Hace 60 años, el jueves 16 de junio de 1955, la oligarquía cometió una de las atrocidades más grandes de su historia contra el pueblo argentino. En el bombardeo a Plaza de Mayo masacraron a 360 personas, inaugurando una nueva etapa de violencia contra los sectores populares del país.
Días antes, el 11 de junio en la procesión de Coprus Cristi, que congregó a 250 mil personas, se quemó la bandera argentina, se izó la bandera del Vaticano y se rompió una placa recordatoria de Evita.
Participaron de esta procesión diversos sectores como Acción Católica, la Unión Cívica Radical, los comandos civiles, los conservadores y el Partido Socialista. La amplitud de la convocatoria se dio por quienes confrontaban con la idea de la separación de la Iglesia del Estado y la Ley de Divorcio establecidas por el gobierno de Juan Domingo Perón. Fue también una demostración de fuerzas por parte de los sectores opositores.
Por este motivo, el jueves 16 de junio se preparó un acto cívico-militar de desagravio a la bandera argentina. Pero a las 12:40 la población civil que concurría a sus trabajos y a sus colegios comenzó a ser bombardeada por aviones de la marina de guerra con la insignia “Cristo vence”.
La primera bomba cayó sobre un trolebús que llevaba estudiantes del interior del país, matando a todos en el acto. Como se puede ver en las fotografías que retrataron aquel día, las bombas caían sobre autos y en la Plaza Mayo sobre la población totalmente indefensa.
El general Perón, ya alertado, se refugió en el subsuelo del Ministerio de Guerra. Fuerzas del ejército leales al presidente se prepararon para responder el ataque. A las 13:30 el secretario adjunto de la CGT, Hugo Di Pietro, convocó a los obreros a tomar las armas y contrarrestar el ataque. Muchos de estos concurrieron, a pesar de que el general Perón planteó que la situación era cuestión de soldados.
Los trabajadores se armaron con lo que tenían: pistolas, viejas escopetas, palos y piedras, y fueron a la Plaza de Mayo para enfrentarse a las fuerzas de la Infantería de Marina. Esa infantería de marina que desde la perspectiva militar tenía que cumplir las tareas de desembarco, ya que era una fuerza de elite, se enfrentó a obreros y obreras que los combatían con lo que tenían. Soldados leales también contraatacaron obligaron a las fuerzas rebeldes a rendirse en el mismo Ministerio de Marina donde se encontraban sus dirigentes, capitanes y almirantes como Samuel Toranzo Calderon.
Para las 16 de ese día negro de junio de 1955, después de cuatro horas de bombardeos, se vio que el levantamiento no logró concretarse. Comenzó la rendición de los sublevados y los aviones que habían lanzado sobre la población civil 14 toneladas de bombas, se refugiaron en Uruguay.
En ese levantamiento también participaron sectores cívicos como empresarios, intelectuales (Mariano Grondona), sectores del Partido Socialista (Américo Ghioldi), sectores de la UCR (Miguel Ángel Zavala Ortiz), el Partido Demócrata Nacional (Adolfo Vicchi) y el Nacionalismo Católico (Mario Amadeo).
El objetivo era asesinar al presidente Perón, el saldo fueron 360 personas muertas y 700 heridas.
En su primer discurso luego de los bombardeos el presidente felicitó a los soldados leales, repudió a la marina de guerra y pidió calma a los trabajadores, planteando que contengan sus pasiones.
Tres meses después comenzó el levantamiento cívico-militar contra su gobierno que lo derrocó e instauró una dictadura Cívico-militar, comandada por Eduardo Lonardi, Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas.
Este acto de terrorismo abrió una etapa de fuerte represión contra los sectores populares en la Argentina. El mismo no es recordado con un feriado, a pesar de que es uno de los actos más infames de nuestra historia. En las cátedras de historia, todavía no es visto como un hecho que evidencia el carácter de la violencia abierta contra los sectores populares de ese momento. El bombardeo, además, da cuenta de las atrocidades que han sido -y son- capaces de generar las clases dirigentes en la Argentina y en América Latina.
A 60 años no hay detenidos ni encarcelados, a pesar de que es una agresión comparable con el bombardeo de los Nazis sobre Guernica, durante la Guerra Civil Española. Incluso peor si consideramos que no fue hecho en tiempos de guerra.
Un acontecimiento donde se condensó el odio por parte de los sectores dominantes contra los sectores populares. Un hecho necesario de rememorar. Es el ataque desde arriba, esa foto de la Plaza histórica ardiendo.
Francisco Malaspina
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