11.00 de aquel agitado 19 de septiembre, los buques de la Armada tomaron posiciones y abrieron fuego desde6000 metros de distancia, lanzando 175 proyectiles que destruyeron las instalaciones del regimiento, entre ellas el tanque de agua que sostenía la antena del radar. Varios edificios quedaron en llamas pero afortunadamente, no hubo que lamentar víctimas porque menos de una hora antes, sus tropas habían sido evacuadas hacia la vecina localidad de Cobo, dejando vacías las dependencias.

El ataque finalizó a las 11.30 y a continuación, los buques enfilaron hacia el puerto, encabezados por el “San Luis”, navegando bajo un cielo plomizo y sobre aguas agitadas. Cuando se disponían a ingresar, la base era atacada por civiles peronistas que habían llegado al lugar en varios camiones.
Se generó entonces, un violento tiroteo que finalizó cuando a la altura de Playa Grande, los destructores dispararon sus Bofors 40 mm, apoyados por el fuego de armas de repetición de los efectivos navales en tierra. Los civiles, duramente hostigados, se retiraron en diversas direcciones llevando a la rastra a algunos heridos.

Los destructores solicitaron refuerzos al “9 de Julio”, para reforzar las posiciones de quienes defendían la base. Su comandante retransmitió el pedido al almirante Rojas y este lo autorizó, agregando que una vez concluida la operación y se hubiese establecido la calma, partiese de inmediato hacia el norte para reunirse con el grueso de las unidades en el Río de la Plata3.

Con el “San Luis” frente a Playa Grande y el “Buenos Aires” patrullando los accesos al puerto, el “9 de Julio” se aproximó a la costa mientras aún se escuchaban disparos aislados. Dos de los pesqueros requisados se le acercaron por babor para recibir una compañía de infantes de Marina compuesta por 5 oficiales y 120 efectivos, que fue conducida inmediatamente a tierra, para ocupar la base y sus alrededores.

Reducidos y rechazados los milicianos peronistas, Mar del Plata fue ocupada sin mayores inconvenientes y una hora después los cuatros destructores junto al “9 de Julio” pusieron proa hacia el norte con el objeto de reunirse a la Flotade Mar, pronta a entrar en acción contra La Plata y la misma Buenos Aires.

Para entonces, en las bocas del gran estuario, el almirante Rojas, el general Uranga y su Estado Mayor pasaban a “La Argentina”, fondeada en el pontón “Recalada” frente a Punta Indio. La nave insignia, el “17 de Octubre”, fue enviada a encabezar la denominada Fuerza de Tareas Nº 7 que debía llevar a cabo el ataque a las destilerías de Dock Sud. Pese a que lo bajo de las nubes, la lluvia y los vientos dificultaban cualquier tipo de operaciones, el comando de la flota temía que de un momento a otro la Fuerza Aérea iniciase incursiones de hostigamiento desde Morón y por esa razón, era imperioso iniciar las acciones lo antes posible.

Bajo una lluvia torrencial, en un día de truenos y relámpagos, sacudidas las aguas por los fuertes vientos de fines de invierno, la Fuerza de Tareas Nº 7 puso proa al objetivo con órdenes precisas de iniciar acciones a las 13.00 horas en punto.

A las 11.26, el capitán de navío Carlos Sánchez Sañudo cursó a las autoridades leales un comunicado en el que se instaba al gobierno a advertir a la población, a través de las radios oficiales, que estaba pronto a comenzar el ataque y que se debían adoptar los recaudos necesarios para poner la misma a cubierto. Aquel funcionario que no cumpliese con la directiva, sería juzgado como criminal de guerra al finalizar el conflicto.

Según cuenta Ruiz Moreno, el Comando de Operaciones Navales en tierra, acusó recibo del mensaje, pero las radios gubernamentales mantuvieron un hermetismo absoluto.

Imágenes

Puerto Belgrano. Escalón de Comunicaciones
(Fotografías: Miguel Ángel Cavallo: Puerto Belgrano. Hora Cero. La Marina se subleva)



Central de Comando. Puerto Belgrano
(Fotografías: Miguel Ángel Cavallo: Puerto Belgrano. Hora Cero. La Marina se subleva)



Control de Radares. Base Naval Puerto Belgrano
(Fotografías: Miguel Ángel Cavallo: Puerto Belgrano. Hora Cero. La Marina se subleva)


Crucero "17 de Octubre", (luego "General Belgrano"), nave insignia del almirante Rojas
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



El crucero "9 de Julio" abandona Puerto Belgrano
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



Crucero "9 de Julio", gemelo del "17 de Octubre" navegando en aguas abiertas
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima) 




Cuarto de máquinas del "17 de Octubre"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



Madrugada del 19 de septiembre. El crucero "9 de Julio" 
abre fuego sobre los depósitos de combustible 
del puerto de Mar del Plata
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



La Base Naval de Mar del Plata también fue blanco de la flota rebelde 
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



Fragata "Sarandí"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)




Fragata "Hércules"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)




Destructor "San Juan"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



Destructor "San Luis"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



Crucero "La Argentina", nave insignia del almirante Rojas 
hasta su trasbordo al "17 de Octubre" la madrugada 
del 19 de septiembre
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)




Destructor "Buenos Aires"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



Buque taller "Ingeniero Iribas"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)


Mar del Plata. Depósítos de combustible en llamas
(Fotografía: Isidoro Ruiz Moreno, La Revolución del 55, Tomo II)



Comercio del barrio portuario en Mar del Plata 
alcanzado por un proyectil naval 
(Imágen: Nair Miño, Diario "La Capital" de Mar del Plata, Album de Familia 
http://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/8054)



Regimiento de Artillería Antiaérea de Camet blanco del fuego naval
(Imágen: Diario "La Capital" de Mar del Plata, Album de Familia
http://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/8054)


Submarino ARA "Santiago del Estero" (S-2)
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



Destructor "Juan de Garay"
(Imagen: gentileza Fundación Histarmar Historia y Arqueología Marítima)



Notas
1 El vicealmirante consideraba una humillación que la misma flameara en el mástil de un buque sublevado.
2 Jorge E. Perren, Puesto Belgrano y la Revolución Libertadora, p. 197.
3 Ese fue el momento en que desembarcaron los efectivos de Infantería


Publicado 20th January 2013 por Alberto N. Manfredi (h)
FUENTE

viernes, 26 de agosto de 2016

24 DE AGOSTO DE 1904: NACE EL PROPULSOR DE IAME, BRIGADIER JUAN IGNACIO SAN MARTÍN.



Perón, rodeado por jefes militares y funcionarios civiles, conversa con el brigadier mayor Juan Ignacio San Martín. A la derecha, luciendo impermeable gris, Kurt Tank.

24 DE AGOSTO DE 1904: NACE EL PROPULSOR DE IAME, BRIGADIER JUAN IGNACIO SAN MARTÍN.

Nace en Buenos Aires. El más chico de 23 hermanos, hijos del matrimonio de Francisco San Martín y María Eugenia Pallete. Cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional Mariano Moreno.

En 1921 ingresa al Colegio Militar. Alcanza el grado de subteniente del arma de artillera (1924), siendo destinado al 2º Cuerpo de Artillería Montada en Campo de Mayo. Orienta sus estudios para tener una buena formación técnica, en especial en cuestiones aeronáuticas. En 1931 es técnico aeronáutico y poco después, ingeniero industrial. Fue enviado por el Poder Ejecutivo al Instituto Politécnico de Turín, Italia, donde obtuvo doctorados en Ingeniería Industrial e Ingeniería Aeronáutica.

A partir de 1936 se desempeña en la Dirección de Aeronáutica y Fábrica Militar de Aviones, en la provincia de Córdoba, allí concentrará todas sus energías. En 1944 es Director del Instituto Aeronáutico de Córdoba.

Adhiere al peronismo en 1946, realizó un viaje a Europa donde contrató allí unos 750 obreros especialistas, dos equipos de diseñadores alemanes (liderados por Kurt Tank y Reimar Horten, respectivamente), un equipo italiano (a cargo de Pallavecino) y al ingeniero francés Emile Dewoitine.
Es electo constitucionalmente como el 48° gobernador de Córdoba en 1948. Se queda allí hasta el 2 de octubre de 1951 -siendo brigadier mayor- renuncia, para ser el ministro de Aeronáutica.

Gran propulsor de la industria aeronáutica: en 1951 inaugura la Fábrica de Motores y Automotores y en 1952, las Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME); con notables resultados: los distintos tipos de aviones a reacción (Calquín, Ñancul, Pulqui I y II), la coloca a Argentina como “el quinto país en tener aviones a reacción propios”, así como las motocicletas Puma, los tractores Pampa y los automóviles y camionetas (Institec, Justicialista, Rastrojero, etc.) IAME alcanza a contar con casi 10 mil trabajadores, es un índice del desarrollo alcanzado.

Al efectuarse el golpe al presidente Perón, el brigadier San Martín se asila en la embajada de Uruguay donde conoce que se le hacen falsas imputaciones, abandona el asilo y se presenta a las autoridades de facto, a defender su trayectoria. Ingenuamente, considera que los “fusiladores” le harán justicia, aunque descarta que reconozcan su enorme obra debida casi totalmente a su esfuerzo. La reacción gorila se halla teñida de odio antiperonista: lo pasan a retiro e inmediatamente le dictan prisión preventiva. Un “Tribunal de Honor” lo declara “descalificado por falta gravísima” y emiten una sentencia (5 de junio de 1957), se lo condena a cumplir tres años de prisión.

Permanece detenido en los buques “Washington” y “París” y luego en el penal militar de Magdalena. Luego, el gobierno de Aramburu (que dios lo tenga en su santa gloria y que no lo suelte nunca) lo traslada a la cárcel de Ushuaia, que había sido clausurada por razones humanitarias bajo el gobierno de Perón y ahora se reabre en nombre de principios “civilizadores”. Después es devuelto a la cárcel de Magdalena, desde donde se lo libera en mayo de 1958 al asumir como presidente Frondizi. Pero su salud está seriamente quebrantada por las vicisitudes sufridas.

En 1960 “la justicia federal lo sobresee definitivamente en todas las causas… dejando expresa constancia que nunca había sido procesado”.
Al tiempo, después de un ataque cerebro-vascular, viaja a Estados Unidos en procura de mejoría, pero fallece, en un hospital de Houston, el 16 de diciembre de 1966.

En agosto de 1990, una ordenanza de la municipalidad de la ciudad de Río Cuarto, en Córdoba, reconoce los servicios prestados a la patria por el brigadier San Martín designando con su nombre a una plazoleta de Río Cuarto al oeste de la ciudad, “como reconocimiento y reivindicación para con un argentino injustamente olvidado”. Pero no fue olvidado por mera casualidad, sino –al contrario- porque la clase dominante tiene memoria.En la actualidad, en su honor, el Instituto Universitario Aeronáutico entrega los premios Brigadier Juan Ignacio San Martín.

Publicado por daniel chiarenza
FUENTE: http://profesor-daniel-alberto-chiarenza.blogspot.com.ar/2016/08/24-de-agosto-de-1904-nace-el-propulsor.html

domingo, 24 de julio de 2016

La Resistencia Peronista - Envar El Kadri

Testimonio del documental: La resistencia...una pasión rosarina.
De Carlos Del Frade y Octaedro Producciones.

Envar El Kadri (Río Cuarto, 1 de mayo de 1941 - Tilcara, 19 de julio de 1998)



domingo, 3 de julio de 2016

Mineros ingleses y masones en la Salta del siglo XIX


Dr. Ricardo Alonso, Doctor en Ciencias Geológicas (UNSa-CONICET)


En 1826 un grupo de técnicos y empresarios ingleses se encaminaba desde Buenos Aires hacia las minas de Potosí a lo largo del camino de postas. Entre estos se encontraban sir Edmund Temple, el general Paroissien (amigo de San Martín que peleó en las batallas de Maipú y Chacabuco), el barón de Czeltritz, el Dr. John H. Scrivener (1806-1884), y dos sirvientes. Todos ellos pertenecían a la comisión exploradora que envió “La Potosi, La Paz and Peruvian Mining Association”, una compañía minera inglesa que buscaba posicionarse en la explotación de las afamadas vetas de plata del cerro Rico de Potosí. Temple y Srivener, con formación académica y fina pluma, publicaron sus memorias de viaje, ricas en datos históricos, geográficos y paisajísticos valiosos para comprender aspectos sobre nuestro pasado.

Las memorias de Scrivener, que fueron traducidas y publicadas por Lola Tosi de Dieguez en 1937 (Imprenta López, 200 p., Buenos Aires) contienen abundantes datos anecdóticos de la travesía por mar desde Inglaterra a Buenos Aires y desde allí por tierra a Potosí, pasando por Salta. Las misiones inglesas tenían en Salta un contacto importante como era el médico y naturalista inglés Joseph Redhead, amigo de la familia Güemes y médico de Belgrano. Temple y Scrivener se reunieron con Redhead, igual que un poco antes lo había hecho el capitán Joseph Andrews, también de una compañía minera que iba rumbo a Potosí. Andrews da muestras de un ateísmo y un anticlericalismo exacerbado cuando pasa por Salta y deja escritas en sus memorias páginas muy duras sobre el Señor y la Virgen del Milagro, entre otros temas. Scrivener cuenta que estando en Potosí se enteró que su jefe Temple era francmasón y pertenecía a una de las logias de Inglaterra. Temple le habló de la importancia de incorporarse a la logia a lo cual Scrivener accedió (p. 103). Cuenta que se reunieron primero en lo de Temple quién le habló de “las conveniencias de obedecer sin titubeos las órdenes que pudiera recibir de la Logia” (p. 104).

Luego le vendaron los ojos y salieron de noche por las callejuelas de Potosí caminando en distintas direcciones hasta llegar a una casona donde golpearon la puerta en código, entrando por distintas escaleras a una habitación donde Temple le sacó el pañuelo y lo dejó solo. Al recobrar la vista en el lúgubre ambiente vio que había una mesa pequeña con un cráneo y una vela de sebo alumbrando.

Luego sintió ruidos de cadenas y entró un personaje “con la cara cubierta y una vestimenta extraña” del cual luego supo que era el que oficiaba del “Terrible”. Este volvió a vendarle los ojos y lo llevó de nuevo por escaleras hacia arriba y hacia abajo tintineando cadenas y luego por un corredor hasta la puerta de la Logia. Golpeó, entraron y quedaron unos minutos en silencio hasta que una voz preguntó si lo reconocía. Scrivener contestó afirmativamente ya que reconoció en esa voz al propio gobernador de Potosí, el General Galindo (p. 105).

Así vendado, Scrivener fue ordenado de subir y bajar unos peldaños y luego una voz potente le ordenó arrojarse al suelo cayendo sobre una superficie blanda y unos minutos después la orden de incorporarse. Cuenta Scrivener (p. 106) lo siguiente “Quitáronme el pañuelo de los ojos y vi un enorme salón espléndidamente iluminado, al Gran Señor de la Logia y a todos sus miembros, luciendo las insignias correspondientes a sus grados. Era un espectáculo imponente. Uno de los presentes me condujo a un asiento y así terminó la sesión, primera y principal, de mi iniciación como Francmasón”. Cuenta que fue recibiendo sus distintos grados y que asistía a las reuniones que se celebraban.

Desde Potosí regresó a Salta el 17 de junio de 1827, acompañado por el Coronel Sevilla, un militar salteño que se encontraba exiliado en Potosí luego de haber dado un golpe para derrocar al gobernador de Salta y haber fracasado en el intento. De regreso de Potosí, Scrivener pasó un tiempo en Salta y frecuentó a su amigo Redhead de quién hace uno de los perfiles biográficos más completos que se conocen. Marcelo O’Connor, una de las plumas más recordadas de El Tribuno, escribió en 2009 un ensayo en un libro del Grupo Salta (Ed., Felipe H. Medina, 312 p., Okapi, Salta) que pasó desapercibido para los salteños a pesar de que contenía una hipótesis bomba. En el capítulo del libro, que tituló “Masones de Salta” (pp. 233-240), O’Connor plantea la cuestión de si el General Martín Miguel de Güemes era masón (p. 235). Y se apoya en algunas pistas como una carta que intercambian dos masones notables como San Martín y Pueyrredón, en donde este último le comenta a San Martín que Güemes hace progresos “en estudios de Geometría”, que en el lenguaje simbólico es una clara referencia a la masonería (p. 236).

Agrega que Güemes nunca fue un caudillo provinciano de tendencias separatistas y jamás disintió y cumplió con todas y cada una de las directivas de los gobiernos nacionales de la época, los que estaban claramente influidos por las logias masónicas, y por tanto avalaría la hipótesis. También apunta que “No es un dato menor que un hermano menor se llamara Napoleón, que en la época es equivalente a llamar hoy a un hijo Lenin o Libertario, denunciando una definición familiar liberal revolucionaria”. O’Connor terminaba con un aserto: “Por supuesto que esto será negado por quienes prefieren un Güemes vaciado en el bronce pero carente de significado y trascendencia actual” (p. 236).

Para abonar aún más esta hipótesis del Dr. O’Connor, téngase presente que Redhead fue un hombre de gran influencia en el entorno de Güemes y también de Belgrano de quién fue su médico personal y colaborador en la traducción de documentos en lengua inglesa, entre ellos la carta de despedida de Washington. Redhead era escocés, más precisamente de Edimburgo, donde se graduó de médico.

Escocia ha sido la cuna de las logias masónicas. Las logias inglesas pasaron a Francia a mediados del siglo XVIII. Sugestivamente Redhead estuvo en París en tiempos de la Revolución Francesa y fue recluido en La Bastilla esperando su ejecución por la guillotina. Luego de catorce meses de encierro fue liberado y partió para Argentina donde terminó por radicarse en Salta, habiendo mentido sobre su nacionalidad. Desde Salta Redhead fue corresponsal de dos reconocidos masones como fueron el sabio alemán Alexander von Humboldt y el cónsul general y representante de negocios de “Su Honorable Majestad Británica” en el Río de La Plata, sir Woodbine Parish.



OPINIONES:


Patricio Lons Patricio Lons ·
Era muy común que católicos, por ignorancia o por espíritu liberal, pertenecieran a logias. Entre los actores de la secesión y balcanización de Hispanoamérica, hubo muchos masones y otros que sin serlo, fueron manipulados hasta convertirnos en más de veinte estados sin posibilidad de enfrentar a las potencias del mundo, que en este siglo XXI van a jugar muy fuerte contra nosotros. Y van a tratar de seguir dividiéndonos como se ve con las consignas indigenistas


Patricio Lons Patricio Lons ·
Era bastante común que católicos, por desconocimiento o por espíritu liberal pertenecieran a logias. En el caso de quienes actuaron en la secesión de América, convirtiéndonos en veinte estados dispersos y sin destino, muchos eran masones y otros fueron manipulados


federico araoz ·
No es posible siquiera insinuar que el Heroe gaucho fuera masón. Lo del nombre de un hermano (Napoleón) no permite relación alguna, ya que el propio nombre de Martín Miguel Juan De Mata Guemes, y el de sus hnos(Magdalena, Gabriel José,Francisca,Jose Francisco) lo desmiente al llevar el de un Santo, lo mismo que el ser bautizado o casado por Iglesia. El testamento del padre, o las notas y partes del Gral. siempre contenían las invocaciones a Dios Trino. Existieron serio conflictos entre Guemes y el Gob. Ctral (Incidentes con Martin Rodriguez, Rondeau, Alvares Thomas, el destierro del Arzobispo de Charcas Benito de Moxó desobedecido). El Gral Manuel Jose Joaquin del Corazon de Jesus Belgrano tuvo una hija que llamó Manuela Monica del Sagrado Corazón, su devoción por la Virgen María, su entierro en el Convento de Sto.Domingo, envuelto en un manto Dominico, contradicen cualquier pertenencia a la masonería, sabida la incompatibilidad entre ella y la Iglesia Católica. Es probable que el Sr.Oconnor perteneciera a alguna Logia, y confundiera la pràctica de la religion cristiana, con carencia de significado o trascendencia.


orlando74 Aguirre ·
la historia es muy importante , mas cuando nos toca de cerca , me gusto mucho este informe . gracias


FUENTE: http://www.eltribuno.info/mineros-ingleses-y-masones-la-salta-del-siglo-xix-n235026

http://www.hablemosdeminas.com.ar/novedades/mineros-ingleses-y-masones-en-la-salta-del-siglo-xix/

sábado, 18 de junio de 2016

El legendario arriero don Antenor Sánchez

Ganaderia Argentina Salta Chaco Estancia Vaca Criolla Monte

por  Dr. Ricardo Alonso, 10/dic/2012 para El Tribuno


Los problemas eran la distancia de 700 km entre las zonas ganaderas y las salitreras, y la altura sobre el nivel del mar, que superaba los 4.000 m.

El traslado de ganado a pie era cosa seria y requería de hombres con coraje mayúsculo y duchos en las destrezas propias de los vaqueros.

Una de las proezas más extraordinarias y menos conocidas de la historia salteña fue llevar ganado a pie cruzando la Puna y la Alta Cordillera de los Andes camino a la costa de Chile. Esto tuvo lugar a fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Para entonces la costa del Pacífico reunía una riqueza singular y excepcional como eran los yacimientos de guano y de nitratos. Singulares por ser depósitos únicos en el mundo y excepcionales por su magnitud. Efectivamente concurren allí características geológicas únicas que incorporan cuestiones de tipo biológico, climático y químico. El guano es el producto de la riqueza biológica marina que permite la vida de una importante avifauna ictiófaga cuyas deyecciones en los acantilados se han acumulado hasta formar decenas de metros de espesor. 

La extrema sequedad del desierto y la ausencia de lluvias lograron que esas acumulaciones de guano se conservaran intactas y no desaparecieran por lavado. El guano es un excelente fertilizante por los altos contenidos de fósforo. Por su parte los nitratos son también la consecuencia de particulares condiciones climáticas tales como la aridez extrema y una química especial. Téngase presente que el nitrógeno es un elemento propio de la atmósfera, pero que está precipitado en los suelos del norte chileno formando capas de nitratos de sodio (nitratina) y de potasio (nitro). Los tres elementos químicos básicos para el crecimiento de los cultivos son precisamente el nitrógeno, el potasio y el fósforo. De esta manera el norte chileno tenía la suma de esos tres elementos químicos esenciales para fertilizar los suelos. Europa requería de esos fertilizantes para mejorar sus tierras exhaustas y ello llevó a que miles de barcos se abastecieran de su preciosa carga mineral en el norte chileno y cruzaran con ella el océano. Florecieron así cientos de explotaciones salitreras a lo largo y ancho de la faja desértica costera. El desierto híper árido no tenía nada para la subsistencia de los mineros pampinos. 

De allí entonces que había que proveerlos de todos los insumos necesarios en comestibles, vestimentas, herramientas, aguardiente y otras vituallas. Una de las necesidades básicas era carne fresca. La gran cuenca ganadera se encontraba al otro lado de la cordillera, en los valles húmedos y llanuras vegetadas del noroeste argentino. El problema era por un lado la distancia de unos 700 km entre las zonas ganaderas y las salitreras, y por otro la altura sobre el nivel del mar que superaba los 4000 m en cualquiera de los pasos cordilleranos. Por ello el traslado de ganado a pie era cosa seria y requería de hombres con unos corajes mayúsculos y duchos en las destrezas propias de los vaqueros. Fue así como se formó una elite de gauchos rudos, diestros en el manejo del caballo y del ganado. La cuestión era acompañar el traslado de las tropas de toros a los cuales se les colocaba herraduras para evitar que destrocen sus pezuñas en las rocas calientes y cortantes del desierto. Los toros que llegaban desde varios puntos del NOA se concentraban en el Valle de Lerma y desde allí partían por diferentes rutas, quebradas, abras y pasos al otro lado de la cordillera. Cruzar la Puna y la Alta 

Cordillera no era cosa fácil. 

Allí en las alturas el agua es mayormente salobre o salada, los pastos son duros, silíceos e incluso venenosos, las temperaturas bajan por debajo de cero grado en las noches, los vientos son secos y fríos, y entre ellos el famoso viento blanco puede congelar y hasta matar al desprevenido. Entre los hombres que apostaron al riesgo de ese duro trabajo se encontraba un gaucho salteño de excepcionales cualidades. Era don Antenor Sánchez del cual Juan Carlos Dávalos habla con admiración e inmortalizó en su famoso cuento titulado “El Viento Blanco”, uno de los clásicos de la literatura argentina. Comienza su cuento mentándolo en el inicio de la prosa cuando dice: “Antenor Sánchez dio la voz de alto. Disciplinado por seis días y cinco noches de viaje, la remesa detúvose al mismo tiempo que los arrieros”. Y luego sigue Dávalos, con pluma maestra, narrando las peripecias del duro trajinar de esos hombres callados que de golpe se encuentran con una fenomenal nevada que trae aparejada la desgracia a la tropa de hombres y animales. Antenor descubrió muy joven que tenía habilidades especiales con los caballos y así se lo expresó a su padre quién no estaba para nada contento con que dejara los estudios. Pronto dio muestras de una extraordinaria habilidad como domador, no solo en Salta sino también en Chile y en Buenos Aires.
 
Llevar remesas de ganado a Chile requería de hombres con características especiales y Antenor parecía hecho a medida. Por muchos años fue el arriero que trasladó miles de toros herrados a Chile de los cuales aún quedan muchas osamentas momificadas en las sendas saladas y arenosas de la Puna como un mudo testigo de aquellos tiempos de bravura y heroísmo. Antenor Sánchez dejó escrito un libro que hoy constituye una rareza para bibliófilos. Se trata de la obra “Apuntalando la Tradición: Amanse y arreglo de potros y mulas” (136 p), publicado en Salta en 1956 con fotos en blanco y negro del autor montando soberbios caballos, e incluso desfilando en la plaza 9 de Julio. 

Comienza la introducción diciendo “...entraña (el libro) las experiencias adquiridas en mi vida de hombre de campo, en la que me vi precisado a luchar a brazo partido con la naturaleza a la que había que vencer en sus distancias, en sus inclemencias representadas por sus fríos, sus calores, sus lluvias torrenciales, que provocaban grandes crecientes de ríos y arroyos, que había que vadearlos a caballo por falta de puentes, obligaban al gaucho a preparar sus cabalgaduras en una forma tal que le sea fácil vencer obstáculos y distancias, contando para ello con la educación dada a sus pingos”. En el libro hay poesías dedicadas a Antenor por Arturo Dávalos y Félix Sagasta, cartas de Juan Carlos Dávalos y Abel Mónico, textos de Alberto Córdoba y un relato anecdótico del Ing. Romeo M. Gaddi, que cuenta un viaje de cacería junto a Antenor, Arostegui y el Ing. Julio Mera. Por su enorme valor este libro debería ser reeditado. 

Antenor Sánchez, el mítico salteño y genuino representante de nuestra estirpe gaucha, está enterrado en el cementerio de Campo Quijano

A 61 AÑOS DEL BOMBARDEO DE LA MASÓNICA REVOLUCIÓN "LIBERTADORA"



El bombardeo de Plaza de Mayo, denominado también como Masacre de Plaza de Mayo, fue un suceso ocurrido un jueves 16 de junio de 1955. Ese día, un grupo de militares amotinados con el apoyo de comandos civiles arrojó sobre Plaza de Mayo, Casa Rosada y otras zonas cercanas, más de 10 toneladas de explosivos.


Tal acontecimiento fue respaldado entre otros, por el socialista Américo Antonio Ghioldi, hermano de los dirigentes comunistas Rodolfo y Orestes Ghioldi y funcionario durante la dictadura militar de 1976, el conservadorOscar Vichi y Miguel Zavala Ortiz, radical, abogado, político y Ministro de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Arturo Umberto Illia (1963-1966). Sobre este último es interesante agregar que además de participar en los bombardeos personalmente, realizó, mientras era canciller argentino, una serie de declaraciones para la Agencia Telegráfica Judía. En dicha entrevista dada para el periódico en julio de 1964, Ortiz negó que en Argentina "existiera alguna campaña antisemita" y dio como ejemplo entre la relación del gobierno y los ciudadanos judíos “la participación del Gran Rabino en los eventos oficiales, como invitado especial del gobierno en una misa de una catedral y en la ceremonia del desfile militar del 9 de julio junto con los ministros de las comunidades protestantes y católicas". "Les puedo asegurar que, si hay alguien en contra de los prejuicios en Argentina, son los líderes en el actual Gobierno", afirmó. Dijo a los judíos que “a lo largo de su vida, él se ha preocupado en la defensa de las minorías” y que era consciente que “la Argentina es la concentración judía más importante del mundo fuera de los Estados Unidos e Israel” y que además “tenía una invitación de larga data para visitar Israel”. Pero no terminan ahí las expresiones del tira bombas, miembro de la sinagoga radical. También dijo que Nahum Goldmann, presidente delCongreso Judío Mundial, "era un gran amigo" y que la situación judía en Argentina “había sido discutida largamente con él”.




Número de víctimas:
Enciclopedia Metapedia




Fuentes de la resistencia peronista estimaban 400 muertos. En 1965, un periodista de la revista “Extra”, informa que una vez que los combates habían terminado “en las inmediaciones de Plaza de Mayo yacían dos mil muertos”.




El comisario Rafael C. Pugliese, autor del Informe Policia, fechado el 22 de junio de 1955 declaró al presidente Juan Domingo Perón que los muertos eran 136, según los muertos que se hallaban en las morgues de los distintos hospitales. Los centros médicos que recibieron los muertos y heridos y ayudaron con la identificación del número de los fallecidos fueron: Asistencia Pública con 62 muertos, Argerich con 45 muertos, Rawson con 3 muertos, Clínicas con 7 muertos, Ramos Mejía con 7 muertos, Alemán con 2 muertos, Fernandez con 3 muertos, Policlínico del Ministerio de Hacienda con 3 muertos, Policlínico Militar con 2 muertos, Policlínico Rivadavia con 1 muerto y Morgue Judicial con 1 muerto.[10]De ese total 5 eran policías: oficial principal Alfredo Aulicino (jefe de la Sección personal del Dirección de Comunicaciones), subinspector Rodolfo Nieto (1a Sección Orden Político), agente José María Bacalja (1a Sección Taller Mecánico y Garage), agente Ramón Alderete (Cuerpo Policía de Tránsito) y el agente retirado César Augusto Puchulu.[11]Además de los policías muertos, hubo 44 militares rebeldes y leales muertos en los enfrentamientos.(Fuente)


En 2003 se publicó finalmente una lista con los nombres y apellidos de los más de 150 muertos. (Recién en 2003 se dio a conocer una lista con los nombres y apellidos de alrededor de 150 personas.» Los Malditos Excluidos de la Historia Oficial, Volumen II, Norberto Galasso, p. 443, Ed. Madres de Plaza de Mayo, 2005)


En su su libro El Último Peronista – La Cara Oculta de Kirchner (Grupo Editorial Argentina, 2012), el periodista Walter Curia considera que las víctimas fueron realmente 156 muertos y 846 heridos.

No obstante, el diario Clarín en 2015, incrementó el número de víctimas de nuevo a más de 350 muertos y 2.000 heridos. (Se cumplen 60 años del bombardeoa la Plaza de Mayo)




A 61 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN FUSILADORA ANTINACIONAL Y ANTICRISTIANA




Por: Javi Alessandro- Legión Católica


El punto más oscuro de la historia argentina.Entre los hechos del fatídico 16 de junio de 1955 se cuentan los siguientes delitos tipificados:
Robo de armamento, robo de aeronave, sustracción de automotor, bombardeo de ciudad abierta, sedición, incitación a la insurrección, asociación ilícita, sabotaje, terrorismo, ejecuciones, fusilamientos, profanaciones, subversión, fraticidio, infanticidio, alteración del orden constitucional, espionaje, traición a la patria, desabastecimiento, coacción, violación de todas las convenciones y tratados internacionales, fuga y agitación.


Todos y cada uno de los ejecutores civiles y militares, totalmente impunes. Sin justicia no hay futuro. ¡Gloria a los héroes, patriotas y víctimas de la masacre del 55!




ES UNA CUESTIÓN DE LENGUAJES


Iglesia de San Francisco, luego de su incendio


Por Ricardo B. Molina Figueroa


Cuando comentan, para justificar la masacre de unas cuatrocientas personas (civiles comunes y corrientes que al mediodía estaban o cruzaban la Plaza de Mayo), aduciendo que Perón se tiró contra la Iglesia, como para justificar y legitimar ese aberrante hecho, cumplo en informar que la Iglesia Católica Apostólica y Romana de la Argentina, desde bastante tiempo antes, estaba en contra de Perón.


Ya cité al .R P. José Antonio Sojo S. I., que llenaba la iglesia jesuita Del Salvador (Avda. Callao y Tucumán, C. F.), hasta tal punto, que por su prédica contra Perón, los "fieles católicos" cortaban, la Avda. y ni hablemos como se gestó (la lindísima) "Marcha de la Libertad", en los sótanos de la Basílica Nuestra Señora del Socorro (Suipacha y Juncal. C. F.).


Indudablemente en un mismo territorio se emplearon y se emplean aun hoy, dos lenguajes radicalmente opuestos: el nacional y el universal, mundialista, globalizador o del nuevo orden o como quiera llamarse, siendo expresiones de este último lenguaje: el katholikós, (universal); la masonería; el sionismo; el capitalismo internacional (llamado estúpidamente, ahora, neoliberalismo); el marxismo, con todas sus versiones variopintas de socialismo.


De hecho. la jerarquía eclesiástica argentina, se alineó con la nefasta "Unión democrática" como debía ser.


Si mal no recuerdo fueron unas nueve iglesias quemadas en el centro de Bs. As. y pregunto, si tanta fue la furia de los peronistas contra la Iglesia, ¿por qué no se quemaron iglesias en las localidades populosas? y como me dijo una vez un sacerdote ¿por qué no hubo su sólo curita tratando de apagar, aunque sea con un baldecito, el incendio de sus propios templos?.


No son dos idiomas distintos (que, por supuesto, es el mismo), sino dos lenguajes distintos y, repito: el nacional y el internacional.


Por supuesto que así como el lenguaje nacional de los federales, fue derrotado en el s. XIX, también, hoy, el lenguaje nacional fue derrotado definitivamente (por ahora), en la gloriosa gesta de Malvinas.


Esperanza: Ya vendrá otra oportunidad más, para que podamos defender nuestro criollismo, pero, antes, será necesario lavar los trapitos sucios en casa, tal como lo fuera haciendo Alejandro Magno, antes de enfrentarse y vencer al mayor imperio de su época, como fue el Imperio Persa.


LA REVOLUCIÓN “LIBERTADORA” Y LA MASONERÍA


A partir del año 1955 el movimiento masónico en Hispanoamérica toma un vigor inusitado. Existe un plan de vastos alcances. Es para adueñarse del poder social, político, económico y militar de las dependencias de servicio (los virreinatos del África Blanca). Y comenzaron por aquí, por el del Río de la Plata que, como siempre, es el conejillo de indias de los planes pilotos que fabrica e implementa la Patronal. Pero veámoslo mejor en esta secuencia cronológica que, con devoto cariño, he preparado:


23 de septiembre de 1955, Lonardi se instala como Jefe de la Involución Libertadora y pronuncia su Discurso-Programa de la Revolución Libertadora: allí se condensa, todo lo que no habría de hacer porque no quiso, no lo dejaron o porque antes lo echaron sin asco. Al cumplirse el 25° aniversario de este golpe de estado el Almirante Rojas explicó claramente, en su discurso pronunciado en el acto central llevado a cabo en Córdoba, que Aramburu y él no tenían ni tuvieron nada que ver con Lonardi, “ni pueden identificarse por ser antitéticos.” (Véase esta barbaridad en Marta Lonardi, Mi padre y la revolución del 55, Epílogo, pág. 303, Ed. Cuenca del Plata, Bs. As., 2 de octubre de 1980).


04 de octubre de 1955, un encumbrado cofrade de la masonería argentina le escribe a su jefe Fabián Onsari, residente a la sazón en Nueva York donde se encontraba recibiendo directivas, una curiosa carta que dice: “La Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, hizo un trabajo magnífico”, refiriéndose a la contribución hecha por la Iglesia para la caída de Perón. A esto no lo digo yo, varias veces tildado de fascista y de agente de la CIA. No. Lo dice un sacerdote ultra ortodoxo y antiperonista: el Padre Alberto J. Triana (Historia de la Masonería, pág. 324, Ed. Dedu, Buenos Aires, 11 de febrero de 1960. Aclaro: hay una edición de 1957 y otra de 1959).


07 de noviembre de 1955, Lonardi aprueba los Estatutos de la Masonería Argentina. Los católicos de aquel entonces dijeron que fue un error que le hicieron cometer al catolicísimo de don Ernesto. Pero cuando éste, supuestamente, se dio cuenta del fraude, no se enmendó ni nada parecido. Ni lo echó a su Ministro del Interior, el masón Busso que lo hizo meter la pata, ni su cofrade, el marxista y ácrata Muñiz (íntimo también de Lonardi) que entregó diarios, revistas, radios, escuelas, cooperativas y universidades a la pléyade bolchevique, porque decía estaban en manos de fascistas). Y los Estatutos entraron a regir hasta el día de hoy. Ninguno de los que vinieron le quisieron poner el cascabel a este gato por miedo de que se los coma crudos y sin aderezos.


13 de noviembre de 1955, después de la vergonzosa noche del 12 al 13 de noviembre y luego del veredicto dado por la Junta Consultiva sobre la persona de Lonardi, presidida por la británica Alicia Moreau de Justo, que votó la defenestración del Presidente (según lo cuenta Marta y Ernesto Lonardi en sendos libros), se instala el gobierno presidido por Aramburu y Rojas, ambos Grandes Maestres masones del Grado 33° en el REAAM.


17 de noviembre de 1955, La Masonería pide se reconozca su personería jurídica.


14 de diciembre de 1955, se otorga la Personería Jurídica a la Masonería Argentina con las firmas de Aramburu y de su ministro Laureano Landaburu.


15 de diciembre de 1955, Jordán Bruno Genta publica el que después será un clásico: ¿Democracia Cristiana o Masónica? Este antecedente es valioso. Porque Genta fue partidario de la Revolución Libertadora. Pero era un hombre honesto y un cristiano cabal. En dos meses ya había descubierto que la Revolución era una Involución.


23 de marzo de 1956, el Presidente Aramburu escribía un documento“comprometiendo su honor” a destruir “todos los vestigios de totalitarismo para restablecer el imperio de la moral, la justicia, del derecho, de la libertad y de la democracia”. Unos 106 días después de este “compromiso de honor”, haría fusilar a 33 personas sin causa formal ni debido proceso.


27 de julio de 1956, explota una bomba en el Templo Masónico de la calle Cangallo 1242. El Gran Secretario Alcibíades Lappas lo comunica a la afligida Gran Logia de Méjico con estas palabras: “Eso (la bomba) nos indica que estamos en la buena senda y debemos persistir.”


30 de julio de 1956, aparece el segundo trabajo de Jordán B. Genta intitulado "La masonería y el comunismo en la revolución del 16 de septiembre de 1955" que, en verdad, no deja títere con cabeza.


30 de agosto de 1956, para trabajar juntos “en la gran Obra” se suscribe un acuerdo entre la Gran Logia Argentina y el Gran Oriente Federal (GOFA), se hacen mutuas concesiones para unir la Gran Familia Masónica, ya en perfecto acuerdo con la Gran Logia Unida de Inglaterra.


12 al 14 de octubre de 1956, en Concepción, Chile, tiene lugar la Segunda Convención Nacional de la Asociación de Centros Femeninos de la masonería, a la que concurre una delegación argentina de señoras.Casualmente entre las enlistadas encontramos a la señora Mirtha Legrand, que un año atrás se quejaba de haber sido perseguida por el Régimen Depuesto porque no se quiso poner el luto por Evita. ¿Se acordará de esto doña Mirtha? Porque están los diarios y las revistas que la pueden ayudar en su desmemoria senil.


12 de diciembre de 1956, el Gran Oriente Federal Argentino (GOFA)ofrece un banquete fenomenal a la Gran Logia Argentina para sellar “fraternalmente” esta unión que quedó homologada definitivamente en 1957.


10 de diciembre de 1956, tiene lugar en La Habana, Cuba (Batista era el Presidente de Cuba y ya llevaba 30 años de masón), la Séptima Conferencia Internacional de los Supremos Consejos del Rito Escocés de Antiguos y Aceptados Masones (REAAM). Concurren 18 países; no acuden 7 pero envías delegados, entre ellos Argentina por la muerte del Gran Comendador Fabián Onsari que mandó a un jovencito llamado Ernesto Sábato, alias Nunca Más y antes invitado a las comilonas de mediodía con el dictador Videla; 4 asistieron como oyentes por no haber sido reconocidos formalmente por la Gran Logia de Inglaterra y 3 enviaron sus representantes (entre ellos la República Española en el exilio). Al finalizar se determinó que la próxima Conferencia se realizaría en 1961. Casualmente en ese año quedaría finiquitado el tema Frondizi y se iniciaría el de los cohetes de Nokita Kruschev. Una casualidad.


15 de diciembre de 1956, Jordán Bruno Genta publica la primera parte de "En defensa de la Ley y de la Patria". Evidentemente Genta les había declarado la guerra.


23 de abril de 1957, en la Tenida de “Confraternidad Masónica”, declarada en Asamblea, se cumple la incorporación definitiva del GOFA a la Gran Logia de la Masonería Argentina.


20 de diciembre de 1957, Jordán B. Genta publica la segunda parte de "En Defensa de la Ley y de la Patria". Con este trabajo Genta termina de desnudar a los septembrinos de 1955. Pero no es el único que los denuncia; también lo hicieron Antonio Castro, Fermín Chávez, Atilio García Mellid, Federico Ibarguren, Julio Meinvielle, Carlos D. Viale, Hugo Wast, José María Rosa, Pedro de Paoli, etc.


14 al 20 de abril de 1958, en Chile se realiza la Cuarta Conferencia Interamericana de la Masonería, bajo la Presidencia del Gran Maestre de la Masonería chilena, Aristóteles Berlendis Sturla, bajo la Observancia de las Grandes Logias de Inglaterra y los EE. UU. Argentina estuvo representada por su Gran Maestre Agustín Álvarez (que se suicidaría 60 días después).


17 de junio de 1958, se suicida el Gran Maestre de la Gran Logia Argentina, Agustín Álvarez, degollándose con una tijera que su señora usaba para hacerse los vestidos. Antes de morir había dicho que su muerte no ocasionaría perjuicios a la secta, porque “otro era el que empuñaba el mallete”. Pero no dijo quién era ni dónde estaba. Y como don Agustín era la máxima autoridad masónica en el país, pienso que el Malletero Mayor debía residir en el extranjero. ¿Tal vez en Inglaterra, en la persona del Príncipe Consorte y Duque de Edimburgo que la viene manejando desde 1953?


01 de enero de 1959, sale editada la Masonic Guide and Calender(Distrito Sudamérica) de la masonería inglesa. Por ella nos enteramos que en 1951 había 26 logias masónicas inglesas en la Argentina, dependientes directamente de Inglaterra, a cargo del Gran Maestre James William Sharpes. En 1959 estas logias quedaron a cargo del Gran Maestre Reginaldo W. Haxell. La Logia “enlace” era la George Canning “que mancomuna a los hermanos elegidos de una y otra jurisdicción”. En esta Guía aparece la lista de todos los argentinos que servían fielmente a Su Majestad en la logias británicas de 1950 a 1958. ¿Qué papel jugaron estas logias en 1955? ¿Y el 2 de abril de 1982, de qué lado estaban?


28 de febrero de 1959, en una Pastoral el Episcopado Argentino condena a la masonería (esta condena de un Episcopado es, prácticamente, única en el mundo).


08 de marzo de 1959, el Gran Maestre Ian Drysdale publica como respuesta al Episcopado una lista de próceres argentinos que pertenecieron a la masonería. En realidad, de la extensa lista (que después hiciera suya Alcibíades Lappas en su libro La Masonería Argentina a través de sus hombres), solamente se queja un descendiente de Benjamín Gorostiaga acusándolo de mentiroso (en una solicitada en el diario La Nación). El resto no. Parece que don Drysdale tenía razón: decía la verdad. Drysdale también era presidente o integrante de un centenar de empresas (“La Familia Masónica”), que según la Guía de Sociedades Anónimas de 1959 tenían un capital que sobrepasada los 5.000 millones de pesos. El 80% de esta inmensa fortuna, según el mismo documento, se habría hecho a partir de 1956. ¡Qué suerte! Ahora díganme: ¿vale o no vale la pena ser masón? Si tengo ganas de salir a buscar una logia para afiliarme, ¿no le parece? Y usted lector, ¿qué dice que está tan callado?

Fuente: Agrupación Aurora. Artículo publicado en 2009 porRespuesta Nacionalista


MATERIAL INÉDITO


El 27 de mayo de 2007, se encontró una película de medio metraje de 17 minutos de duración, en 16 mm con sonido óptico, Safety, filmada por un equipo cinematográfico francés. El equipo de filmación se encontraba en la capital argentina (Buenos Aires), tomando imágenes que no guardaban relación con este acontecimiento.


La película nunca fue estrenada ni en la Argentina ni en Francia, y contiene imágenes inéditas del bombardeo de Plaza de Mayo y permaneció oculta hasta que el periodista argentino Roberto Di Chiara logró descubrirla y recuperar con ella un testimonio de gran valor histórico. Mire la película en el siguiente enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=TWOfdqsMjDs


"HAY QUE MATAR A PERÓN" FUE LA CONSIGNA
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