domingo, 10 de junio de 2012

La fuerza es el derecho de las bestias -Juan Domingo Perón


La fuerza es el derecho de las bestias

Juan Domingo Perón

(1956)

Capítulo I

“LA DEMOCRACIA SE HACE CON URNAS Y NO CON ARMAS”

I. PALABRAS PREVIAS

En este libro, deseo presentar un panorama sintético de la situación argentina, mostrando simple y objetivamente el reverso de una medalla de simulación, falsedad y calumnia.

Frente al azote inaudito de la dictadura militar, deseo mostrar cómo la fuerza puesta en manos de marinos y militares sin honor, puede llegar a ser el mayor peligro para el orden constitucional y la seguridad de la nación.

Presentar también el triste ejemplo de la Argentina, en la cual se ha despojado al pueblo de sus derechos esenciales, abatido al gobierno Constitucional elegido por el 70% del electorado, masacrado a sus obreros y establecido un régimen de terror. Demostrar que yo, en diez años de gobierno no costé una sola victima humana al país, en tanto la dictadura lleva sobre su conciencia la muerte de millares de argentinos. Que mientras yo preferí abandonar el gobierno antes de ver bombardeadas las ciudades indefensas, estos simuladores han torturado a numerosos ciudadanos, de los 15.000 presos políticos, sin causa ni proceso, que llenan las cárceles.

Deseo asimismo mostrar la verdad de esta simulación, donde un general temulento y ambicioso se nombra Presidente por decreto, luego por decreto se declara Poder Legislativo y asume también por su cuenta el Poder Judicial. Cómo estos simuladores de la libertad ocupan con tropas la redacción de los diarios, encarcelado y reemplazando su personal, al día siguiente de ponderar la libertad de prensa. Y muchas cosas más que evidencian la tragedia del pueblo argentino bajo la férula de una banda de asaltantes, Bandidos y asesinos.

El tremendo mal que estos hechos arrojan sobre el concepto y buen nombre de las fuerzas armadas de la República, no tiene remedio. Sin embargo, no todos los jefes y oficiales tienen la culpa. Por fortuna el Ejército ha permanecido fiel al deber, salvo casos excepcionales.

Cuando me refiero a los jefes y oficiales, lo hago sobre los que faltaron a la fe jurada a la Nación y en manera alguna a la Institución que no tiene nada que ver con ellos. Espero en cambio la reacción institucional en defensa de los prestigios comprometidos por los ambiciosos que la usaron en su provecho y beneficio personal.

En estas páginas no encontraréis retórica porque la verdad habla sin artificios. La dialéctica ha sido innecesaria porque la elocuencia de los hechos la superan. Mi elocuencia es la verdad expresada en el menor número de palabras.

No dispongo en la actualidad de un solo dato estadístico anotado. He recurrido sólo a mi memoria y al profundo conocimiento que poseo de mi país. Por eso he preferido hacer un libro ágil, al alcance de todos, informativo y crítico.

II. INTRODUCCIÓN

El arte de gobernar tiene sus principios y tiene sus objetivos. Los primeros conforman toda una teoría del arte, pero son sólo su parte inerte. La parte vital es el artista. Muchos pueblos eligen sus gobernantes convencidos de su acierto. La mayor parte de las veces se verán defraudados, porque el artista nace, no se hace.

Sin embargo, los objetivos son claros. El gobernante es elegido para hacer la felicidad de su pueblo y labrar la grandeza de la Nación. Dos objetivos antagónicos en el tiempo. Muchos obsesionados por la grandeza y apresurados por alcanzarla llegan a imponer sacrificios sobrehumanos a su pueblo. Otros preocupados por la felicidad del pueblo olvidan la grandeza. El verdadero arte consiste precisamente en hacer todo a su tiempo y armoniosamente, estableciendo una perfecta relación de esfuerzo para engrandecer al país sin imponer a la comunidad sacrificios inútiles. Es preferible un pequeño país de hombres felices a una gran nación de individuos desgraciados.

Al hombre es preferible persuadirle que obligarle. Por eso el verdadero gobernante es, además de conductor, un maestro. Su tarea no se reduce a conducir un pueblo sino también a educarlo.

Así como no podemos concebir un hombre sin alma, es inconcebible un pueblo sin doctrina. Ella da sentido a la vida y congruencia a los actos de la comunidad. Es el punto de partida de la educación del pueblo.

Sobre el concepto armónico de la relación, los gobiernos deben adoctrinar y organizar a las comunidades para reducirles en medio de la incomprensión de algunos y de los intereses de otros. Una legión de adulones lo influenciaron para desviarlo y otra de enemigos para detenerle. Esa es la lucha. Saber superarla no es cosa simple. Para lograrlo el pueblo es el mejor aliado, sólo él encierra los valores permanentes, todo lo demás es circunstancial.

La violencia en cualquiera de sus formas no afirma derecho sino arbitrariedades. Recurrir a la fuerza para solucionar situaciones políticas es la negación absoluta de la democracia. Una revolución aun triunfante no presupone sino la sin razón de la fuerza. El gobierno se ejerce con la razón y el derecho. Doblegar violentamente a la razón y al derecho es un acto de barbarie cometido contra la comunidad. Recurrir al pueblo es el camino justo. Un gobierno es bueno cuando la mayoría así lo afirma. Las minorías tendrán su influencia pero no las decisiones, que corresponden a la mayoría. Una minoría entronizada en el gobierno mediante el fraude o la violencia constituye una dictadura, arbitraria y la antítesis de todo sentido democrático.

Un flajelo político del que aun no estamos exentos, son las dictaduras militares. Producto de la traición de la fuerza, confiada a menudo a la ambición de los hombres. Su destino es siempre el mismo: llegan con sangre y caen con ella o por el fruto de su propia incapacidad prepotente. La soberbia de la ignorancia no tiene límites.

Hombres inexpertos, faltos de capacidad y a menudo de cultura, caen pronto en las demasías de la fuerza. No atinan a la persecución porque la consideran una debilidad. Una legión de ignorantes ambiciosos y venales ejercen el mando. Otra legión de adulones y alcahuetes les rodea y les aplaude para sacar ventajas: eso es un gobierno militar.

A menudo se cree que una dictadura militar es un gobierno fuerte. El único gobierno fuerte es el del pueblo. El de los militares es sólo un gobierno de fuerza.

La escuela del mando difiere totalmente de la escuela del gobierno. Un militar sólo puede ser gobernante si es capaz de arrojar por la ventana al general que lleva adentro, renunciar a la violencia y someterse al derecho.

Generalmente los gobiernos militares de facto son dictaduras, son masacres y fusilamientos. Es consecuencia del predominio del derecho de las bestias ancestralmente viviente en la subconciencia de los individuos que desconocen o desprecian al derecho de los hombres.

Normalmente esta clase de “dictaduras profesionales” por ambición de poder y de mando comienzan como el pescado, a descomponerse por la cabeza. Una serie de golpes de estado produce sucesivamente desplazamiento hasta que aparece un Marat, generalmente el peor de todos, encargado por la Providencia para producir el epílogo.

En la tarea de hacer feliz al pueblo y labrar la grandeza de la Patria, el gobierno debe empezar por equilibrar lo político, lo social y lo económico. Las dictaduras militares comienzan desequilibrando lo político con la revolución, luego en el gobierno, como un elefante en un bazar, lo destruyen todo. Las consecuencias aparecen pronto. El caos se presenta por desequilibrio, entonces el fin está cercano.

Los hombres de las dictaduras militares, están siempre “enfermos de pequeñas cosas”. Miran unilateralmente y ven sólo un pequeño sector del panorama. Ignoran que el éxito no es parcial ni se elabora sólo con aciertos. No saben que el éxito es un conjunto de aciertos y desaciertos donde los primeros son más que los segundos. Es que las “pequeñas cosas” constituyen los dominios del bruto.

La técnica moderna de la propaganda y la guerra psicológica ha puesto en sus manos un nuevo instrumento: la infamia. Así estos gobiernos han agregado a la brutalidad de la fuerza un nuevo factor, el de la insidia, la calumnia, y la diatriba. Con ello, si han descendido en la fuerza han descendido mucho más en la dignidad.

La revolución argentina del 16 de septiembre de 1955 y su incestuoso producto, la dictadura militar, no han escapado a ninguna de las reglas de esta clase de abortos políticos. Ellos necesitan explicar una revolución injustificable. Como no encuentran en los actos de gobierno ni en las acciones administrativas nada que pueda darle pie ni siquiera a sus falsedades, se han dedicado a denigrar a nuestros hombres mediante la calumnia personal.

Una escandalosa campaña publicitaria de calumnias y de injurias ha sido lanzada para destruir nuestro prestigio y vulnerar nuestro predicamento en las masas populares. Allí es donde comprobamos hasta dónde pueden descender los hombres cuando la pasión ciega su razón, el impulso anula su reflexión y la palabra llega a adelantarse al pensamiento.

Todo es ataque personal, preferentemente íntimo. Se investiga para la publicidad. No se han ocupado de nada que presupongan las anunciadas irregularidades administrativas. Todo se ha reducido a asaltar y saquear nuestras casa y mencionar lo que poseemos sin interesarles si es bien o mal habido.

Su afán de substraer toda investigación a la justicia demuestra el fin perseguido. Ellos saben que substraer un juicio de sus jueces naturales es un vicio de insanable nulidad por disposición constitucional. ¿Qué persiguen entonces con esas investigaciones inconstitucionales?, simplemente difamar, calumniar, destruir.

En nuestro país no lo conseguirán porque el pueblo conoce la verdad. En el extranjero es menester explicarlo, porque no se nos conoce. Lo hacemos a través de este libro aunque para ello debamos “chapalear en la inmundicia”. No siempre nos es dado elegir. Asombra que tanta infamia deba ser comentada, pero, a veces el corazón del hombre se impresiona en la falsedad cuando no encuentra la verdad para creer.

Asunción. Declaraciones del 5 de octubre de 1955

Formuló declaraciones a la United Press el ex Presidente Perón

Nueva York, 5 (UP). – En el servicio central de New York la United Press transmitió el texto íntegro de las declaraciones que el ex presidente argentino, general Juan Perón, hizo al gerente de la oficina de la Agencia en Paraguay, Germán Chávez.

El siguiente es el texto de las preguntas hechas por el corresponsal de la United Press, y las respuestas del general Perón.

P. ¿Puede, el señor general, dar una información sobre los sucesos políticomilitares argentinos, que culminaron con su renuncia a la presidencia de la Nación?

R. – Estallada la revolución, el día 18 de septiembre la escuadra sublevada amenazaba con el bombardeo de la ciudad de Buenos Aires y de la destilería de Eva Perón, después del bombardeo de la ciudad balnearia de Mar del Plata. Lo primero, de una monstruosidad semejante a la masacre de la Alianza; lo segundo, la destrucción de diez años de trabajo y la pérdida de cientos de millones de dólares. Con ese motivo, llamé al Ministro del Ejército, General Lucero, y le dije: “Estos bárbaros no sentirán escrúpulos en hacerlo, yo no deseo ser causa para un salvajismo semejante”. Inmediatamente me senté al escritorio y redacté la nota que es de conocimiento público y en la que sugería la necesidad de evitar la masacre de gente indefensa e inocente, y el desastre de la destrucción, ofreciendo, si era necesario, mi retiro del gobierno. Inmediatamente la remití al General Lucero quién la leyó por radio, como Comandante en Jefe de las fuerzas de represión, y la entregó a la publicidad. El día 19, de acuerdo con el contenido de la nota, el Ministro Lucero formó una junta de generales, encargándole de discutir con los jefes rebeldes la forma de evitar un desastre. Esta junta de generales se reunió el mismo día 19 e interpretó que mi nota era una renuncia. Al enterarme de semejante cosa llamé a la residencia de los generales y les aclaré que tal nota no era una renuncia sino un ofrecimiento que ellos podrían usar en las tratativas. Le aclaré que si fuera renuncia estaría dirigida al Congreso de la Nación y no al Ejército ni al Pueblo, como asimismo, que el presidente constitucional lo era hasta tanto el Congreso no le aceptara la renuncia. La misión de la junta era sólo negociadora. Tratándose de un problema de fuerza, ninguno mejor que ellos para considerarlo, ya que, si se tratara de uno de opinión, lo resolvería yo en cinco minutos. Llegados los generales al Comando de Ejército según he sabido después, tuvieron una reunión tumultuosa en la que la opinión de los débiles fue dominada por los que ya habían defeccionado. Esa misma madrugada, del 20 de septiembre, fue llamado mi Ayudante, Mayor Gustavo Renner, al comando, y allí el General Manni le comunicó en nombre de los demás que la junta habían aceptado la renuncia (que no había presentado) y que debía abandonar el país en ese momento. En otras palabras, los generales se habían pasado a los rebeldes y me imponían el destierro.

Las causas a que atribuye el estallido revolucionario

P. ¿A qué causas atribuye el estallido revolucionario? ¿Cree usted que influyó para ello el conflicto con la iglesia? ¿Y el contrato sobre la explotación petrolífera?

R. – Las causas son solamente políticas. El móvil, la reacción oligarcoclerical para entronizar al “conservadorismo” caduco. El medio, la fuerza movida por la ambición y el dinero. El contrato petrolífero, un pretexto de los que trabajan de ultranacionalistas “sui generis”.

P. ¿Estaba en gobierno del señor general en antecedentes de la conspiración dirigida por el General Lonardi y otros jefes militares? ¿Es exacto, que la marina de guerra, prácticamente, estuvo en actitud de rebeldía desde el 16 de junio último?

R. – El gobierno estaba en antecedentes desde hacía 3 años. El 28 de septiembre de 1951 y el 16 de junio de 1955 fueron dos brotes abortados. No quise aceptar fusilamientos y esto les envalentonó. Si la marina fue rebelde desde el 15 de junio, lo supo disimular muy bien, pues nada lo hacía entender así.

P. – El señor general en su carta renuncia del 19 de septiembre, decía que quería evitar pérdidas inestimables para la nación. ¿Con las fuerzas leales a su gobierno, podría haber prolongado la lucha? ¿Con probabilidades de éxito?

R. – Las probabilidades de éxito eran absolutas, pero para ello, hubiera sido necesario prolongar la lucha, matar mucha gente y destruir lo que tanto nos costó crear. Bastaría pensar lo que habría ocurrido si hubiéramos entregado las armas de nuestros arsenales a los obreros que estaban decididos a empuñarlas. Siempre evité el derramamiento de sangre por considerar este hecho como un salvajismo inútil y estéril entre hermanos. Los que llegan con sangre con sangre caen. Su victoria tiene siempre el sello imborrable de la ignominia, por eso los pueblos, tarde o temprano, terminan por abominarlos.

P. – Se ha publicado que la Alianza Nacionalista constituía una especie de fuerza de choque. ¿Qué hay de cierto en esto?

R. – La Alianza Nacionalista era un partido político como los demás, combativo y audaz; compuesto por hombres jóvenes, patriotas y decididos. Eso era todo. El odio hacia esa agrupación política no difiere del odio que esta gente ha demostrado por los demás. El espíritu criminal, cuando existe voluntad criminal, es más bien cuestión de ocasión para manifestarse. Por eso la masacre de la Alianza es producto de un estado de ánimo y de una ocasión.

No está en condiciones de ir a Europa. Quedará en el Paraguay

P. ¿Exactamente a las 8 del martes 20 buscó usted refugio en la embajada del Paraguay? ¿Es verdad que el señor general pasó la noche anterior y toda la madrugada del 20 en la residencia presidencial?

R. – Es exacto.

P. ¿Considera usted que en la actual situación política argentina el partido peronista podrá desarrollar sus actividades? ¿Cree usted que la CGT mantendrá su anterior estructura y organización? ¿Qué opina el señor general de la orientación futura de los sindicatos obreros?

R. – El partido peronista tiene a todos sus dirigentes presos, perseguidos o exiliados. En esta forma está proscripto. La masa sigue firme y difícilmente podrá nadie conmoverla.

P. ¿Qué planes tiene usted para el futuro? ¿Es verdad que proyecta ir a Europa, y radicarse temporalmente en España, Italia o Suiza? Si es así, ¿cuándo proyecta viajar a Europa?

R. – Permaneceré en el Paraguay, primero, porque amo profundamente a este pueblo humilde pero digno, compuesto de hombres libres y leales hasta el sacrificio. Segundo, porque entre mis honores insignes tengo el de ser ciudadano y General del Paraguay, y tercero, porque me gusta. A Europa no pienso ir porque no es necesario y porque no tengo dinero suficiente para hacer el turista en estos momentos, a pesar de la riqueza que me atribuyen mis detractores ocasionales.

Si volviera a actuar en política regresaría a la Argentina

P. – Lógicamente hay gran expectativa sobre sus futuras actividades, señor general. ¿Piensa usted permanecer al frente de la jefatura del partido peronista?

R. – Dicen que un día el Diablo andaba por la calle se descargó una tremenda tormenta. No encontrando nada abierto para guarecerse, se metió en la iglesia que tenía su puerta entornada y, dicen también, que mientras el Diablo estuvo en la iglesia se portó bien. Yo haré como el Diablo, mientras esté en el Paraguay honraré su noble hospitalidad. Si algún día se me ocurriera volver a la política me iría a mi país y allí actuaría. Hacer desde aquí lo que no fuera capaz de hacer allí no es noble ni es peronista. El partido peronista tiene grandes dirigentes y una juventud pujante y emprendedora ya sea entre sus hombres como entre sus mujeres. Han “desensillado hasta que aclare”. Tengo profunda fe en su destino y deseo que ellos actúen. Ya tienen mayoría de edad. Les dejé una doctrina, una mística y una organización. Ellos la emplearán a su hora. Hoy imperan la dictadura y la fuerza. No es nuestra hora. Cuando llegue la contienda de opinión, la fuerza bruta habrá muerto y allí será la ocasión de jugar la partida política. Si se nos niega el derecho de intervenir habrán perdido la batalla definitivamente. Si actuamos, ganaremos como siempre por el 70% de los votos.

P. – El gobierno provisional argentino ha hecho declaraciones diciendo que implantará un régimen de libertad y democracia. ¿Cree usted que todos los partidos políticos inclusive el peronista, podrán actuar libremente?

R. – La libertad y la democracia basada en los cañones y en las bombas no me ilusionan, lo mismo que las declaraciones del gobierno provisional. Yo ya conozco demasiado de estos gobiernos que no basan su poder en las urnas sino en las armas. La persecución despiadada y la difamación sistemática no abren buenas perspectivas a una pacificación. De modo que creo lo peor. Dios quiera que me equivoque. Ello sólo sería, si esta gente cambiara diametralmente, lo que dudo suceda.

P. – Cualquier manifestación del señor General, la United Press tendrá mucho gusto en difundir en más de 5.000 diarios y estaciones radiotelefónicas que en todo el mundo tiene el servicio de esta Agencia de noticias.

R. – Por lo que hemos podido escuchar, cuanto sostiene el gobierno de facto es falso por su base. No podrían justificar su revolución ante el Pueblo. Ya en sus declaraciones comienzan por confesar ingenuamente que harán lo que nosotros hemos hecho y respetarán nuestras conquistas sociales. Si son sinceros es un reconocimiento tácito, si no lo son, peor aún.

Nosotros representamos el Gobierno Constitucional elegido en los comicios más puros de la política argentina en toda su historia. Ellos son sólo los usurpadores del poder del Pueblo. Si llamaran a elecciones libre, como las que aseguramos nosotros, las volveríamos a ganar por el 70% de los votos. ¿Cómo entonces pueden ellos representar la opinión pública?

Esta revolución, como la de 1930, también septembrina, representa la lucha entre la clase parasitaria y la clase productora. La oligarquía puso el dinero, los curas la prédica y un sector de las fuerzas armadas, dominadas por la ambición de algunos jefes, pusieron las armas de la República. En el otro bando están los trabajadores, es decir el Pueblo que sufre y produce. Es su consecuencia una dictadura militar de corte oligarcoclerical y ya sabemos a dónde conduce esta clase de gobierno.

Que es una democracia y que enarbola banderas de libertad, sólo el gobierno uruguayo y a sus diarios y radios alquilados puede ocurrírsele semejante barbaridad.

Si la democracia se hiciera con revolucionarios para burlar la voluntad soberana del Pueblo, yo sería cualquier cosa menos democrático. El tiempo dará la respuesta a los insensatos que puedan aún creerlo. Conozco a la gente ambiciosa desde hace muchos años y yo he de equivocarme fácilmente en el diagnóstico.

Yo hubiera permanecido en Buenos Aires, si en mi país existiera la más mínima garantía, porque no tengo nada de qué acusarme, pero, frente a hombres que el 16 de junio intentaron asesinar al Presidente de la Nación mediante el bombardeo aéreo sorpresivo sobre la Casa de Gobierno, ya que fueron capaces de masacrar a cuatrocientas personas bombardeando e incendiando el edificio de la Alianza, donde había numerosas mujeres y niños, ¿qué podemos esperar los argentinos?

Desea aclarar el asunto, su testamento, donaciones

En presencia de la vil calumnia que ya comienza a hacerse presente, como de costumbre, desde Montevideo, deseo aclarar el asunto de mis bien para conocimiento extranjero, porque en mi Patria saben bien los argentinos cuales son.

Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer período de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón. Los sueldos del segundo período los devolví al Estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece a mi señora, construida antes de que yo fuera elegido por primera vez. Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país. Poseo además los bienes, que por la testamentaría de mi señora me correspondes, y que consisten en los derechos de autor del libro “La razón de mi vida”, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que don Alberto Dodero hizo en su testamento a favor de Eva Perón. Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifica mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él.

A mí no me interesó nunca el dinero ni el poder. Sólo el amor al Pueblo humilde, a quien serví con lealtad, me llevó a realizar cuanto hice. Con los bienes de mi señora, que, por derecho sucesorio me corresponden íntegramente, instituí la Fundación Evita, nueva entidad destinada a dar albergue a estudiantes pobres que debían estudiar en Buenos Aires. La mayor parte de los regalos que recibí, los destiné siempre a premios para pruebas deportivas de los muchachos pobres y de los estudiantes. Me complacería si el nuevo presidente de facto hiciera lo mismo, agregando que, en mi testamento, lego todos mis bienes a la Fundación Evita al servicio del Pueblo y de los pobres.

Durante diez años he trabajado sin descanso para el Pueblo y, si la historia pudiera repetirse, volvería a hacer lo mismo porque creo que la felicidad del pueblo bien vale el sacrificio de un ciudadano.

No piensa seguir la política. La situación cuando tomó el poder

Mi gran honor y mi gran satisfacción son el amor del pueblo humilde y el odio de los oligarcas y capitalistas de mala ley, como también de sus secuaces y personas que, por ambición y por dinero, se han puesto a su servicio.

Solo y a mis años, ya he aprendido el reducido valor de la demasía del dinero. Las investigaciones me tienen sin cuidado porque, sí se hacen bien, probarán mi absoluta honradez, y si se hacen mal serán viles calumnias como las que se lanzan hoy sin investigar nada. Yo estoy en paz con mi conciencia y no me perturbarán las inconciencias ajenas.

No pienso seguir en la política porque nunca me interesó hacer el filibustero o el malabarista y, para ser elegido presidente constitucional no hice política alguna. Me fueron a buscar, yo no busqué serlo. Ya he hecho por mi pueblo cuanto podía hacer. Recibí una colonia y les devuelvo una patria justa, libre y soberana. Para ello hube de enfrentar la infamia en todas sus formas, desde el imperialismo abierto hasta la esclavitud disimulada.

Cuando llegué al gobierno, en mi país había gente que ganaba veinte centavos por día y los peones diez y quince pesos por mes. Se asesinaba a mansalva en los ingenios azucareros y en los yerbales con regímenes de trabajo criminal. En un país que poseía 45 millones de vacas sus habitantes morían de debilidad constitucional. Era un país de toros gordos y de peones flacos.

La previsión social era poco menos que desconocida y jubilaciones insignificantes cubrían sólo a los empleados públicos y a los oficiales de las fuerzas armadas. Instituímos las jubilaciones para todos los que trabajan, incluso los patrones. Creamos las pensiones a la vejez y a la invalidez desterrando del país el triste espectáculo de la miseria en medio de la abundancia.

Legalizamos la existencia de la organización sindical declarada asociación ilícita por la justicia argentina y promovimos la formación de la Confederación General del Trabajo con seis millones de afiliados cotizantes.

Las construcciones realizadas; lo que ha dejado

Posibilitamos la educación y la instrucción absolutamente gratuita para todos los que quisieran estudiar, sin distinción de clase, credo y religión y sólo en ocho años construimos ocho mil escuelas de todos los tipos.

Grandes diques con sus usinas aumentaron el patrimonio del agro argentino y más de 35.000 obras públicas terminadas fue el esfuerzo solamente del primer plan quinquenal de gobierno, entre ellas el gasoducto de 1.800 kilómetros, el aeropuerto Pistarini, la refinería de petróleo de Eva Perón (que querían bombardear los rebeldes a pesar de costar 400.000.000 de dólares y diez años de trabajo), la explotación carbonífera de Río Turbio y su ferrocarril, más de veinte grandes usinas eléctricas, etc. etc.

Cuando llegué al gobierno ni los alfileres se hacían en el país. Los dejo fabricando camiones, tractores, automóviles, locomotoras, etc. Les dejo recuperados los ferrocarriles, los teléfonos, el gas, para que los vuelvan a vender otra vez. Les dejo una marina mercante, una flota aérea, etc. ¿A qué voy a seguir? Esto lo saben mejor que yo todos los argentinos.

Ahora espero que el Pueblo sepa defender lo conquistado contra la codicia de sus falsos libertadores. Esta será una prueba de fuego para el Pueblo Argentino y deseo que la pase solo y solo sepa defender su patrimonio contra los de afuera y contra los de adentro. Yo ya tengo bastante con estos diez años de duro trabajo, sinsabores, ingratitudes y sacrificios de todo orden. El Pueblo conoce a sus verdaderos enemigos. Si es tan tonto que se deja engañar y despojar, suya será la culpa y suyo será el castigo.

No se arrepiente de haber desistido luchar

He dedicado mi vida al País y al Pueblo. Tengo derecho a mi vejez. No deseo andar dando lástima como le sucede a algunos políticos argentinos octogenarios.

Preveo el destino de este gobierno de facto. El que llega con sangre, con sangre cae. Y esta gente no sólo ha ensangrentado sus manos, sino que terminará tiñendo con ella su conciencia.

Yo acostumbro a perdonar a mis enemigos y los perdono. Pero la historia y el Pueblo no perdona tan fácilmente, a ellos les encomiendo la justicia que siempre llega.

Yo no me arrepiento de haber desistido de una lucha que habría ensangrentado y destruido al país. Amo demasiado al Pueblo y hemos construido mucho en la Patria para no pensar en ambas cosas. Sólo los parásitos son capaces de matar y destruir lo que no son capaces de crear.

Al Gobierno y al Pueblo paraguayo mi gratitud por una conducta que ya le conocemos los que hemos penetrado la grandeza de su dignidad humilde frente a la soberbia de la insolencia.

En nombre del Pueblo humilde de mi Patria, la Argentina, que lucha todos los días por su grandeza, presento al Pueblo paraguayo mi desagravio por los actos insólitos presenciados durante mi asilo. Algún día el verdadero Pueblo argentino tendrá ocasión de reafirmarme.

Capítulo II

ANTECEDENTES

I. LAS VEINTE VERDADES DEL JUSTICIALISMO

Como un catecismo justicialista se extractaron las verdades esenciales de nuestra doctrina, las que fueron leídas personalmente por mí el 17 de octubre del año 1950 desde los balcones de la Casa de Gobierno. Ellas son las siguientes:

1. La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el Pueblo quiere y defiende un solo interés: el del Pueblo.

2. El justicialismo es esencialmente popular. Todo circulo político es antipopular y, por lo tanto, no es justicialista.

3. El justicialista trabaja para el movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo o a un hombre o caudillo, los es sólo de nombre.

4. No existe para el justicialismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.

5. En la Nueva Argentina el trabajo es un derecho, que crea la dignidad del hombre, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.

6. Para un justicialista no puede haber nada mejor que otro justicialista.

7. Ningún justicialista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un justicialista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.

8. En la acción política de escala de valores de todo justicialista es la siguiente: primero la Patria, después el movimiento y luego los hombres.

9. La política no es para nosotros un fin, sino sólo el medio para el bien de la Patria que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.

10. Los dos brazos del justicialismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos le damos al Pueblo un abrazo de justicia y de amor.

11. El justicialismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes, pero no mártires.

12. En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños.

13. Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el peronismo tiene su propia doctrina política, económica y social: el Justicialismo.

14. El justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, practica, popular, profundamente cristiana y profundamente humana.

15. Como doctrina política, el justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad.

16. Como doctrina económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.

17. Como doctrina social, el justicialismo realiza la justicia social, que da a cada persona su derecho en función social.

18. Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

19. Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un Pueblo libre.

20. En esta tierra, lo mejor que tenemos es el Pueblo.

II. LA TERCERA POSICIÓN DOCTRINARIA

Para nosotros los justicialistas el mundo se divide hoy en capitalistas y comunistas en pugna: nosotros no somos ni lo uno, ni lo otro. Pretendemos ideológicamente estar fuera de ese conflicto de intereses mundiales. Ello no implica de manera alguna que seamos en el campo internacional, prescindentes del problema.

Pensamos que tanto el capitalismo como el comunismo son sistemas ya superados por el tiempo. Consideramos al capitalismo como la explotación del hombre por el capital y al comunismo como la explotación del individuo por el Estado. Ambos “insectifican” a la persona mediante sistemas distintos. Creemos más; pensamos que los abusos del capitalismo son la causa y el comunismo el efecto. Sin capitalismo el comunismo no tendría razón de ser, creemos igualmente que, desaparecida la causa, se entraría en el comienzo de la desaparición del efecto.

Esto lo hemos probado durante los ocho años de nuestro gobierno en que, el Partido Comunista en nuestro país, alcanzó su mínima expresión. Para ellos nos bastó suprimir los abusos del capitalismo procediendo por evolución en los sistemas económicos y sociales.

Es indudable también que esta revolución reaccionaria, al destruir parte de nuestras conquistas y volver a los viejos sistemas, traerá consigo un recrudecimiento del comunismo en la Argentina. El comunismo es una doctrina y las doctrinas sólo se destruyen con una doctrina mejor. La dictadura militar con su sistema de fuerza y arbitrariedad pretenderá destruir con la fuerza lo que es necesario tratar con inteligencia. Ni la policía, ni el ejercito son eficaces en este caso. Una justicia social racionalmente aplicada es el único remedio eficaz y, los militares entienden muy poco de esto. Menos entenderán aún estando como están en manos del más crudo reaccionarismo conservador y clerical.

Nuestra doctrina ha elaborado consecuentemente con la concepción ideológica toda una técnica de lo económico y lo social, como asimismo en lo político.

En lo económico abandonamos los viejos moldes de la “economía política” y los reemplazamos por la “economía social” donde el capital está al servicio de la economía y ésta al del bienestar social. En lo social el justicialismo se basa en la justicia social a base de dar a cada individuo la posibilidad de afirmar su derecho en función social. Se capitaliza al Pueblo y se da a cada uno la posibilidad de realizar su destino, de acuerdo a sus calidades y cualidades, dentro de una comunidad que realiza a sí mismo por la acción de todos. En lo político buscamos congruentemente, el equilibrio entre el derecho del individuo y el de la comunidad.

Yo puedo afirmar que el pueblo Argentino es justicialista y que las conquistas alcanzadas no pueden ser destruidas por la reacción. Nuestra doctrina sólo podría ser superada por otra doctrina mejor y, en la reacción, no veo hombres capaces de construir nada permanente.

En cambio creo que la lucha se ha desencadenado en el Pueblo argentino, a raíz del establecimiento de la dictadura militar oligarcoclerical, será una tonificación para nuestro movimiento justicialista. La historia prueba que las doctrinas, para triunfar, necesitan ser combatidas. Ello las fortalece y las extiende. Si los cristianos no hubieran sido arrojados al circo, quizá el cristianismo no habría llegado al siglo XX.

Nuestro movimiento es doctrinario. Podrán destruir nuestras estatuas y aun nuestras instituciones, pero, no lograrán neutralizar los sentimientos y la convicción de muchos millones de justicialistas convencidos, místicos y aun fanáticos.

III. EL GOBIERNO JUSTICIALISTA, SU DOCTRINA Y ORGANIZACIÓN

El gobierno justicialista, realizado por nosotros durante ocho años que siguieron al caos provocado por la revolución del 4 de junio de 1943, de semejantes características a la actual, sin contenido político, económico ni social, ha dado a la República Argentina una fisonomía propia, con caracteres originales.

Alcanzamos el gobierno mediante las elecciones más limpias y puras de que haya memoria en la historia argentina. En ellas vencimos a una coalición de todos los demás partidos, conjuncionados en el más heterogéneo y abigarrado maridaje político, en el que marchaban del brazo por las calles los representantes de la más cruda oligarquía conservadora con los socialistas y comunistas.

Nuestra acción de gobierno constitucional desde 1946 hasta 1951 se realizó dentro de nuestra concepción doctrinaria y el primer plan quinquenal del gobierno arrojó un saldo tal que debí aceptar la imposición popular de presidir un segundo gobierno. Las elecciones se realizaron en 1951, contra las mismas fuerzas que se nos habían puesto en 1945, es decir, todos los demás partidos políticos unidos. Estas elecciones tan puras como las anteriores, controladas por el Ejército, fueron, como las anteriores, elogiadas en su pureza por los propios adversarios. En ellas obtuvimos el setenta por ciento de la totalidad de los sufragios. En algunas provincias llegamos a obtener hasta el noventa y cinco por ciento de los sufragios totales.

Así iniciamos el segundo período de gobierno ante una oposición enconada por la impotencia donde, como en el primer período, se mantenían unidos conservadores, radicales, socialistas y comunistas. Frente a la imposibilidad de vencernos en los comicios comenzaron a conspirar abiertamente. En esa conspiración fueron alentados por el Gobierno Uruguayo que descaradamente les ayudó para establecer en Montevideo su cuartel general, desde donde se dirigió todo el movimiento, utilizando los propios elementos del gobierno de ese país.

Abundantes fondos aportados por Bemberg, Lamuraglia, Gainza, Paz y otros, comenzaron a conmover la pasividad de los jefes de la Marina, Aeronáutica y Ejército, afortunadamente muy pocos del Ejército. Poniendo en práctica la afirmación napoleónica de que “todos los hombres tienen precio, es cuestión de encontrarlo” comenzó la difícil tarea de “conocerlos”. Poco a poco el dinero hizo su efecto y se consiguió conmover la disciplina, haciendo que los indecisos tomaran partido. No les importó el juramento prestado al país, ni el sagrado deber militar. Indudablemente, para ciertos hombres, hay factores materiales que gravitan más fuertemente que el honor, el deber y la conciencia. ¡Al fin hombres, nada más que hombres!

Esta es la simple y vulgar historia de una traición a la República, consumada como todas las traiciones móviles deleznables por hombres también deleznables. Entre ellos puede tal vez haber algún idealista engañado que constituya la excepción confirmatoria de la regla, pero, aún en ese caso, no se justifica la traición solapada.

El hecho es que se presencia aquí el insólito caso de un gobierno constitucional, elegido por la inmensa mayoría del Pueblo, derribado mediante un cuartelazo artero y traidor. Los que hablan de la democracia debían sentir rubor de nombrarla frente a semejante aberración. Sin embargo, tan poca es la vergüenza de cierta gente y tan grande su cinismo y su mala fe, que concientemente son portadores del encomio vergonzoso a una dictadura de ignorantes asesinos, en nombre de la justicia que escarnecen, de la libertad que humilla y de la democracia que pisotean.

Se ha traicionado a un país, se ha defraudado a un pueblo, se han escarnecido todos los principios y aún hay hombres tan malos y tan mentirosos que llenan hojas con el elogio a los malvados y las loas a una tiránica dictadura de hombres obscuros al servicio del sucio dinero de una traición. ¡Pobre justicia, pobre libertad y pobre democracia!

Otros “demócratas” callan con el silencio de la cobardía que es el peor de los silencios. Vivimos días de resignación silenciosa y de acomodamiento burgués. Los luchadores no son de estos tiempos, han pasado a dominar los simuladores y mentirosos. Hay que simular y mentir en este mundo de sepulcros blanqueados.

Sin embargo, nosotros no habíamos dejado de prever cuanto sucedió, tomando en el orden doctrinario de la organización las medidas dirigidas a neutralizar los efectos de una asonada militar y de una dictadura de este tipo que se seguiría. Conocedores de nuestro medio, accionamos durante ocho años para consolidar nuestra organización y darle caracteres de una institución permanente.

El primer trabajo fue dirigido a inculcar la doctrina. Cada justicialista no sólo conoce la doctrina sino que la siente y la practica. Así organizamos intelectual y espiritualmente a la enorme masa justicialista, haciendo que de una misma manera de ver los problemas, resulte un modo similar de apreciarlos y un mismo modo de resolverlos. Esa unidad de doctrina que “organizó” espiritualmente a cada hombre sirvió de base para la organización material de nuestro movimiento en sus diversos sectores: los hombres, las mujeres y los trabajadores.

Como es usanza de los tiempos modernos especialmente en nuestros países, azotados de tiempo en tiempo por las dictaduras militares, nuestra organización puede actuar en la legalidad y también en el campo ilegal, según las circunstancias. Si nos dejan, actuamos legalmente, si no tendremos la ventaja de hacerlo ilegalmente, donde nos agrandaremos.

En nuestro país sabemos a qué atenernos. En el orden político hay sólo dos tendencias: los justicialistas y los antijusticialistas. Los hombres y mujeres que actualmente están en esos bandos es difícil que cambien porque media profunda convicción. Sabemos que de los diez millones de votantes, en números redondos, siete son nuestros, y sabemos también, que son inconmovibles e inalterables. No hablan, pero votan.

Nuestro movimiento ha sido creado y organizado “de abajo hacia arriba”. Cuenta la masa más que los dirigentes. Al contrario de lo que sucede en los otros partidos que la masa depende de los dirigentes, en el nuestro los dirigentes dependen de la masa. Pueden, como sucede en estos momentos, encarcelarnos a todos los dirigentes y la masa sola sigue accionando. En el proceso eleccionado, cuantitativo por excelencia, no interesan dirigentes sino sufragios. Los dirigentes son necesarios recién en el Gobierno.

IV. ACCION SOCIAL, ECONOMICA Y POLITICA

1. Acción social

Sería imposible, en el espacio y dentro del objetivo de este folleto, siquiera sintetizar la enorme tarea realizada en estos órdenes. Por eso sólo mencionaré en cada aspecto lo más fundamental y en forma muy general, sólo para dar una idea de conjunto.

Diez años de intensa obra social cambió la Argentina de la explotación y la esclavitud de 1945 en la comunidad justa y solidaria de la Argentina de 1955. Esta transformación es ya suficientemente conocida en el mundo. De una carencia absoluta de leyes de trabajo y Previsión Social que nos colocaba en el último lugar, hemos pasado en sólo diez años a estar a la cabeza del mundo en la materia.

El “estatuto del peón”, “los derechos del trabajador”, “los derechos de la ancianidad”, “los convenios colectivos de trabajo”, “la ley de previsión social”, “la ley de accidentes de trabajo”, “los regímenes de jubilación para la totalidad de los habitantes”, “las pensiones a la vejez y la invalidez”, “la ley de organizaciones profesionales”, “la ley de vivienda obrera”, “las reglamentaciones de las condiciones del trabajo y del descanso”, “la ley de sueldo anual complementario”, “la ley de creación de la justicia del trabajo”, “la participación en las ganancias”, “las cooperativas de producción en poder de los obreros”, “las proveedurías sindicales”, “la mutualidad sindical”, “los policlínicos obreros de cada sindicato”, “las escuelas sindicales”, etc., etc. Son tan sólo una pequeña parte de la enorme legislación promovida.

Debemos, sin embargo, hacer notar que, en la Argentina, estas leyes se cumplen en su totalidad bajo el control de las propias organizaciones profesionales. Algunas cifras darán una idea sobre la forma de su cumplimiento. Los salarios de 1945 a 1955 subieron el 500%; el salario real se mantuvo en un mejoramiento del 50% pues el costo de la vida sólo llegó, con el control de precios de primera necesidad, a un aumento de 250%. Así el costo de la vida en Argentina se mantuvo en un nivel correspondiente a la mitad de la mayor parte del mundo.

Mediante el “estatuto del peón” y sus sucesivos ajustes entre 1945 y 1955 los sueldos de estos trabajadores aumentaron el 1000% término medio.

En 1945 las leyes de jubilación no amparaban sino a medio millón de habitantes. En 1955 puede considerarse que todo el que trabaja de obrero, profesional y empresario tiene asegurado su régimen jubilatorio, amparo que cubre a más de quince millones de habitantes en la vejez y la invalidez.

Un sistema de pensiones a la vejez cubre asimismo la imprevisión y el olvido en que vivieron los trabajadores en los regímenes pasados, gobernados por los mismos que hoy quieren asumir el papel de libertadores sin que nadie los tome en serio.

Sólo durante el primer plan quinquenal (19461951) se construyeron 350.000 viviendas para obreros en toda la república. En el segundo plan quinquenal hasta 1955 se llevan construidas más de 150.000. Así los trabajadores que antes vivían en conventillos sucios y hasta de diez en cada pieza, comienzan hoy a ser propietarios de su casa y a vivir decentemente.

Más de diez millones de trabajadores argentinos reciben un sueldo anual complementario que les permite disfrutar de un mes de vacaciones en las sierras, en el mar o en los buenos hoteles de que disponen los sindicatos o les ofrece la “Fundación Eva Perón”.

Más del 25% de los trabajadores tienen participación en las ganancias de las empresas, ya sea porque son ellos mismos los dueños por sistema cooperativo o porque patrones inteligentes y justos así lo ha dispuesto.

El sistema mutual de los sindicatos ofrece asimismo la provisión barata de cooperativa para los artículos de primera necesidad, como asimismo un servicio asistencial completo mediante modernos policlínicos, maternidades, consultorios externos y odontológicos, etc.

Además, para la elevación cultural y social de la masa, una verdadera red de escuelas sindicales se extiende hacia todos los sindicatos. En ella se imparte enseñanzas de todo orden y se forman dirigentes capacitados.

En cuanto a la organización sindical diremos simplemente que en 1945 existían 500 sindicatos agrupados en tres centrales obreras (Unión Sindical Argentina, C.G.T. N°1 y C.G.T. N°2) con una cotización total de un millón de adherentes. En 1955 existe una sola Central Obrera (C.G.T.), 2.500 sindicatos, con más de seis millones de cotizantes. Esta es la Central Obrera que están empeñados en destruir los modernos libertadores, a la violeta, que en estos tristes días debe soportar nuestro pobre país. El tiempo les mostrará que se equivocan.

Podríamos escribir durante años sobre la ciclópea tarea realizada en lo social en estos diez años que la fortuna nos permitió estar al servicio de los trabajadores argentinos. Ese inmenso bien nos compensa de todos los sinsabores, ingratitudes y traiciones soportadas. Los trabajadores argentinos bien se lo merecen porque es lo mejor que el país tiene y precisamente por eso, porque son buenos y porque son los que todo lo producen; la oligarquía, personificando en sus actuales personeros el odio oculto al Pueblo, intenta volverlos a la esclavitud y a la explotación.

2. Acción económica

Es indudable que, para soportar esta inmensa promoción social, fue necesario conseguir una economía apropiada. En 1945 el desastre económico era evidente, tanto por el desbarajuste de su desorganización cuanto porque carecía de independencia, figurando realmente como un país colonial.

Sometido a la “metrópolis”, poco interesaba a los argentinos su propia economía, total, se manejaba desde la City o desde Wall Street. El Pueblo argentino era explotado también en mayor o menor grado, según las necesidades o los caprichos de los imperialismos en acción. En lo económico, no se tenía ni vida, ni gobierno propio, o más o menos como cualquier dominio del África Ecuatorial, con la desventaja que teníamos que defendernos solos.

Era también costumbre que desde la City que se indicara quién debía ser el Presidente, generalmente un abogado de las empresas extranjeras, ellos decían quien, y “los nativos” se encargaban de preparar el fraude para “que saliera”. Y pensar que estos seudo libertadores son los mismos hombres traidores y vendepatria que hicieron posible semejante humillación. No habrá en el mundo un hombre que poseyendo un mínimo de ecuanimidad no los condene. Sin embargo, como los agentes imperialistas, por razones comprensibles, les cantan loas, muchos otros malos y mentirosos se convierten conciente o inconcientemente en agentes de un imperialismo que simulan condenar.

En 1944 todo permitía apreciar que la segunda guerra mundial llegaba a su fin. Era necesario prepararse para la postguerra que suele ser, económicamente hablando, la etapa más difícil de la guerra. Fue entonces que, desde la Secretaria de Trabajo y Previsión, donde ejercía el cargo de Secretario, dispuse la creación del “Consejo Nacional de PostGuerra”. Su misión era simple: “realizar los estudios necesarios y preparar al país de la mejor manera para neutralizar los efectos negativos y sacar la mayor ventaja posible en la postguerra que se veía próxima a iniciarse.

Se trataba de resolver, ayudados por las circunstancias, el más fundamental problema argentino: su independencia económica. La importancia de este paso se medirá en toda su proyección si pensamos que, liberados políticamente en 1816, habíamos caído en el vasallaje económico hasta nuestros días.

Esta independencia económica era indispensable si anhelábamos mantener y consolidar las conquistas sociales ya iniciadas en esos días desde Trabajo y Previsión. En un país colonial, como era el nuestro, toda conquista social no puede tener sino un carácter aleatorio.

Para realizar la independencia económica era necesario un inmenso esfuerzo, habilidad y un poco de suerte, pues era menester:

a) Recuperar el patrimonio nacional en poder de los capitales colonialistas
b) Realizar buenos negocios para “parar” la economía anémica de los argentinos.

El Consejo Nacional de Postguerra preparó las bases mediante un estudio completo de la economía argentina en los aspectos del consumo, la producción, la industria y el comercio. Mediante encuestas y estudios estadísticos establecimos la situación, la apreciamos y tomamos las resoluciones más adecuadas, esperando el momento oportuno para actuar.

Ya antes de nuestro ascenso al poder comenzamos a reformar, con el apoyo del gobierno de facto, lo indispensable para ganar tiempo. La primera reforma fue la financiera, mediante la nacionalización del sistema bancario, convirtiendo al Banco Central de la República en un banco de bancos en agencias del mismo. Esto permitió, por primera vez en nuestro país, un control financiero por el Estado, pues hasta entonces ese era resorte de los bancos extranjeros de plaza. Este fue el primer paso de la reforma económica que emprendimos: hacer Argentino el dinero del país.

Simultáneamente con esto comenzamos a estudiar la realización de la primera etapa de la independencia económica: la recuperación de la deuda y los servicios públicos.

La situación en este aspecto presentaba un difícil problema pues las sumas que se necesitaban para ello eran realmente cuantiosas.

Nuestra deuda externa ascendía en diversas obligaciones a más de seis mil millones de pesos, en ese entonces algo así como unos dos mil millones de dólares, por la cual pagábamos ochocientos millones de pesos anuales en amortizaciones e intereses (250 millones de dólares). Esto era nuestro primer objetivo.

La nacionalización de los servicios públicos, en poder de consorcios extranjeros, era el segundo objetivo de la recuperación. Se trataba de los ferrocarriles, transportes de la ciudad de Buenos Aires, el gas, los teléfonos, seguros y reaseguros, electricidad, comercialización y acopio de las cosechas, creación de una flota mercante y aérea, etcétera, etcétera.

Las relaciones del gobierno con los consorcios explotadores de estos servicios eran cordiales. No era que nosotros, por chauvinismo, quisiéramos nacionalizar y menos aún despojado a nadie. El caso era que, de mantener este estado de cosas, estaríamos sometidos a una descapitalización progresiva. Queríamos pagarles por sus instalaciones un precio justo y tomarlas a nuestro cargo para su funcionamiento como un servicio estatal.

En las siguientes cifras, se observará objetivamente las remesas financieras anuales que ocasionaban estos servicios explotados por compañías extranjeras:

La deuda pública 800 millones, los ferrocarriles 150 millones, la Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires 120 millones, el servicio de gas 110 millones, los teléfonos 120 millones, seguros 150 millones, reaseguros 50 millones, electricidad 150 millones, comercialización de la cosecha 1.000 millones, transportes marítimos 500 millones de fletes en divisas, etc. Sólo en estos rubros las remesas financieras anuales visibles pasaban de los tres mil millones de pesos (1.000 millones de dólares entonces). Si se considera la necesidad de otras remesas financieras de diversas empresas establecidas en el país y las remesas visibles, siempre numerosas por la especulación, podíamos calcular aproximadamente una descapitalización anual por envíos y evasiones que pasaba de los seis mil millones de pesos anuales. Si consideramos que el monto de nuestra producción anual no pasaba de los diez millones de pesos, se tendrá la verdadera sensación de para quién trabajaban los argentinos.

Se me dirá que los capitales extranjeros con su radicación en el país aportaban un alto coeficiente de capitalización compensatorio del proceso inverso por remesas financieras. Desgraciadamente no era así. Un ejemplo lo aclara todo.

Un frigorífico británico se instaló en el país en 1905, trajo como inversión un capital de un millón de libras esterlinas (al cambio de ese entonces 11.250.000 pesos moneda nacional). Cuando hubo instalado su maquinaria y locales pidió al Banco de la Nación Argentina un crédito que fue sucesivamente aumentando hasta la suma de 100 millones de pesos. De manera que, sobre cien millones, el capital extranjero radicado era sólo el 10 por ciento y el 90 por ciento era argentino.

Ahora bien, el primer servicio financiero remesado a Londres, fue de una utilidad del 10 % calculado sobre los cien millones de pesos de capital y no sobre los once millones radicados. Vale decir que, con su primera remesa financiera, repartió el capital radicado y durante cincuenta años nos descapitalizó a razón de diez millones por año, en total, quinientos millones.

Este era el proceso común seguido por casi todas las empresas inversoras y que explicará, de manera simple y objetiva, la razón por la cual era indispensable a la economía argentina realizar cuanto antes la recuperación, para evitar su progresiva descapitalización.

Un cálculo “grosso modo” dará una idea aproximada del esfuerzo de que se trataba. Calculando comprar las empresas de valor histórico, pagando lucro cesante, crear los organismos y servicios nuevos, comparar los barcos y aeronaves necesarios, etc., debían calcularse como necesarios unos 300.000 millones de pesos.

Para no sentirme tentado y evitar los consejos fáciles, resolví “quemar las naves” declarando que me cortaría la mano antes de firmar un empréstito, porque, si la finalidad era la independencia económica, no era el caso de salir de las llamas para caer en las brasas.

En esos momentos se sumaba a ese tremendo esfuerzo, la necesidad de renovar la maquinaria industrial y todo el material ferroviario, tranviario y automotor que durante los cinco años de guerra, con el cierre de la exportación, no habían recibido ningún aporte. Se calculaba esto en un monto de 20.000 millones de pesos.

Estudiamos esto detenidamente y confieso que cuando compilamos las necesidades totales, una suerte de pánico se apoderó de mí, que sentía la terrible responsabilidad de estar al frente del país y la duda de poder superar su difícil encrucijada económica.

Con los estudios en mi poder llamé a una reunión privada a los técnicos en economía más calificados en el concepto de algunos asesores económicos. Me perdí diez horas explicándoles mis planes y dándoles todos los datos necesarios para encarar el problema. Se fueron a estudiar, y tres días después nos reunimos de nuevo para considerar soluciones. Confieso que quedé defraudado, pues conversaron mucho, no dijeron nada y lo poco que trajeron no lo entendí, porque lo hicieron en una terminología tan rara y tan confusa que dudo que ellos mismos se entendieran.

La reunión terminó un poco intempestivamente, pues uno de ellos me dijo: “Señor, usted debe gastar tantos miles de millones que no tiene. Si no tiene dinero, ¿cómo quiere comprar?, a lo que yo respondí: “Amiguito, si yo tuviera el dinero no lo habría llamado a usted, habría comprado”, y aquí terminó la entrevista.

Me convencí que no era asunto de técnicos, sino de comerciantes y llamé a mi gran amigo D. Miguiel Miranda, el “Zar de las finanzas argentinas”, como algunos le llamaron. El había empezado como empleado con noventa pesos de sueldo y en diez años había levantado treinta fábricas.

Le conté el incidente con los técnicos y me dijo: “¡General!, ¿usted cree que si fueran capaces de algo estarían ganando un sueldo miserable como asesores?” –Pero Miranda, le dije, vea que hay que comprar mucho y no tenemos dinero! –Esa es la forma de comprar, sin dinero, me dijo. ¡Con plata compran los tontos! –Este es mi hombre, pensé para mí…

Miguel Miranda era un verdadero genio. Su intuición, su tremenda capacidad de síntesis y su certera visión comercial, hicieron ganar a la República, en un año, más que cincuenta años de la acción de todos sus economistas diletantes y generalizadores de métodos y sistemas rutinarios e intrascendentes.

Fue allí mismo que entregué a Miranda la dirección económica, creando el Consejo Económico Nacional y nombrándolo presidente. Él fue, desde entonces, el artífice de esa tremenda batalla que se llamó la recuperación nacional, que culminó con la independencia económica argentina.

Sería largo detallar la acción desarrollada por este hombre extraordinario que no descansaba ni dormía, abstraído por completo en la batalla que estaba librando. Allí aprendí que si bien un conductor puede cubrirse de gloria en una acción de guerra, esta acción anónima es también la verdadera gloria. Fuera de la Casa de Gobierno la gente maldiciente murmuraba sobre “los negociados de Miranda”, con una ingratitud criminal y los eternos simuladores de la virtud y la honradez se hacían lenguas de ello: ¡Miserables, estaba trabajando para ellos!

Sin embargo, no deseo pasar este capítulo sin ofrecer a mis lectores por lo menos un ejemplo, siempre ilustrativo, de la acción de este mago de la negociación.

Todo el mundo conoce la habilidad de los negociadores inglese, su gran astucia y su terrible pertinacia para persuadir u obligar. Con divisas acumuladas por provisión de cereales, armas, carne, etc., durante la guerra, Miranda comenzó a repatriar la deuda externa. Luego me dijo: General, vamos a empezar por los ferrocarriles ingleses. Insinuó veladamente por distintos conductos que el gobierno estaba dispuesto a comprar los ferrocarriles. La respuesta no se hizo esperar. Poco tiempo después llegó una comisión del directorio de Londres de los ferrocarriles, dispuesto a ofrecer al Gobierno Argentino la venta de los mismos.

Fueron citados al despacho presidencial y allí, en mi presencia, se desarrolló el siguiente diálogo, después de los saludos y conversaciones de estilo: ¿Cuánto piden por los ferrocarriles? –les preguntó Miranda. –El valor de libros, o sea unos diez mil millones de pesos –le contestó uno de los ingleses. Miranda se limitó a sonreír, mirando al suelo. Siguió un largo silencio en el que estuve a punto de intervenir, pero me abstuve, porque entendí que era parte de su táctica. Después de un rato, el inglés volvió a decir: ¿Y ustedes cuánto ofrecerían? –Apenas mil millones –dijo Miranda. Todo el hierro viejo no vale más, agregó.

Los ingleses se enojaron y se fueron a Londres. Parecía que las negociaciones habían terminado, pero no era así.

Cuando los obreros ferroviarios, que se habían entusiasmado con la perspectiva de nacionalización, se enteraron del fracaso de las negociaciones, iniciaron el “trabajo a reglamento”, que culminó en “trabajo a desgano”. Frente a la perspectiva de fuertes quebrantos, a los seis meses, retornó la comisión negociadora, Miranda había ya ganado la batalla. Sólo quedaba por ver cómo explotaría el éxito. Yo estaba seguro porque, para eso, él era un verdadero maestro.

Se iniciaron nuevamente las negociaciones en un juego de regateos por ambas partes para acordar el precio y la forma de pago. Se estaba aún muy distante, a pesar que los ingleses habían ya rebajado su precio a unos ocho mil millones de pesos, donde se mantenían firmes.

El justiprecio establecido por nuestros técnicos después de un laborioso proceso de valuación, establecía un valor aproximado a los seis millones de pesos. Se trataba de 40.000 kilómetros de vías, instalaciones, material rodante y de tracción, además de unas veinticinco mil propiedades de los ferrocarriles, que figuraban como bienes indirectos. Se trataba de bienes inmuebles en Buenos Aires, puertos, numerosas estancias, terrenos y hasta pueblos enteros. Estas empresas por la ley de concesión inicial, recibieron una legua lineal de campo a cada lado de la vía que construyeran. De ahí que sus propiedades sean casi tan valiosas como ferrocarriles mismos.

Mientras se negociaba, los ingleses cometieron un error que les fue funesto. Sostenían imperturbablemente que el precio debía ser de ocho mil millones. Una noche, al representante de los ferrocarriles ingleses en la Argentina, mister Edy, muy amigo de Miranda, se le ocurrió ofrecerle una comisión para repartir entre Miranda y yo, de trescientos millones de pesos, que se depositarían en Londres en su equivalente de entonces de cien millones de dólares, si la venta se hacía por seis mil millones de pesos. Miranda lo escuchó y al día siguiente, “a diana”, estaba en casa y me decía: Presidente, vamos a comprarlos por mucho menos de seis mil millones, es porque, sin comisión, podemos sacarlos más baratos”. Así como antes había ganado la batalla de la venta, en esta ocasión había ganado la batalla del precio.

Se sucedieron las tratativas para fijar precio, pero los ingleses ya habían perdido la partida. Ellos son buenos perdedores porque están acostumbrados a vencer. La habilidad de Miguel Miranda hizo prodigios en esta etapa de la negociación hasta llegar a fijar un precio máximo por todos los bienes directos e indirectos de las empresas de 2.029.000.000 (dos mil veintinueve millones) de pesos moneda nacional. Esta sola cifra, comparada con los diez mil millones de pesos que era el pedido inicial de los ingleses, habla con indestructible elocuencia de lo que era Miranda como negociador. En esta sola operación hizo este hombre ganar a la República más de cinco mil millones de pesos. Se le pagó, como de costumbre, con ingratitud y maledicencia. Los parásitos, los incapaces y los ignorantes son precisamente los críticos más enconados.

Si bien se habían ganado las batallas del precio y de la venta quedaba aún el rabo por desolar: establecer la forma de pago y pagar. No era fácil, porque, como antes dije, no teníamos dinero para hacerlo. En cambio lo teníamos a Miguel Miranda que valía más que todo el dinero del mundo. En él estaban puestas todas mis esperanzas. Él me había dicho: No se aflija, Presidente, pagaremos hasta el último centavo, sin un centavo. Efectivamente, así lo hizo. ¿Cómo procedió para lograrlo?

Comencemos por establecer que un año antes el gobierno de S. M. Británica firmó con el gobierno argentino un tratado por el que se comprometió a mantener la convertibilidad de la libra esterlina que nos permitía el negocio triangular con Estados Unidos. Con habilidad, Miranda agotó los saldos acreedores argentinos en Inglaterra para repatriar la deuda. Al firmar el contrato de compraventa de los ferrocarriles, estableció dos cuestiones fundamentales, en cuanto a la adquisición y la forma de pago.

a) Que se compraban en 2.029 millones de pesos los bienes directos e indirectos de las empresas.

b) Que la forma de pago sería al contado y en efectivo con disponibilidades de fondos argentinos existentes en Estados Unidos si se mantenía la convertibilidad de la libra que lo hacía posible, sino el pago sería en especies.

Fue precisamente mediante estas dos cláusulas que Miranda logró pagar “hasta el último centavo, sin un centavo”, como había prometido.

En efecto, me fijó un plazo de seis meses para tomar posesión de las empresas, luego de los cuales debía hacerse efectivo el pago. Durante los primeros meses de ese plazo me pasé pensando que si teníamos que pagar al contado nos quedaríamos casi sin fondos en Estados Unidos, en donde había urgentes necesidades de adquisiciones. Miranda me tranquilizó; él no sé dónde, tenía la noticia segura que los ingleses, a pesar del tratado, declararían la inconvertibilidad de la libra esterlina. Efectivamente, poco tiempo después lo hicieron y nos salvaron de desprendernos del único saldo acreedor en efectivo que disponíamos. Podíamos, de acuerdo con el contrato de compraventa, pagar con especies. Eso no era ya un problema para nosotros.

Sin embargo, había que pagar 2.029 millones de pesos que no teníamos. ¿Cómo procedió Miranda? Pagamos con trigo pero, como quiera que fuese, ese trigo había que pagarlo a los agricultores. La elevación de precios en los cereales producidos en 1948, vino a favorecernos. El gobierno, por intermedio del IAPI, compró el trigo a los chacareros a un precio de 20 pesos el quintal, los que quedaron contentos, pues antes lo vendían a 6 pesos. Luego de un tiempo ese mismo trigo lo vendió a los ingleses, en pago de los ferrocarriles, a razón de sesenta pesos el quintal, ganando en la operación un 66%, con lo que el precio de 2.029 millones de los ferrocarriles quedó reducido a un 33%, es decir, unos 676 millones.

Ahora bien, ¿cómo pagó los 676 millones? De manera muy simple: emitió 676 millones de pesos, con lo que pagó a los chacareros. De las veinticinco mil propiedades raíces adquiridas como bienes indirectos, bastaba vender una parte para obtener casi mil millones de pesos. Con ello se retiraban de la circulación los 676 millones y el resto se incorporaba al Estado conjuntamente con los ferrocarriles y pagado hasta el último centavo, y aun ganando dinero, sin un centavo.

¡Cuánto me reí en esos días de los técnicos tan pesimistas como inoperantes e intrascendentes!

Hoy, el valor de esos ferrocarriles con sus 40.000 kilómetros de vías e instalaciones, se calcula en nuestra moneda actual, a razón de un millón de pesos por kilómetro, todo incluido. El país había incorporado al haber patrimonial del Estado, 40.000 millones de pesos sin un centavo de desembolso. Los imbéciles siguen pensando que nosotros no hemos hecho nada durante el tiempo que ellos pasaron gastando perjudicialmente lo que tanto le cuesta al Pueblo producir y a nosotros cuidar. Por eso ellos se proclamaron libertadores. Soñar no cuesta nada.

En forma similar se compraron luego los teléfonos, el gas, seguros, etcétera, y se llegó a cumplir la etapa de la recuperación nacional, comprando y pagando los servicios públicos que en época pasada vendieron estos mismos que ahora vienen a libertar la República.

La etapa siguiente consistía en formar una marina mercante, pues sin ese medio de transporte de ultramar, la independencia económica sería sólo una ficción. Aparte que hoy los precios los fijan los transportadores, en nuestro país, vendedor de carne, estábamos sometidos al monopolio inglés de barcos frigoríficos. Si no le vendíamos a ellos la carne y al precio que querían, ¿quién nos la transportaría a los mercados de consumo? Otro tanto podría ocurrir con las demás materias primas si seguimos sometidos a los transportadores foráneos.

En ese momento (1948) el estado de la flota mercante del Estado, manejada por jefes de la Marina de Guerra, era incipiente y calamitosa. Se disponía aproximadamente de unas 200 mil toneladas de barcos viejos, chicos y muchos de ellos alquilados o tomados en uso por pertenecer a los países en guerra que debían ser devueltos.

Pedí informes a la Flota Mercante del Estado sobre la conveniencia de hacer construir barcos nuevos, de arriba de diez mil toneladas, para formar una marina mercante por lo menos de un millón y medio de toneladas, que calculaba yo necesario para sacar nuestra producción. Además, hacerlos mixtos para pasajeros, carga y frigoríficos.

Sin excepción, los informes de los marinos fueron desfavorables. Según ellos, no convenía comprar todavía, que los fletes se vendrían abajo, que había exceso de barcos por los que quedaron de la guerra, etc. En consecuencia, decidimos con Miranda comprar una marina mercante y para ello nos pusimos en contacto con don Alberto Dodero, el más fuerte armador de nuestro país.

Se encargó la construcción en los astilleros entonces parados en Inglaterra, Holanda, Italia, Suecia, etc. Así comenzó la verdadera historia de nuestra marina mercante, que hoy redondea el millón y medio de toneladas de barcos nuevos, veloces y utilizables para sacar nuestra más variada producción hacía los mercados de consumo y para mantener los precios.

Con ello no sólo ahorramos sino que producimos divisas y nuestra bandera mercante individualiza a la cuarta flota del mundo.

El costo medio de estos barcos no pasó de cuatro millones de pesos; sólo el seguro del Maipú, hundido en un choque en Hamburgo llegó a veintidós millones en nuestros días.

Para comprar estos barcos se utilizó el oro que dormía en los sótanos del Banco Central, de acuerdo con el aforismo de Miranda, que oro es lo que produce oro. Efectivamente, esos barcos en cuatro travesías traen de vuelta el oro que costaron. Hoy están todos pagos y siguen trayendo oro.

Menos mal que los marinos aconsejaron no comprar barcos, pues si hubieran aconsejado comprarlos, tal vez no nos hubiéramos decidido a hacerlo. Pero ellos son los “libertadores”.

En marcha y con franco éxito la recuperación nacional, en 1948, se nos presentó un difícil momento de la economía: la industria en pleno desarrollo comenzaba a carecer de maquinarias y de materia prima. Era necesario buscar los arbitrios que condujeran a la solución. En los primeros días de este año resolvimos encerrarnos por el tiempo que fuera necesario y estudiar la situación, apreciarla y encontrar una solución, y así lo hicimos. Durante casi diez días permanecimos totalmente dedicados a ello.

Llegamos finalmente a una muy simple conclusión. Pensamos que habiendo terminado la guerra se había iniciado su etapa más difícil: la postguerra, durante la cual es necesario “pagar los platos rotos”.

La guerra es un drama individual amplificado. Es como un hombre que súbitamente tiene un ataque de demencia y rompe toda su casa. Pasado el ataque, debe reponerlo toda para seguir viviendo. Debe pagar su locura. La guerra no es sino una locura colectiva. Durante cinco años cientos de millones de hombres, provistos de instrumentos de destrucción, se habían dedicado a destruirlo todo. Pasado el ataque, ahora había que pagarlo.

La experiencia histórica demuestra que los países después de la guerra pagan de una sola manera: emitiendo y desvalorizando la moneda. Aun no se había producido este fenómeno en 1947, pero todo hacía prever que se produciría.

Cuando las monedas se desvalorizan, los bienes de capital se valorizan en forma inversamente proporcional.

Allí precisamente estaba el negocio. Era menester comprar bienes de capital que se valorizarían y desprenderse de las monedas que se desvalorizarían. Fue entonces cuando comenzamos a comprar sin medida. Se trataba de que cuando la desvalorización llegara no nos tomase con un peso en el bolsillo.

Se compraron casi veinte mil equipos industriales para reposición e instalación. Un día, por teléfono, se compraron sesenta mil camiones. Mil Tornapull llegaron al país. Se acopió gran cantidad de materia prima y se adquirieron todas las maquinarias y elementos necesarios para los trabajos del Primer Plan Quinquenal, especialmente tractores para la mecanización del campo.

El Director del Puerto de Buenos Aires venía todos los días a pedir que paráramos, pues ya no cabían las cosas en las playas y los depósitos. No importa, le decíamos, ponga unos arriba de otros. Los idiotas de siempre criticaban al gobierno y los “moralistas libertadores” veían negociados por todas partes, menos los que ellos podían hacer.

Pasaron los días y en uno de 1949 comenzaron las monedas “a venirse abajo” catastróficamente. La libra esterlina bajó, por decreto, en un día el 30% de su valor. Así llegamos a 1950.

El negocio fabuloso realizado por el país podrá juzgarse con sólo pocos datos: los veinte mil equipos industriales comprados aproximadamente a un dólar el kilo en 1947, valían ahora diez dólares el kilo; los camiones comprados en cinco mil pesos en 1948, costaban ahora cien mil pesos; las Tornapull adquiridas en veinticinco mil pesos en 1948, tenían ahora un precio superior a los trescientos mil. Esta sola mención dará una idea de las ganancias obtenidas.

Los “libertadores” seguían pensando que todos estos eran negociados nuestros. Pobre Patria si tuviera que esperar algo de estas sabandijas.

Sólo he deseado presentar algunos ejemplos de nuestra gestión económica para demostrar cómo me fue posible en 1949 trasladarme a la ciudad de Tucumán, y allí, donde nuestros mayores declararon la independencia política, declarar también nuestra independencia económica.

La recuperación nacional se había cumplido en todas sus partes mediante el genio de Miguel Miranda. La segunda parte: levantar de su postración a la economía, se cumplió mediante buenos negocios para el país. Que en ello alguno se haya beneficiado en mayor medida, qué nos importa, nuestro trabajo tendió a beneficiar al país. Esa era nuestra obligación.

Y pensar que, después de todo lo que hemos hecho, nos vemos calumniados y vilipendiados por esos piojosos que en su vida no hicieron más que derrochar y malgastar los dineros que se amasan con el sudor y el sacrificio del Pueblo que ellos se atreven a masacrar con las propias armas de la Nación.

No deseo seguir sin puntualizar dos aspectos de lo tratado. La recuperación de los servicios públicos no era para los argentinos sólo una cuestión de independencia económica, era también una reparación a la dignidad nacional. La concesión leonina que entregaba una legua a cada lado de la vía que se construyera y permitía la importación libre de derecho a las empresas ferroviarias fue obra de Mitre (así se llamó esa ley). La venta de los ferrocarriles argentinos existentes, fue realizada por los gobiernos conservadores de la oligarquía argentina, que siempre actuaron de testaferro de los colonizadores. La entrega de los demás servicios fue también uno de los tantos ruinosos negociados para el país, realizados por estos argentinos que no merecen llamarse así.

Las últimas infamias cometidas, que citaré a continuación, sólo a título de ejemplo, evidenciarán a nuestros lectores cómo las gastaban los “libertadores”. Se trata de la concesión a la empresa de electricidad de Buenos Aires, CADE, y la entrega de la Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires a una compañía inglesa.

El asunto de la CADE

Durante el último gobierno radical funcionaba el Consejo Deliberante, algo así como un congreso comunal, compuesto por un centenar de consejales que, con sabrosas dietas, se dedicaba a todo, desde enjuiciar la política internacional hasta establecer la cantidad de repollo que debía venderse en cada puesto de las ferias municipales. Algo así como un bálsamo de Fierabrás, que servía para el dolor de cabeza como para los callos.

Esos ediles son los mismos que hoy encabezan las jerarquías de los partidos que apoyan la dictadura militar que ensombrece al país y los mismos que entonces cobraron “coimas”, desde el modesto “colectivero” hasta la poderosa empresa de electricidad.

Para esos tiempos vencía la concesión de la empresa CADE y el Consejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires tenía que tratar la prórroga o la terminación. Estos ediles “libertadores” no encontraron nada más natural que ponerse de acuerdo y exigir a la empresa una gruesa suma de millones para no caducarle la concesión. Esa suma se repartiría después, por partes iguales, entre todos. La compañía, colocada entre la espada y la pared, decidió pagar la suma exigida y consiguió así una concesión hasta el año 2000 y tarifas aumentadas.

Esto produjo en Buenos Aires un escándalo tremendo pero, al producirse la revolución del 4 de junio de 1943, se ordenó una investigación y se pretendió sancionar a la empresa por corruptora de funcionarios, pero la empresa pudo comprobar que los corruptos eran los funcionarios y no la empresa.

Hoy, esos mismos señores hacen discursos sobre la moral pública y privada, en nombre de los “libertadores” que empeñaron al país en una triste aventura mediante una paga no menos infamante que la de aquellos.

El caso de la Corporación de Transportes de Buenos Aires

Es de otra naturaleza no tan delictuosa pero igualmente ruinosa para el país. En 1933, Inglaterra, compradora única de la producción argentina de carne, habían firmado el Tratado de Ottawa por el que se comprometía a comprar toda la carne a sus dominios.

Es así que la República Argentina, sin el mercado inglés sin los barcos ingleses para transportarla, debía reconocer una situación sumamente grave, ya que el 80% de su carne era de exportación, mientras solamente el 20% se consumía en el país.

Se resolvió enviar una misión a Londres para tratar este importante asunto y negociar. Fue enviado como plenipotenciario extraordinario el entonces vicepresidente de la Nación, Dr. D. Julio Roca, que llegó a Londres a mediados de 1936. Allí esperó largos días y finalmente fue recibido. A pesar de todos sus argumentos los ingleses se negaron a comprar. Luego de otra larga espera, le recibieron nuevamente y le propusieron comprar la carne a un precio menor que a los dominios, siempre que la ciudad de Buenos Aires entregara todos sus transportes a un monopolio que se formaría a base de la Compañía Tranvías AngloArgentina de capitales ingleses, asegurando al capital resultante un beneficio bruto del siete por ciento.

El doctor Roca aceptó y volvió a Buenos Aires, como si hubiera sido un vencedor en las Termópilas.

Una vez en Buenos Aires, el Congreso aprobó una leycontrato en que aseguraba hasta el siete por ciento de beneficio anual al monopolio inglés. Se había consumado el más inaudito latrocinio de que haya memoria en el país, con tal de vender la carne de la oligarquía vacuna de Buenos Aires. Estos también son los actuales “libertadores”.

Esto trajo el despojo liso y llano de todo el material de las empresas particulares y los microómnibus que manejaban sus modestos propietarios. Con todo ello el monopolio formó un capital, tremendamente aumentado en la evaluación y cobró anualmente el siete por ciento bruto, con lo que sacaba ochocientos millones anuales de beneficio. Como la carne exportada por el convenio importaba anualmente unos setecientos millones, venía a resultar un brillante negocio; para que los ingleses comieran nuestra buena carne le pagábamos anualmente cien millones de pesos.

¡Estos son los “libertadores”!

Estos dos botones de muestra los he querido presentar como ejemplo, para que el lector aprecie la diferencia de nuestro procedimiento ante una tentativa de soborno y la coima organizada por los “libertadores”, como asimismo, la diferencia de cómo negociamos nosotros para el Estado y cómo lo hicieron ellos a su hora.

Los justicialistas creemos que la independencia económica, no tiene ningún valor si no ha de servir a la felicidad del Pueblo y a la grandeza de la Nación.

En este sentido se ejecutaba ya, desde 1946, el primer plan quinquenal que no ha sido, como muchos creen, un simple plan de obras públicas. Contenía una profunda reforma en lo político, en lo social, en lo económico, en lo cultural, en lo jurídico, en la legislación, etc. Comenzaba, pues, con la reforma constitucional. Era la puesta en acción de la doctrina justicialista largamente meditada y elaborada a la luz de las aspiraciones populares y dedicadas especialmente a conquistar las aspiraciones de los trabajadores explotados y escarnecidos, durante todos los gobiernos que nos habían precedido.

En lo económico, el plan quinquenal aspiraba a promover una economía de abundancia que reemplazara a la economía de miseria que hasta entonces, los políticos y la oligarquía, habían impuesto al Pueblo argentino. Para ello era menester cambiar totalmente el fondo y las formas de la economía argentina.

Comenzamos por establecer como base que, en la Nueva Argentina, el capital dependía de la economía y ésta del bienestar social y que en consecuencia el consumo fijaba la producción que debía esforzarse por satisfacerlo. Inmediatamente lanzamos las grandes obras del plan hasta obtener la plena ocupación. Con esto, los salarios alcanzaron un nivel jamás sospechado en nuestro país. Con ello la clase trabajadora comenzó a vivir, por primera vez, como gente.

El aumento del poder adquisitivo de la masa popular produjo un acrecentamiento súbito del consumo y comenzó así la verdadera promoción de la economía. Simultáneamente, como era de esperar, con el aumento de la demanda empezó también la especulación que dio motivo a la creación de la política económica y al control de precios y abastecimientos.

Lo importante es que la reactivación económica fue un fenómeno real. Los volúmenes del consumo se multiplicaron y obligaron a multiplicar la producción con efecto directo y en el mismo sentido en la transformación y distribución. Así la industria y el comercio recibieron un impulso inusitado.

La insistencia en el sistema, permitió ir consolidando la nueva economía hasta hacer inconmovibles las nuevas estructuras, que resistieron todos los ataques internos y externos, defendidos por el propio Pueblo que las había hecho suyas. Resistimos con ellas aun la excepcional crisis de 1951 y 1952, que perdimos dos cosechas enteras, sin que se hicieran sentir, sin embargo, grandes efectos.

El objetivo perseguido en forma inmediata por este sistema es la capitalización del Pueblo. El sistema capitalista consiste en capitalizar a un cinco por ciento de la comunidad, mediante la descapitalización absoluta del otro noventa y cinco por ciento, que es el Pueblo. Para lograrlo comenzamos por aumentar los sueldos y salarios, controlando los precios para evitar la especulación y frenar la espiral inflatoria, lo que hemos logrado en forma absoluta.

El pueblo se capitaliza por el ahorro. Ahorrar sólo es posible cuando se gana lo suficiente, porque ahorrar el alimento y la salud no es ahorro, es suicidio; ¿cuál ha sido el resultado? Unos cuantos números podrán decirlo: la Caja Nacional de Ahorro Postal, que es el banco de los pobres porque allí depositan ellos sus ahorros, tenía en 1946 depósitos por unos 300 millones de pesos. En 1955 pasaban de los tres mil millones. En diez años de nuestro gobierno el Pueblo ahorró diez veces más que en los veinticinco años anteriores de la existencia de la Caja.

Otra forma de ahorro es la adquisición de viviendas en propiedades. Entre 1946 y 1955, de nuestra gestión gubernativa, quinientas mil familias obreras recibieron alojamiento en todo el país, en casas construidas por el gobierno o con préstamos hipotecarios. De esas, más de la mitad lo hicieron en casas de propiedad, que deberán pagar en cómodas cuotas que no superan en caso alguno a un alquiler común.

Las cajas de Previsión Social, que representan un ahorro obligatorio, han capitalizado indirectamente al Pueblo en forma insospechada. Solamente una Caja de Jubilaciones, la de los Empleados de Comercio, ha reunido ya un capital social que pasa de los doce mil quinientos millones de pesos. Existen más de quince grandes Cajas de jubilaciones, lo que dará una idea de la importancia de este sector del ahorro popular.

La capitalización del Pueblo mediante el ahorro, la jubilación y el acceso a la propiedad privada, ha cambiado al proletariado argentino el concepto de su vida. Antes, privados de todo, se sentían parias en su propia patria. Hoy, ligados a la comunidad por sus ahorros, su jubilación, su casa y la previsión social, comienza a sentirse parte de ella. Los que luchan contra el comunismo en América no tienen idea de lo que representa esta comunidad justa y solidaria como factor defensivo contra esas doctrinas extrañas. La defensa de la comunidad sólo se concibe cuando hay también interés personal en su defensa.

El capitalismo, incapaz de desprenderse de nada y demasiado egoísta para ofrecer algo concreto, creó las palabras y los signos. Luego se dedicó a hacer discursos patrióticos para crear una suerte de fetichismo sobre la comunidad y sus signos representativos. El amor a la patria, como todos los amores del hombre, se siente o no se siente. Los discursos arrimarán poco al corazón del hombre que no ama. La comunidad es como la madre. Así también una comunidad injusta, egoísta y sin solidaridad social no merece ser amada. Una comunidad justa y solidaria en la que todos seamos iguales, e igualmente ayudados por ellas, se defenderá instintivamente por solidaridad y por conveniencia, sin necesidad de discursos ni tonterías por el estilo.

Creamos comunidades de este tipo y ninguno de sus hijos defeccionará en su defensa.

La producción

El agro fue una de nuestras permanentes preocupaciones. El régimen de la tierra Argentina era en 1945 casi medieval. Dictamos la ley de arrendamientos rurales y aparecía ya el fruto en los comienzos de mi primer gobierno. Con esa ley fijamos una situación que impidiera el aumento de los precios y los lanzamientos.

Dado este primer paso de protección de los agricultores se anunció la reforma agraria y se declaró que el justicialismo sostenía que la tierra no es un bien de renta sino de trabajo y que, en consecuencia, la tierra debe ser del que la trabaja. Acto seguido se propugnó el acceso a la propiedad rural de los agricultores. El aumento de los precios del cereal en los años 1948 y 1949, permitió que algunos chacareros compraran los predios que arrendaban con el producto de una cosecha. Así, en el primer quinquenal se entregó en propiedad más de un millón de hectáreas de tierras útiles.

En la reforma agraria, deliberadamente no hemos querido cargar las tintas porque conocemos los inconvenientes que presentan los procesos artificiales acelerados en la entrega de la tierra.

Desde Licurgo, tal vez uno de los primeros reformadores racionales del agro, hasta nuestros días, la reforma agraria ha traído siempre grandes perturbaciones y sangre en su ejecución. En Rusia se fijó la población rural mediante ametralladoras en los caminos, que impidieron el éxodo campesino. En México costó la vida de cientos de miles de habitantes. Nosotros pudimos también haberla hecho en esta forma drástica, pero, enemigos de los procedimientos cruentos, preferimos realizarla lenta y racionalmente.

En estos tipos de reformas es necesario pensar en primer término en formar unidades económicas porque si no, del latifundio se pasa al minifundio, no menos perjudicial para la economía social del agro.

El problema de latifundio en nuestro país es serio, pero es necesario distinguir bien lo que es realmente un latifundio. Algunas personas superficiales, especialmente los políticos, consideran latifundio toda gran extensión de tierra de un solo propietario, aunque en esa tierra exista una buena y racional explotación. Es un gran error, el latifundio se configura cuando no se cultiva o se cultiva mal. Precisamente, las grandes explotaciones racionales son las más convenientes y económicas. Así como es mejor y más racional poseer una fábrica con diez mil obreros y no diez talleres con mil obreros, también en el agro es más apropiado emplear las grandes explotaciones.

Esto no quiere decir que en nuestro país no existan grandes y pequeños latifundios, pero, el mayor de todos, lo constituye la tierra fiscal. Por eso, mientras el proceso de ocupación de la tierra en poder de privados se va realizando lentamente, dispusimos que se entregara aceleradamente la tierra pública.

Queríamos una reforma lenta pero segura, a realizarse en veinte años para que no resultara el remedio peor que la enfermedad.

Mediante esta y la política de precios de estímulo, hemos aumentado considerablemente la producción agraria. El estado social del campo argentino ha mejorado en la misma proporción que en las masas urbanas. Este equilibrio fue posible establecerlo y consolidarlo mediante una política permanente y cuidadosa en la acción gubernamental.

El proceso, ya acelerado, de mecanización, complementado con la preparación del personal idóneo, preparado en escuelas y en el Ejército, para bien emplear y conservar la maquinaria, completará en pocos años un aumento apropiado de una producción más intensiva y de menor costo.

El agro evoluciona sólo mediante planes a largo plazo muy inteligentemente ejecutados y controlados.

Durante nuestro gobierno la producción extractiva ha sido grandemente impulsada. Las minas de carbón de Río Turbio en plena explotación y los altos hornos de Zapala en plena producción son dos ejemplos de la preocupación estatal. La minería privada, mediante estímulos especiales del Banco Industrial (creado por nosotros) ha tenido un impulso considerable.

Dejamos al país en marcha con las mejores provisiones y en condiciones de alcanzar en poco tiempo una suficiente y eficiente producción, con tal que estos “libertadores” no metan mucho la mano.

En el estado de producción alcanzado y con los programas establecidos, lo que los productores argentinos necesitan no es que los ayuden sino más bien que no se les moleste. Mucho me temo que esta gente inexperta e interesada del gobierno de facto, pueda cometer alguna “barrabasada”, perjudicial, por ignorancia o por intereses.

La industria

He leído algunas informaciones y declaraciones de los “próceres” de la revolución que, en lo referente a la industrialización del país han hecho a la prensa extranjera. Ellas me confirman en la idea que tenía: esta gente no sabe nada de nada.

Llegan al gobierno con la misma desaprensión que llegaban todos los días a su cuartel para recibir, casi sin oír, un sin número de novedades intrascendentes.

En 1945, el Consejo Nacional de Postguerra, del que yo era Presidente, después de un largo y juicioso estudio de la industria argentina, llegó a la conclusión de que la postguerra plantearía un grave problema de existencia a la actividad industrial, si el gobierno no tomaba medidas adecuadas para defenderla. Así lo hizo notar también una gran delegación de industriales de todas las ramas, que se apersonó al entonces Presidente Provisional, General Edelmiro J. Farell.

En efecto, durante los cinco años de la Segunda Guerra Mundial, que no llegó al país ninguna manufactura, la industria argentina se desarrolló extraordinariamente para reemplazar la carencia, especialmente de maquinaria de procedencia extranjera. Es indudable que los costos de producción eran mayores y difícilmente, en un mercado abierto, pudieran soportar la concurrencia de la manufactura norteamericana y europea.

Este mismo fenómeno se había presentado ya en 1918, después de la primera guerra mundial. El gobierno de entonces abrió el mercado a la importación y poco tiempo después, los industriales, que habían servido mal o bien al país, se vieron arruinados de la noche a la mañana, con el tremendo impacto que esto presuponía para la economía argentina.

Este fue el origen, que ocasionó un largo estudio de la situación argentina, pues en la economía los problemas no son nunca aislados ni parciales. El consumo, la producción, la industrialización y la distribución sin actividades estrechamente conexas. Fue así que un problema de protección se transformó, a poco de considerarlo, en un problema de industrialización.

La evolución natural de las comunidades nacionales, marca en la historia de las naciones, etapas de superación. De pueblos pastores, pasan a pueblos agricultores para, finalmente, llegar a comunidades industriales. Las etapas no se aceleran pero tampoco pueden detenerse. De modo que si un pueblo debe o no industrializarse no depende de que a un “héroe” de éstos se le ocurra o no hacerlo.

La necesidad de la industrialización surge de las condiciones generales de la evolución y se impone en particular más por necesidades demográficas que por otras consideraciones, además de las necesidades de la economía colectiva.

El caso de nuestro país es de una elocuencia inconstratable. La República Argentina, con una población cercana a los veinte millones de habitantes, ha llegado a un alto grado de su evolución técnica y cultural, como asimismo en su aspecto económico, ha creado el problema de la alta concentración demográfica.

Abstrayéndonos de otras consideraciones en beneficio de la síntesis, podemos afirmar que las tres cuartas partes de su población es ya de carácter urbano y una cuarta parte rural. En otras palabras, que mientras cinco millones de argentinos producen la comida y los márgenes de explotación, quince millones que pueblan las ciudades y los pueblos deben dedicarse a otras actividades.

Considerando que, cinco millones en las ciudades, se dediquen al comercio, a actividades profesionales, etc., nos quedarían unos diez millones de habitantes, de los cuales, por lo menos cinco millones, son adultos útiles para el trabajo industrial.

Si no industrializáramos al país en estas circunstancias, quince millones de habitantes tendrían que vivir a expensas de la producción agropecuaria, mientras cinco millones útiles, por falta de trabajo, tendrían que pulular ociosos en las ciudades y pueblos.

Este problema será cada día más grave con el aumento de la población y la disminución de necesidad de mano de obra que la mecanización agro trae parejada.

En cambio, nada más justo ni conveniente, que las masas rurales provean a las ciudades, en tanto las masas urbanas mediante la producción industrial provean al agro. Esto establece un verdadero equilibrio y permite cerrar un ciclo interno de economía tonificada en la complementación, que estimula la producción, la transformación, la distribución y el consumo.

Si estas consideraciones imponen la industrialización argentina, el actual estado de cosas en el intercambio de materias primas por manufacturas, aconseja acelerar el proceso.

En efecto, actualmente se paga por la materia prima que exportamos precios insuficientes, en cambio, se nos cobra precios abultados por la manufactura que recibimos en pago. Esto, sin considerar que no exportamos nuestro trabajo manufacturado y sobre ello importamos el trabajo manufacturero extranjero manteniendo así a los obreros de Nueva York o de Detroit o de Francia, o Italia, mientras privamos de trabajo a nuestros trabajadores.

Finalmente, aun por razones de defensa nacional, la industrialización se impone. En el mundo moderno la industria es el único factor decisivo de fuerza que no puede improvisarse ni reemplazarse. La independencia estratégica es inseparable de la independencia industrial.

Por eso, dan ganas de llorar cuando se leen algunas declaraciones desaprensivas e incoherentes, sobre la preeminencia de la producción sobre la industria, que indican ligereza o incomprensión irresponsable. Nadie discute la importancia de la producción agraria, siempre que no sea en detrimento de la industrialización del país, como aparece en las peregrinas ideas de estos ignorantes.

Es dentro de estas ideas y conceptos que ya en 1945, decidimos colocar en el primer plan quinquenal, todo un programa de industrialización que comprendía:

Primer plan quinquenal: proteger la industria instalada, consolidarla y extenderla lo necesario para completarla.

Segundo plan quinquenal: desarrollo integral hasta la industria pesada y de materia prima en volumen limitado a las posibilidades financieras y técnicas.

Tercer plan quinquenal: expansión industrial hasta las necesidades nacionales y perfeccionamiento integral.

Estos planes se han ido cumpliendo con matemática exactitud con empresas nacionales estatales y privadas y con el concurso de numerosas y prestigiosas firmas extranjeras radicadas con abundante capital financiero y técnico. Mediante esta acción ha evolucionado la industria en forma portentosa. En 1946, cuando tomé el gobierno, no se fabricaban en el país ni los alfileres que consumían nuestras modistas. En 1955 los dejo fabricando locomotoras, camiones, tractores, automóviles, motocicletas, motonetas, máquinas de coser, escribir y calcular, etc, y construyendo vapores.

En estos días me enteré que estos bárbaros han dejado sin efecto el Segundo Plan Quinquenal. Lo lamento por la secuela de terribles inconvenientes que ello acarrearía a los hombres encargados de la ejecución de toda obra contenida en ese plan, y también por la desocupación de mano de obra que esta paralización acarreará. Sin duda esa desocupación es lo que se quiere producir para “tirar abajo” los salarios.

3. Acción política

No es un secreto para nadie que hasta 1945, en que se realizó la elección presidencial que me llevó al poder, controlada por el Ejército y elogiada por los propios adversarios, todos los actos electorales fueron fraudulentos.

La nuestra ha sido siempre una democracia asentada sobre una infamia: el fraude. Es que la democracia a fuerza de ser “amada” y “manoseada” por todos, ha terminado por prostituirse.

En la República Argentina se ha tecnificado el fraude electoral. Hay varios tipos y sistemas. Los que se realizaban en el Correo, los que se realizaban en la mesa, la cadena, el voto marcado y el de prepotencia (voto cantado). En todos ellos se trataba de sacar los votos y reemplazarlos por otros preparados de antemano y hasta se dio el caso, de encontrar, durante un escrutinio los votos atados con un piolín dentro de las urnas. El más usual y moderno, cuando ya se habían ya agotado en absoluto la vergüenza y el pudor, fue el “sistema de prepotencia”. Consistía en firmarle la libreta al elector y antes que éste sufragara le decían “ya votó”. Si preguntaba por quién, siempre habían un malevo de comité que, con voz aguardentosa le contestaba: “no sabés que el voto es secreto”.

Parecerá un cuento, tan terrible ha sido la situación argentina que cualquier hombre civilizado se resiste a creer que puedan aún suceder semejantes cosas. Sin embargo es real, de toda realidad.

Por lo que se ve, estos “libertadores de opereta” instaurarán de nuevo sus sistemas, esta vez, como antes, en nombre de la libertad y la democracia.

Han comenzado a declarar que el Partido Peronista es totalitario y que en consecuencia no está de acuerdo con las ideas democráticas del Pueblo Argentino que lo repudia. Por eso ellos lo declaran fuera de la ley y no le permiten concurrir a elecciones. Si el Pueblo lo repudia, ¿por qué no lo dejan? No sacará ni un voto.

Se ve claramente que todo es una inicua simulación, ni a ellos les importa un rábano la democracia, ni el Partido Peronista es totalitario. Lo que sucede es que si vamos a elecciones libres y sin fraude, le ganamos a todos los partidos juntos por más del 70% de los sufragios, como lo hemos hecho antes. Quizá hoy, con esta acción “inteligente” de los “libertadores”, obtuviésemos el 80 ó 90%.

Lo que se desprende claramente de toda esta tramoya, es que se prepara una reedición de los famosos fraudes electorales. Nosotros desterramos los sistemas y dijimos que “la era del fraude había terminado”. Se equivocan estos señores si piensan que al Pueblo argentino de hoy aceptará una elección fraudulenta. Pobre el gobernante que hoy llegara al gobierno como producto del fraude.

Nuestra acción política durante los años 1945 hasta 1955 se dirigió a afirmar la soberanía del Pueblo, haciendo lo que el Pueblo quería y no defendiendo otro interés que el Pueblo. Esta gente, realmente enemiga del Pueblo, hará lo necesario para entronizar de nuevo a la oligarquía conservadora clerical tratando de destruir las instituciones populares creadas por nosotros para defender los derechos y las reivindicaciones alcanzadas por la masa popular.

Nosotros apoyamos nuestro gobierno en los trabajadores, que actuaron en el Poder Ejecutivo y en el Congreso Nacional, además de participar en todas las ramas de las administraciones provinciales. Más de tres mil dirigentes obreros participaron permanentemente en el gobierno y la legislación argentina, durante el régimen justicialista.

Ellos han desenterrado una legión de “animales sagrados” que ya dormían el sueño senil de los olvidos, para ponerlos al frente de una evolución hacia atrás que propugna. Se trata, según han declarado, de volver todo al año 1943, como si la historia tuviera la reversibilidad de un par de calzoncillos.

El movimiento justicialista ha dejado al país una constitución moderna y popular y le ha inculcado al Pueblo una doctrina política que nadie podrá ya destruir, a pesar de las calumnias y mentiras que lanzan todos los días. Para persuadir hay que estar convencido y esta gente nada tiene ni en el cerebro ni en el corazón, por eso no se convencen ni así mismos. La mística emergente de una doctrina justa, libre y soberana ha hecho presa al hombre del Pueblo, encarnándose profundamente en las masas. Podrían destruir a Perón, pero lo que les dejé en el alma de cada peronista, eso no lo destruirán jamás, ni con discursos, ni con sermones, ni con mentiras, ni con calumnias.

V. OTRAS ACCIONES DEL JUSTICIALISMO

En la enseñanza

Hasta el advenimiento del justicialismo, la enseñanza estaba sólo al alcance de la oligarquía. El hijo de un hombre del Pueblo no podía nunca llegar a la enseñanza secundaria y menos aún a la universitaria, por la simple razón del dinero.

Al establecer nuestro gobierno la absoluta gratitud de toda la enseñanza, abrimos las puertas de la instrucción y la cultura a todos los hijos del Pueblo. Se terminó así con la odiosa discriminación y se dio acceso a todos por igual, para que de acuerdo con sus aptitudes, pudieran labrarse su porvenir.

La creación del Ministerio de Educación de la Nación, posibilitó asimismo dedicar una gran actividad y los fondos necesarios para encaminar y costear las diversas disciplinas escolásticas, científicas y técnicas.

En 1945 las personas que estudiaban en la República Argentina no pasaban de los dos millones. En 1955, cuatro millones de estudiantes poblaban las aulas en la enseñanza primaria, secundaria, universitaria, técnica y especial.

Los fondos dedicados a la educación pasaron de quinientos millones en 1945 a tres mil millones en 1955.

Recibimos el país con casi el 15% de analfabetos entre niños y adultos y, todos los años, más de doscientos mil niños no podían concurrir a la escuela primaria por falta de asientos en las escuelas del Estado. Lo devolvemos con sólo el 3% de analfabetos adultos y hoy todos los niños, sin excepción, pueden cumplir sus estudios primarios, secundarios, universitarios, técnicos y especiales.

El estado de los edificios escolares era calamitoso cuando en 1946 nos hicimos cargo del gobierno. Se había dado el caso del derrumbe del techo de una escuela, hiriendo a numerosos niños. En otros casos, las escuelas funcionaban en ranchos inapropiados.

En 1945 el déficit de edificios para escuelas de todo tipo pasaba de los diez mil. Nosotros en los ocho años de gobierno construimos ocho mil escuelas confortables y grandes. (Casi a razón de tres escuelas por días). Sólo en los primeros años del primer plan quinquenal, se construyeron más escuelas que en todo el resto de la historia argentina.

Ya en 1945, siendo Secretario de Trabajo y Previsión, creé las Escuelas de Aprendizaje y Orientación Profesional, destinadas a formar operarios, técnicos y profesionales. Hasta entonces los niños pobres aprendían sus oficios como aprendices en las fábricas y talleres y en medio del dolor de la injusticia y explotación que allí existía. No era esa la mejor escuela para formar operarios de la Nación.

Este régimen permitió encarar la enseñanza de grandes núcleos de población constituida por los niños que habiendo terminad el ciclo primario, por diversas causas, no seguían el secundario. Este contingente resultaba, en todo el país, casi el setenta por ciento de la población escolar. Hoy, después de ocho años, estas escuelas dan un total de casi cien mil operarios anuales altamente capacitados, para todas las actividades manuales, después de haber cursado los tres años en las escuelas de la Dirección Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional.

De estos mismos operarios egresados, luego de algunos años de práctica en las fábricas y talleres pueden seguir los cursos en las escuelas técnicas para egresar como “técnicos de fábricas” y luego pasar a la Universidad Obrera para obtener el título de Ingeniero Técnico.

Con esto hemos terminado con un estado de cosas que evidenciaba una fragante injusticia: había escuelas para los que podían costearse los estudios en las profesiones liberales; para los pobres, en cambio, no sólo no las había, sino que ellos eran arrojados, aún niños, a los talleres para formarse en el trabajo y el resentimiento. ¡Linda manera de hacer Patria! Estos son los “libertadores”…

Creamos asimismo y con objetivo similar numerosas escuelas y centros tecnológicos en todo el país que actualmente escalonan en el territorio nacional verdaderos centros de irradiación formativa.

Ampliamos y extendimos la acción de las universidades argentinas llevando de veinte a cien mil la población estudiantil universitaria y dando lugar a que numerosos latinoamericanos se incorporaran a ella. Sólo en la Universidad de Buenos Aires, quince mil estudiantes de Latinoamérica, siguen los cursos de las diferentes profesiones. En 1945 no pasaban de mil en todas las universidades reunidas. Algo ha de haber pasado en estos ocho años en las Universidades argentinas para que así sea.

El espacio de esta síntesis no me permite extenderme en numerosos aspectos de la extraordinaria obra realizada en esta rama del gobierno pero, si algo fue extraordinario en esta obra, fue precisamente la nueva orientación nacional dada a la enseñanza para destruir la colonialista que existía.

En la libertad de cultos

En la Argentina, por disposición constitucional, si bien el Presidente debe ser católico, tiene la obligación de hacer respetar la libertad de cultos. Esta simple y justa prescripción tiende a asegurar una libertad esencial que nadie se atreve ya a discutir en el mundo, por lo menos en público.

Sin embargo, puedo afirmar, con la experiencia dura de los hechos, que es menester poseer un gran carácter y una fuerte energía para imponerse a los sectarios y poder cumplir el juramente empeñado a la Constitución y a la Patria.

Son muchos los que en nombre de la religión vienen a inducirle a uno a la persecución. Un día es a los judíos, otro a los protestantes y luego a los masones, como si un presidente, por ser católico, debiera pasar a ser instrumento de persecución, en reemplazo de la ineptitud o incapacidad moral de los pastores encargados del culto.

La primera cuestión que se me trajo fue la invasión protestante a Formosa, donde algunos pastores inculcaban su culto. Yo contesté que en la República Argentina había libertad de culto y que mi deber era ampararla y que así como no me parecía bien que los sacerdotes se metieran en política, tampoco creía prudente que los políticos nos metiéramos en los cultos. Luego se nos insinuó la inconveniencia de que se hicieran espectáculos en las plazas y las calles con motivo que algunos cantaban y tocaban el acordeón. Yo dije que mientras otras religiones hicieran procesiones en la calle, yo no podía impedir que ellos lo hicieran a su manera.

Al hacerme cargo del Gobierno tuve un serio problema con la persecución de los judíos. Se había dado el caso, en Paraná, Entre Ríos, que desnudaron en la calle a un israelita y corriéndolo a golpes dando un espectáculo bochornoso. No había día que alguna sinagoga no fuera dañada con bombas de alquitrán o que en las calles apareciese algún letrero ofensivo. Siempre he creído que estos son signos de barbarie. La culpa recayó invariablemente en los nacionalistas. Un día llamé a los dirigentes de esta agrupación y les hablé francamente. Ellos me manifestaron que era totalmente falso que su movimiento cometiera esos desmanes y tomaron contacto con las organizaciones judías. Se estableció después, que las inscripciones eran de los nacionalistas de la Acción Católica.

Con referencia a la masonería se me planteó también un problema similar. Se me aseguró que en nuestro movimiento había masones infiltrados. Yo respondí que no sabía, ni que me interesaba, porque mientras fueran buenos peronistas no me importaba si pertenecían a una u otra sociedad. Recuerdo entonces que uno me dijo: “Pero, Señor Presidente, ¿qué piensa usted de un masón?” “Lo mismo que de un socio de Boca Júniors”, contesté, y terminó la entrevista.

Durante mi gobierno recibí indistintamente a los jefes de la iglesia católica apostólica romana, como a los rabinos judíos, al representante del Patriarca de Jerusalem y jefe de la iglesia ortodoxa de Oriente, a los ortodoxos griegos, a los protestantes, a los mormones, a los adventistas, a los evangelistas, etc., porque creí de mi deber no hacer diferencias entre los pastores de los diversos sectores del Pueblo Argentino. Jamás tuve inconveniente con ninguno de ellos, excepto los católicos romanos, que no perdieron nunca la ocasión de pedir, imponer, cuestionar las leyes, realizar negocios, armar escándalos y hasta, durante mi gobierno, tuve la desgracia que el crimen más horrendo cometido en los últimos veinte años, lo fuera por un sacerdote católico apostólico romano, llamado Mazzolo, secretario del Arzobispo de Santa Fe, Señoría Ilustrísima y Reverendísima Monseñor Fasolino. Este cura se había casado en Rosario (Santa Fe) ocultando su condición de sacerdote. Luego se instaló en una pequeña propiedad en un pueblo suburbano. Con su mujer tuvo dos hijos. Un día asesinó a su mujer, la descuartizó, la llevó en el cajón de su automóvil y arrojó sus fragmentos en diversos lugares del Río de la Plata, después de destruir los posibles elementos de identificación.

En la organización del Pueblo

Una de las mayores preocupaciones del movimiento justicialista en el gobierno, fue la organización del Pueblo. Siempre he considerado que una turba es una masa inorgánica.

Por eso, desde mi ascenso al poder me dediqué con verdadero ahínco a organizarlo todo. Traté de crear un gobierno centralizado para concebir y planificar, un Estado descentralizado para ejecutar y un Pueblo libremente organizado para producir.

Confieso que no tuve inconveniente alguno para conseguirlo, pues persuadí a la gente poco a poco de la necesidad de que, dirigentes representativos de las distintas actividades, pudieran colaborar con el gobierno haciendo escuchar sus opiniones y defendiendo los intereses de las organizaciones que representaran.

Comencé por las organizaciones obreras. Encomendé a sus dirigentes que me redactaran un “Estatuto Legal para las Asociaciones Profesionales” donde su larga experiencia estuviera volcada en su texto, mediante prescripciones sabias y prudentes. La tarea no era fácil.

La historia del sindicalismo argentino era trágica. Por una parte, por la acción injusta y prepotente de los gobiernos reaccionarios; por otra, por la propia desunión de los dirigentes, ocasionada por la gravitación política, especialmente de los socialistas, que, con dirigentes burgueses, hacían un juego de engaño y traición a la clase trabajadora.

Los gobiernos reaccionarios no habían previsto nada sobre organizaciones profesionales porque así tenían libertad para actuar como poder de policía. Se aducía para ello la prescripción constitucional que establece que “todo argentino tiene derecho a asociarse con fines lícitos”. Dejado así, en forma muy general y sin reglamentar, la defensa de los intereses profesionales pasaba a ser un derecho muy aleatorio, dependiente de la justicia que los reaccionarios manejaban a su antojo.

En esas condiciones los sindicatos y centrales obreras funcionaban con “espada de Damocles” pendiente sobre sus Comisiones Directivas. En efecto, cuando se producía una huelga, la justicia las declaraba “asociaciones ilícitas”, la intervenía y todos sus componentes iban a dar con su humanidad a la cárcel.

Nosotros pusimos especial cuidado en el Estatuto Legal de Asociaciones Profesionales que redactamos, en forma de neutralizar esta injusta y abusiva maniobra para el futuro. Para ello establecimos que una institución gremial de trabajadores no podía ser intervenida sino por otra organización obrera de mayor jerarquía. Con esto le dimos un privilegio indispensable para defenderla contra los gobiernos prepotentes y malintencionados.

Su efecto no se ha hecho sentir frente a estos bárbaros de la dictadura militar que masacraron a miles de obreros en Rosario, Avellaneda y Buenos Aires y se animaron a intervenir la C.G.T. Es claro que el móvil de esta gente subalterna al asaltar la propiedad privada e intervenir la Sociedades Anónimas, no es político, sino simplemente es robo; es una especie de saqueo organizado. Ello se hace notar en la previsión con que descubren “donde hay dinero” o algo que lo represente para lanzarse sobre ello.

La violación de la ley por la dictadura dará lugar a su hora a un juicio en el que la Nación deberá resarcir los daños ocasionados.

En 1945, cuando se puso en vigencia el Estatuto Legal de las Asociaciones Profesionales, existían tres centrales obreras. Mediante sabias disposiciones de este estatuto se llegó a la central única que representa también la única forma que los trabajadores tengan fuerza y dejen de depender de los caudillos políticos que siempre simulando servir a los obreros, en la realidad se sirven de ellos.

En 1950 la organización obrera era ya un baluarte inexpugnable con C.G.T. y sus dos mil sindicatos capitalizados y potentes. Era una organización temible para la reacción y aún para los políticos de todos los partidos, incluso el peronista, porque su única política consistía en la defensa de los intereses gremiales y profesionales. Tenían sus diputados, sus senadores, sus ministros, tanto en el poder federal como en los gobiernos provinciales, en los cuales varios gobernadores hicieron honor a su condición de dirigentes sindicales con gobiernos que fueron ejemplo de capacidad y honradez.

Otra de mis preocupaciones fue organizar la Confederación General Económica, en la que se agrupasen los productores, los industriales y los comerciantes. El objeto principal era que las fuerzas vivas pudiesen llegar al gobierno con sus inquietudes y necesidades generales y mantener con las organizaciones del trabajo una relación constructiva a base de un trato justo y ecuánime.

Una de las conquistas más decisivas obtenida ya en 1945 en la Secretaría de Trabajo y Previsión fue precisamente la oficialización de los convenios colectivos de trabajo. Ellos podrían ser realmente efectivos cuando su origen fuera una decisión conjunta de la C.G.T. y la C.G.E. (Confederación General del Trabajo y Confederación General Económica).

Los empresarios al principio un poco desconfiados y remisos, decidieran ya en 1951 la organización de la Confederación General Económica a base de una federación de la producción, otra de la industria y la otra del comercio.

Desde entonces, los convenios colectivos de trabajo pasaron a ser acuerdos bipartitos por dos años, con lo que se consiguió una estabilidad general de salarios, que con la congelación de precios y su control, frenó la inflación y estabilizó el costo de vida, quizás como una excepción en el mundo actual. Ello merced a los beneficios que siempre trae aparejados la organización.

Recién entonces, los empresarios se dieron cuenta de las ventajas que el sistema comportaba, cuando llegaron a olvidarse de las ruinosas huelgas que siempre habían soportado. En la producción, una huelga suele compararse a un incendio; tales son sus perniciosos efectos. Con nuestro sistema hemos llegado a abolir totalmente las huelgas sin ninguna intervención estatal, por la persuasión y acuerdo de las partes.

Obtenida esta base comenzó la organización de la Confederación de Profesionales, que encontró alguna dificultad por carencia de una conciencia social solidaria que caracteriza a esta clase de actividades.

Las organizaciones estudiantiles llegaron a un alto grado de eficiencia con la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), la Confederación General Universitaria (CGU), la Confederación de Estudiantes de Institutos Especializados (CEDIE), la Federación Americana de Estudiantes (FAE) y la Organización Mundial Universitaria (OMU). Estas organizaciones totalmente prescindentes de la política tenían por misión: la defensa de los intereses estudiantiles y el desarrollo de la acción deportiva en la juventud estudiosa.

Las instituciones mencionadas constituían, en el aspecto deportivo, la Liga Estudiantil y, casi toda la organización era a base de clubes donde los estudiantes podían incluso hospedarse para resolver el difícil problema de su alojamiento, hasta nuestro tiempo, de un aspecto calamitoso moral y materialmente considerado.

Las instalaciones, construcciones, alimento, alojamiento, etc., de estas instituciones fueron pagadas por el Estado desde que los estudiantes pobres que las utilizaban no podían costearlas por sí. Por otra parte la gimnasia y los deportes forman parte de la cultura física que con la intelectual y la moral completan los estudios modernos que dejamos al país.

Ahora he visto en los diarios la crítica a los gastos que hicimos para dar un poco de salud, alegría y felicidad a nuestros muchachos. Yo sé que estos “libertadores” hubieran preferido que ese dinero fuera a sus manos, así ellos lo derrochaban en algo que justifica las substracciones.

Sé también que todas estas instituciones han sido intervenidas y sé también por qué. Las instituciones religiosas católicas de la República Argentina, empeñadas en comprar nuestra juventud para sus fines, se opusieron pertinazmente a que la juventud se organizara por su cuenta. Ellos pretenden dirigirlas. Los muchachos son reacios a sus procedimientos y a su sectarismo. Entonces los curas prefieren que, si no son de ello, no existan organizaciones juveniles, ni estudiantiles. Lo mismo nos ocurrió con los Campeonatos Juveniles e Infantiles Evita, organizados por la Fundación Eva Perón.

Lo más probable es que estos “campeones de la libertad” traten de destruirlas. Con ello conseguirán añadir un nuevo baldón a los muchos que ya cargan sobre su conciencia un tanto desaprensiva, más por inconsciencia e irresponsabilidad de lo que hacer, que por otras razones. Un bruto suele ser peor que un malo, porque el malo tiene remedio.

Sería largo enumerar las numerosas instituciones profesionales, sociales, deportivas, etc., que apoyamos e impulsamos desde el gobierno con una idea definida y una intención decidida en la organización del pueblo. Creemos firmemente que la peor masa es la ignorante porque puede ser fácil instrumento de los audaces y de los malintencionados. En la organización, la comunidad encuentra su autodefensa.

En la salud pública

Aunque parezca increíble, hasta 1946 no existía en la República Argentina un organismo estatal encargado de velar por la salud de su población. Existía en cambio un Ministerio de Agricultura que tenía una Dirección de Sanidad Vegetal y Animal. Interesaba más la salud de los animales porque éstos tenían buen precio, en cambio un hombre no se cotizaba ni en ferias, ni en mercados. Esta era la Argentina que nosotros encontramos.

Se combatía la garrapata y la langosta en el norte, pero el paludismo, que diezmaba su población, no había llamado la atención de los poderes públicos. La lepra, en el litoral, era un problema serio. La tuberculosis y la sífilis eran verdaderos flagelos nacionales ayudados por la incuria de las autoridades. El tifus exantemático, la brucelosis, el quiste idatídico y numerosas enfermedades iban tomando formas crónicas en sectores de población regional.

Una de las primeras medidas de nuestro gobierno en 1946, fue crear el Ministerio de Salud Pública, el que recibió la misión de organizar la sanidad argentina, establecer normas generales de profilaxis, estudiar los problemas planteados por las enfermedades endémicas, lanzar una acción decidida para terminarlas y organizar las medicinas preventiva y curativa en el país.

Sería largo historiar la acción proficua y decidida de este Primer Ministerio de Salud Pública pero algunos datos estadísticos serán elocuentes reflejos de esta acción. Mediante un nuevo sistema de “dedetización” sistemática, se terminó con el paludismo en el país en sólo dos años de acción intensa. En la actualidad hace cinco años que no se conocen nuevos casos. En 1946 el índice de mortalidad por tuberculosis era de 130 por cien mil, en 1954 ese mismo índice era de 36 por cien mil. La sífilis y las enfermedades venéreas han desaparecido en su casi totalidad con el empleo adecuado de los modernos antibióticos. La lepra ha sido circunscripta a los leprosarios preparados y habilitados que han permitido el aislamiento conveniente, evitando los transmisores ambulativos.

De la misma manera se ha terminado con las epidemias de tifus exantemático, brucelosis, etc., etc.

La organización sanitaria asegura ahora una vigilancia estatal sobre toda epidemia propio o emigratoria, de modo que podemos afirmar que, por primera vez, la población argentina está realmente protegida contra ese peligro siempre latente.

En la medicina asistencial se ha dado un paso gigantesco. En 1946 no se disponía sino de siete mil camas en todos los hospitales existentes tanto una población de casi quince millones, requería una existencia mínima de quince mil camas.

Para subsanar este grave problema de carácter asistencial iniciamos una política decidida de apoyo a la construcción de modernos policlínicos. Los gremios más numerosos, las asociaciones mutualistas y otras organizaciones recibieron el estímulo y el apoyo financiero del Estado para llevar a cabo las construcciones. Para no cansar con datos estadísticos de esta naturaleza, sólo deseo dar algunas referencias generales. Sólo la Dirección General de Acción Social del Sindicato Ferroviario construyó en estos ocho años: un gran policlínico central de mil camas, veinticinco policlínicos menores regionales, etc. La mayor parte de los gremios disponen ya de modernos policlínicos o consultorios externos, según su capacidad económica.

La “Fundación Eva Perón” en un esfuerzo admirable desarrolla un plan de habilitación de veintiocho policlínicos modernos en todo el país, de los cuales cinco está ya funcionando con un total de tres mil setecientas cincuenta camas, sin contar otros centros de salud y readaptación que atienden una población de más de dos mil quinientas personas alojadas.

Los viejos hospitales de la Capital Federal y de las provincias, dependientes de las autoridades comunales, han recibido también el aporte de numerosas mejoras en sus servicios, como asimismo las Facultades de Medicina de las distintas Universidades construyeron o mejoraron los hospitales escuelas correspondientes.

En este sentido, tan grande ha sido el impulso impreso a la sanidad asistencial que, en la actualidad, se encuentran instaladas más de quince mil camas en servicio, es decir, nosotros en ocho años hemos habilitado en modernos y confortables policlínicos, más camas que en toda la historia de la sanidad argentina.

La medicina preventiva ha recibido un impulso extraordinario. Las revisaciones periódicas, los catastros pulmonares permanentes, desconocidos en nuestro país, mediante sistemas económicos, van siendo generalizados en casi todo el territorio. Solamente la Sanidad Escolar y la Fundación Eva Perón, revisan y catastran anualmente a más de un millón de niños que son seguidos atentamente en su desarrollo. Este mismo proceso preventivo se extiende aceleradamente a la población obrera de fábricas y talleres.

Cada día estamos más lejos de la orfandad legárquica, porque pensamos que la conservación del material humano, es el índice de la mayor riqueza en lo material y en lo humanista.

Podrán morir argentinos por miseria fisiológica, pero ya no mueren más por miserias sociales. Los médicos nos han ayudado a nosotros los estadistas, curando, pero no hemos nosotros ayudado menos a los médicos con las medidas sociales de mejoramiento en la alimentación y profilaxis que un mejor Standard de vida trae aparejado.

Estos “libertadores” no ven nada de esto. Total ellos recibieron del Pueblo todo lo necesario para vivir gordos y ociosos. Hay una conciencia que sólo vive en los conscientes. Los irresponsables, a menudo sólo ven lo que nosotros no vemos, por eso suelen ser felices a su manera.

En los deportes

En la doctrina justicialista se considera al hombre como un ente sustible a la cultura, pero de acuerdo al viejo aforismo griego todo en su medida y armoniosamente. Por eso, en la educación consideramos como indispensable que el Estado influyera para formar un individuo de perfecto equilibrio en sus cualidades y calidades esenciales, mediante una cultura intelectual, una cultura física y una cultura moral.

Sólo un individuo con un alma buena, con su cuerpo sano y vigoroso y una mente desarrollada e inteligente, satisfará, en nuestro concepto, una educación completa e integral.

Pensamos nosotros que un hombre sabio, si es un malvado, adquiere mayor grado de peligrosidad para sus semejantes, de donde en la educación es decisivo formar hombres buenos y prudentes, que grandes eruditos al servicio del mal.

Para alcanzar los altos fines perseguidos por esta orientación se organizó un sistema escolástico que permitiera, en la escuela, colegios y universidades, cultivar la inteligencia y el alma mediante una enseñanza intelectual y moral adecuada. En las palestras deportivas, complemento de las anteriores, se debía, en cambio, fortalecer y desarrollar el cuerpo y ejercitar con las virtudes viriles el espíritu individual, la solidaridad y cooperación colectivas, mediante ejercicios y pruebas apropiadas.

La antigua gimnasia aburrida y en general imperante debía ser reemplazada por la práctica deportiva, entusiasta y activa, consubstancial con el Pueblo en sus manifestaciones propias.

Dentro de estos conceptos, establecimos que los niños de escuela primaria debían dedicarse a los juegos deportivos propios de su edad y las escuelas disponer de pequeños campos deportivos, donde dos veces por semana, los niños pudieran pasar por lo menos una tarde o una mañana jugando al aire y al sol. Las escuelas y colegios secundarios debían iniciar a los niños mayores de doce años en la práctica deportiva, disponiendo al efecto de campos de deportes cercanos propios o de los clubes existentes en las cercanías. Esta acción era completada por los clubes de la “Unión de Estudiantes Secundarios” (UES), organizados en todo el territorio de la República, donde las muchachas y los muchachos podían dedicar las tardes y las mañanas para cultivar los deportes de su preferencia y completar su cultura general.

Con esa finalidad, el Estado construyó un gran club de varones en Núñez con más de cien mil socios entre los estudiantes secundarios y otro de mujeres en la Quinta Presidencial de Olivos, que contaban con casi noventa mil niñas de los establecimientos secundarios. En esos clubes además de la totalidad de los deportes se enseñaban danzas clásicas y folklóricas, canto, arte escénico, pintura, etc. En las provincias se habían organizado establecimientos similares. Estos clubes eran gobernados y dirigidos por los mismos estudiantes con el asesoramiento de profesionales.

En la rama universitaria, técnica y especial, organizada en forma similar, funcionaban también en las confederaciones correspondientes organizaciones similares.

Todo este personal deportivo se agrupaba en la Liga Estudiantil Argentina (LEA) que anualmente debía realizar campeonatos propios. Para niños y jóvenes que no fueran estudiantes, la Fundación Eva Perón, mantenía sus clubes y anualmente organizaba los campeonatos infantiles y juveniles, movilizando en todo el país, a casi medio millón de niños y jóvenes deportistas.

El deporte en los adultos era dirigido y gobernado por la Confederación General de Deportes que, reuniendo a todas las federaciones de las distintas especialidades y el Comité Olímpico, formaba una entidad privada, donde sus autoridades eran designadas por elección.

Este sistema dio resultados tan extraordinarios que el programa actual de formar en el país cinco millones de deportistas, era ya un objetivo asegurado. En estos ocho años la Argentina ganó varios campeonatos mundiales y sus deportistas fueron mundialmente conocidos.

Se construyeron grandes estadios en toda la República y se iniciaron en la práctica deportiva millones de jóvenes argentinos. En el homenaje que los deportistas hicieron al Gobierno en agradecimiento que su apoyo y su ayuda, delegaciones de todo el país desfilaron durante cuatro horas ininterrumpidamente.

Por noticias de estos días me entero que todas las organizaciones deportivas, por primera vez en la historia argentina, han sido intervenidas por el gobierno. Tal medida, de una violencia y arbitrariedad sin precedentes, evidencia la clase de gobierno que soporta el país.

Sin duda una cantidad de advenedizos tratarán de destruir las organizaciones deportivas con grave perjuicio para el deporte argentino.

Igualmente han intervenido las organizaciones estudiantiles que con tanto cariño levantamos nosotros, pero tengo fe en los jóvenes y allí no conseguirán sino hacerse odiar por los muchachos y las muchachas que no entienden ni soportan supercherías y son aún suficientemente idealistas como para no pensar en conveniencias insignificantes.

El saldo de la “revolución libertadora” en este aspecto, anuncia desastres como en lo demás; debemos esperar días mejores en que nos sea dado poder seguir trabajando para el Pueblo Argentino. La noche negra de la dictadura habrá quedado atrás, su triste memoria será un incentivo para no volver ni la vista. El estigma de la traición y el genio del mal habrán sido una vez más una lección para todos.

VI. LA AYUDA SOCIAL “FUNDACION EVA PERON”

Cubiertos todos los riesgos por nuestra previsión social y legislación laboral, nos dimos cuenta que aún algunos sectores y riesgos no habían sido alcanzados por nuestras meditadas previsiones. Es que la comunidad es tan heterogénea en sus diversos componentes y problemas, que difícilmente puede ser integralmente defendida en su conjunto y en sus individuos por la simple previsión social.

Dentro del Pueblo mismo siempre hay familias y hay individuos (ancianos, mujeres, niños y aún hombres) que no tienen derechos pero tienen necesidades y miseria. En muchos casos ellos mismos son culpables por sus vicios y sus disipaciones, pero ni aún esas causas disminuyen las necesidades ni evitan las miserias. Culpables o no, necesitan la ayuda humana de solidaridad que la comunidad está en la obligación de atender.

Desde que el problema existe, una sociedad justa y provisora debe atenderlo y resolverlo. Con este concepto altamente humanista nació la “Fundación Eva Perón”. Se formó de la nada, como generalmente se forman las grandes cosas cuando un corazón las anima y una fuerte voluntad de bien las impulsa. La fuerza motriz fue Eva Perón; los medios, la bondad y la generosidad infinita de nuestro pueblo; el fin, aliviar un dolor o enjugar una lágrima allí donde existieran.

El precio pagado fue desproporcionado porque representó el sacrificio de la propia vida de Eva Perón que la inmoló concientemente en beneficio de los pobres y de los necesitados de todo orden, cualquiera fuera la parte del mundo donde estuvieran.

Mandó miles de paquetes con comida y ropas a los niños alemanes y japoneses en 1945, concurrió a Ecuador, Bolivia, Chile, Turquía, Italia, en terremotos, inundaciones, etc. Vistió a los bomberos de Londres en días difíciles. Llegó con obsequios a los niños pobres del mundo sin excluir los Estados Unidos de Norte América, ni a Checoslovaquia, a pesar de las diferencias.

En nuestro país millones de personas han recibido la ayuda oportuna y necesaria que nadie le hubiese prestado a no ser la Fundación. Sus hogares de tránsito, sus hogares escuelas, sus proveedurías, sus policlínicos, sus colonias de vacaciones, su ayuda social directa, su servicio médico integral, sus campeonatos deportivos, sus juguetes, sus panes dulces y sus sidras, marcan una etapa en la vida argentina suficiente para inmortalizar a esa extraordinaria mujer que fue Eva Perón.

La ciudad infantil y la ciudad estudiantil son sus monumentos, donde los niños de todos los tiempos recordarán que “al lado de Perón hubo una humilde mujer que el Pueblo llamaba cariñosamente Evita”, que dio su vida por verlos felices y mirarlos reír.

“Los libertadores” de esta revolución de criminales mandaron destruir sus monumentos que el Pueblo levantó. Intervinieron la Fundación Eva Perón, profanando sus locales con uniformes deshonrados, de una marina sin gloria, cargada con el deshonor de la “Rosales”[i] y que en un siglo la primera página de historia que escriben es ésta de asesinatos, destrucción y profanación.

El mundo entero conoce a Eva Perón y el mundo entero sabe de su obra y de su acción. No son precisamente estos anónimos filibusteros de la revolución los que pueden empañar su gloria. Hay ataques que honran. Este es uno de ellos.

La Fundación surgirá potente y pujante de esta prueba y un día cuando ya ni se sepa que estos bandidos han existido en nuestra Patria, la figura de Eva Perón surgirá serena y señora para indicar a las generaciones argentinas el sendero del amor y la solidaridad.

VII. EL CASO “LA PRENSA”

El caso del diario “La Prensa”, de Buenos Aires, es una simple evasión de impuestos. Lo complejo está precisamente en su existencia, su administración y dirección.

En Buenos Aires no es un secreto para nadie que este diario hace ya muchos años no pertenece a la familia Paz. Gainza es simplemente un testaferro.

Si cuando este diario era de Paz fue una calamidad para el pueblo argentino por representar la más cruda reacción oligárquica, desde el momento que intereses extranjeros lo adquirieron pasó a ser un puesto avanzado del colonialismo. Gainza Paz, fue simplemente una pantalla para hacer creer que allí “no ha pasado nada”.

La dirección de “La Prensa” ha estado siempre en otras manos. El ex embajador de Gran Bretaña, Sir Nelly, dice en sus memorias que mientras estuvo en Buenos Aires (19451946), él personalmente redactó los artículos de fondo del diario “La Prensa”.

En 1946 este diario estaba procesado administrativamente por la aduana nacional, acusado de haber hecho uso indebido del papel de diario que, como tal, estaba liberado de impuestos. Este proceso databa ya de algunos años, de modo que cuando yo me hice cargo del gobierno, me encontré ya con el proceso en marcha.

Además existía otra denuncia de otras evasiones impositivas ocasionadas por simulaciones de servicios informativos a fin de refraudar al Fisco en los impuestos a los réditos y eludir las disposiciones cambiaras del Banco Central. A tal efecto, “La Prensa” había celebrado contrato con una importante agencia informativa extranjera (U.P.), contratando con carácter exclusivo sus servicios en la suma de quinientos mil pesos mensuales. Esta suma, evidentemente exagerada, había llamado la atención de la Dirección General Impositiva, ya que servicios similares nunca pasaban de diez o quince mil pesos mensuales. Se suponía que mediante este procedimiento doloso “La Prensa” giraba sus beneficios evadiendo así la ley de cambios y defraudando al fisco el impuesto a los réditos.

En los primeros meses del año 1946, el diario provocó un conflicto con su personal que pedía mejoras semejantes a las acordadas en los demás diarios de la Capital Federal. Era indudable que “La Prensa” no se había distinguido nunca por su sentido social y era considerada por todos sus obreros como un baluarte de la explotación capitalista de los trabajadores.

Los vendedores del diario le exigieron asimismo mejores condiciones para la venta ya que todos los otros diarios las habían acordado. “La Prensa”, firme en su intransigencia, se negó a todo. Su personal se declaró en huelga y el diario no salió. Era la primera vez en muchos años que ello le ocurría. Con un grupo de “crumiros”[ii] se pretendió hacer una demostración de fuerza en los talleres, los obreros resistieron y hubo muertos y heridos.

Para evitar que se difamara al Poder Ejecutivo con el pretexto de la libertad de prensa, decidí permanecer prescindente en el problema y, mediante un mensaje al Congreso, le pasé el asunto a su consideración y solución.

Comisiones de las Cámaras intentaron arreglar el conflicto sin resultado, pues la intransigencia patronal era irreductible. Del mismo modo el personal obrero exigía las mejoras que consideraba justas o en su defecto no trabajaba.

Después de muchas gestiones y consideraciones, las Cámaras votaron una ley expropiando el diario, ordenando pagar su valor y liquidarlo en forma de asegurar el mejor provecho social.

El Poder Ejecutivo se limitó a cumplir la ley. Para ello fue necesario, previamente, resolver los procesos pendientes por evasión de impuestos, la justicia luego de largos y laboriosos diligenciamientos condenó a la empresa al pago de las multas correspondientes, que debían deducirse del precio para resarcir al Estado.

Hecho lo anterior, se liquidó la empresa; la compraron a medias la Confederación General del Trabajo y el Sindicato de Vendedores de Diarios.

“La Prensa”, que hasta entonces representaba los intereses contrarios al Pueblo y a menudo de la Nación, comenzó a salir con una orientación eminentemente popular. El mismo personal siguió en su puerto, pero ahora como propietario.

Es indudable que este asunto dio mucho que hablar. Los “libertadores” de la dictadura militar, prometieron devolverlo despojando a la C.G.T. y al Sindicato, pero ellos compraron y pagaron de buena fe. El fallo en firme ampara su derecho.

Veremos qué hacen “libertadores” que han de haber recibido dinero con el compromiso de devolverla. No sería difícil que así como traicionaron al país y a la fe jurada a la Nación, traicionen también a los capitalistas que los financiaron y dirigieron hasta el momento de tomar el poder. Ahora es más conveniente andar bien con la C.G.T. El traidor no cambia, cambian los traicionados.

VIII. EL CASO BEMBERG

La familia Bemberg en la Argentina es algo así como un inmenso pulpo venenoso que todo lo va emponzoñando y ocupando.

La corrupción de funcionarios públicos fue su especialidad. La “coima”[iii] es una institución bembergiana. Penetró el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. No hubo rincón de la Administración Pública donde Bemberg no llegara con su corrupción.

Mediante este procedimiento delictuoso llegó a amasar una gran fortuna; como Al Capone, se dedicó a la cerveza y constituyó el más extraordinario monopolio, para estar también fuera de la ley en este aspecto. Sus abogados fueron también famosos como lo son en el foro los que se dedican a esta clase tan torcida del derecho.

Bemberg fue tomando todas las cervecerías del país después de arruinar a sus legítimos dueños por la competencia desleal. Tomó todas las fábricas de levadura y monopolizó las malherías. Era desde ese momento el “Rey de la Cerveza”; como tal, había terminado con todos. Obtenido esto, se dedicó a la yerba mate y tal vez habría creado otro inmenso monopolio si las cosas no hubieran cambiado con la muerte de “Don Otto”.

A la muerte de este señor sus herederos iniciaron juicio sucesorio, de esto hace casi veinte años, y con gran sorpresa para el fisco, su fortuna se reducía sólo a seiscientos mil pesos. Terminado el juicio, frente a tan insólita y absurda simulación, el Consejo Nacional de Educación denunció la evasión de impuestos y el asunto pasa a la justicia federal. Allí el juicio durmió el suelo de las cosas olvidadas durante quince años, en los que los herederos Bemberg han de haber movido algunas “influencias” para que “no se hablara más del asunto”. “Hijos de tigre, tenían que salir overos”.

En 1946, cuando recibí el gobierno y no tenía ni noticias del “caso Bemberg”, un señor José Luis Torres inició una campaña en los diarios y por folleros, sobre esta defraudación al fisco.

En ese entonces se había creado el Ministerio de Educación, en reemplazo del antiguo Consejo Nacional de Educación, que era quien percibía los impuestos a la herencia y las herencias vacantes. Pedí al ministro que estudiara el asunto y cumpliera la ley. Desde entonces el juicio marchó.

Sería largo historiar todo lo que se comprobó en ese juicio que, por otra parte, ha sido publicado en extenso:

Las demandas eran de dos caracteres: una por defraudación al fisco y otra por monopolio. Eran tan abrumadoras las pruebas que ambos juicios aunque largos y laboriosos, terminaron condenando a la sucesión Bemberg y ordenando la liquidación de sus bienes en rebeldía porque todos los Bemberg habían desaparecido del país. Se comenzó la liquidación pero mientras se estaba en ello, se comprobó que algunos testaferros actuaban para adquirir para Bemberg lo que el mismo Bemberg vendía. Esta superchería hizo que el Congreso tomara cartas en el asunto y dictara una ley especial sobre cómo debía hacerse la liquidación.

Mediante esta ley, dictada en resguardo de la justicia misma, fue posible que el Estado tomara cartas en el asunto y procediera a una real liquidación de los bienes. Mediante ello también fue posible que el Sindicato de Cerveceros y afines de la República Argentina, que agrupa a todos los obreros de Bemberg, pudieran comprar las cervecerías y los establecimientos afines, pagando un precio justo y convirtiéndose en propietarios, mediante el sistema cooperativo. Tenemos más cerveza y es del Pueblo.

También en este caso los “libertadores” prometieron devolver a Bemberg, que los “financió”, sus bienes, despojando a los obreros que compraron de buena fe, mediante un fallo definitivo de la justicia y una ley nacional que dispuso la liquidación.

Aunque estos “libertadores” han dado muestras de desconocerlo todo, imagino que entre ellos habrán algunos que tengan algo de juicio y conozcan algo de derecho, aunque generalmente en las dictaduras militares el derecho suele ser la cosa más olvidada, más desconocida y más aborrecida: los dictadores son el derecho. Por eso Cicerón afirma: “La fuerza es el derecho de las bestias”.

IX. EL CASO DEL URUGUAY

Lo que la familia Bemberg fue en la Argentina, el Uruguay es en Sur América. Aquélla acaparó cerveza, éste acapara democracia, pero en mentalidad y procedimiento, no hay diferencias.

Yo nunca he sentido sino afecto hacia este pequeño país tan vinculado al nuestro por lazos de sangre; tal es para mí así que, una de mis abuelas era uruguaya, de la Banda Oriental como le llamábamos entonces.

Pero de un tiempo a esta parte, sus gobiernos se han puesto insoportables por su mala educación y sus malas costumbres. La buena vecindad la entienden siempre que nosotros seamos los buenos y ellos los vecinos.

Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, el señor Batlle Berres, que entonces era Presidente de la República Oriental del Uruguay, me pidió una entrevista que dispuso fuera en el Río de la Plata, donde nos encontraríamos el día y la hora que él también dispuso. Yo creí que, con tanta exigencia, nos iría a dar algo, pero no fue así.

Yo acepté y un día nos encontramos en el Río de la Plata cerca de Carmelo, donde concurrí en el pequeño barco de la Presidencia y él lo hizo en un barco grande pintado a rayas. La entrevista fue relativamente cordial. Yo me acompañaba con Don Miguel Miranda, Presidente del Consejo Económico, por si había “algo que recibir”. Se trataron de algunos temas naturalmente “democráticos” y Batlle Berres me leyó una declaración que haría de carácter también democrático dirigida al Uruguay. Después fuimos al asunto. Se trataba que el gobierno argentino permitiera pasar al Uruguay ganado sin cobrar en dólares y que se hiciera una política cambiaria que permitiera a los argentinos ir a veranear a Montevideo.

Con referencia al ganado, en ese año habían pasado ya en esas condiciones, ochenta mil cabezas y el Presidente pedía cuarenta mil cabezas más con la palabra que serían empleadas en el consumo y no en la exportación. Consultado Miranda encontró inconvenientes porque en ese momento había carencia de ganado en los frigoríficos. Sin embargo, tratando de tener un gesto amistoso con el Uruguay, accedimos y prometimos disponer lo necesario para hacer efectiva la entrega, siempre que fuera para consumo y no para competidor en los precios con la exportación argentina.

Prometimos ocuparnos de favorecer el turismo argentino a Montevideo en lo que nos fuera posible, sin perjudicar nuestros balnearios.

Este fue el comienzo. Estábamos lejos de imaginar lo que ocurriría después.

En el año 1947 comenzamos a padecer. Una campaña insidiosa se inició en los diarios del Uruguay contra el gobierno argentino. Nadie le hizo caso. Todos nos limitamos a exclamar, Va, es el Uruguay. Poco tiempo después se inició por la radio la misma campaña, pero entonces ya supimos que era Bemberg quien la financiaba y también agentes de los Estados Unidos. Dijimos entonces, Dios los críe y ellos se juntan.

Hasta entonces el gobierno disimulaba su intervención, aunque nosotros sabíamos bien a qué atenernos.

En esa oportunidad explotó una bomba. Resultó que, quebrantando su palabra, el Presidente Batlle Berres, con alguno de sus allegados, había realizado un negociado con las cuarenta mil cabezas de ganado, pedidas en nombre de su pueblo. Las habían hecho faenar en el Frigorífico Nacional y las habían exportado en competencia con nuestras carnes, lo que trajo una disminución en los precios.

Hicimos saber este hecho a la Embajada y como era natural, no recibimos ni contestación. Dada la naturaleza de la cuestión, era lógico que así fuera, pero desde ese momento no se autorizó más ventas de ganado al Uruguay en esas condiciones.

La República Argentina compraba toda la arena para construcciones en Carmelo, favoreciendo así a numerosos areneros y al intercambio comercial entre los dos países. Mi acuerdo fijaba que ese intercambio se produciría siempre por créditos recíprocos, a cubrir siempre con mercaderías. En el año 1949 terminó el convenio y el Banco Central de la República Argentina fue condenado a pagar en cuarenta y ocho horas el saldo, que importaba unos tres millones de dólares. Esto dio lugar a gestiones ante el gobierno uruguayo que contestó que eran cuestiones del Banco Central, desentendiéndose del asunto. Fue necesario pagar los tres millones de dólares en un día. Pero, bien valía esto la experiencia.

Nosotros no podíamos, ni queríamos seguir pagando la arena en dólares. Se organizaron las compañías areneras argentinas y hoy ciento cincuenta barcos y casi diez mil obreros argentinos viven de esa actividad. Uruguay ha perdido definitivamente el mercado.

Tan pronto esto sucedió, arreció la campaña radial y publicitaria contra nuestro gobierno. El gobierno uruguayo tomó a sueldo a todos los exiliados y traidores argentinos que encontró y sin el menor reparo se organizó un comando revolucionario al que puso a su disposición fondos y otros medios. Uruguay pasó a ser refugio de facinerosos y un portaaviones de los que huían después de sus fracasados golpes criminales.

Política peligrosa para el Uruguay, porque eso puede quedar como un recuerdo, para devolver el favor cuando sea oportuno. A mi me han visitado varias veces algunos uruguayos para hacer una revolución. Yo los convencí de no hacerla y dije que no me prestaba para intervenir en los asuntos internos de otros estados. ¡Francamente, hoy estoy arrepentido!

El comportamiento miserable del Uruguay en 1947 con el Paraguay, se ha repetido en 1955 con la Argentina, con la misma falsedad y la misma hipocresía.

Se han quejado del cierre de la frontera, ocasionada porque estos señores vivían del contrabando y de paso, nos inundaban de panfletos. La misma queja debe sentirse entre los ladrones y criminales cuando les cierran las casas.

Señores uruguayos: han perdido el derecho de invocar el honor porque su gobierno ha conspirado contra un vecino y ha participado en la lucha por el mismo móvil que los revolucionarios argentinos: el dinero. Ellos lo cobraron en efectivo; ustedes en vacas, turismo y radios. Dios los perdone. Todavía algún día hablaremos.

[i] El autor se refiere al naufragio de una nave de guerra argentina, en la que perecieron los marinos, salvándose la oficialidad. (N. del E.)
[ii] Matón, pendenciero, camorrista, pistolero. (N. del E.)
[iii] Cohecho, soborno. (N. del E.)

Este pack de textos peronistas (documentos individuales en un paquete comprimido zip 9 Mb en doc y pdf) incluye: Obras de Perón: Descartes (seudónimo) - Política y estrategia; Carta al presidente Kennedy; Conducción política; Doctrina Nacional; La comunidad organizada; La Hora de los Pueblos; Modelo argentino; Discurso Primer Congreso de Filosofía; Quieren nuestros recursos; Tres revoluciones militares: Un año de tiranía y La fuerza es el derecho de las bestias.
Obras de Evita: La razón de mi vida, Mi mensaje, Por qué soy peronista; Clases en la Escuela Superior Peronista; EL peronismo será revolucionario y Discurso del renunciamiento; Textos y discursos.

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Entrevista a John William Cooke (1961)

Entrevista a John William Cooke (1961)
Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero

John William Cooke nació en La Plata en 1920. Su padre, Juan Isaac Cooke, integró el grupo de radicales que se incorporó al peronismo, y en 1945 fue ministro de Relaciones Exteriores de Farrell. En 1946 John, que acababa de recibirse de abogado, fue electo diputado por la Capital Federal. De posición, independiente y convicciones nacionalistas, se opuso a la ratificación del Tratado de Chapultepec. Tuvo una participación destacada en la Cámara, donde permaneció hasta 1951. Fue miembro del Instituto Juan Manuel de Rosas, donde pronunció conferencias y del cual fue electo vicepresidente en 1954. Ese año editó la revista De Frente, en la que planteó sus posiciones nacionalistas, y combatió los contratos petroleros que negociaba el gobierno de Perón. Después del 16 de junio de 1955, Perón lo designó interventor del Partido Peronista de la Capital Federal, desde donde Cooke trató de movilizar y organizar a los peronistas para resistir el inminente golpe militar.


El 20 de septiembre fue arrestado en la casa de su amigo José María Rosa. Pese a estar en prisión hasta marzo de 1957, participó activamente en la organización de los distintos grupos protagonistas de la "Resistencia peronista". Perón, que estaba exiliado, lo puso al frente del denominado "Comando Táctico", y en noviembre de 1956 le dirigió una expresiva carta, en la que avalaba firmemente su acción y lo designaba su sucesor, en caso de fallecimiento. En marzo de 1957 Cooke escapó de manera espectacular de la prisión de Río Gallegos, en compañía de otros detenidos peronistas -Jorge Antonio, Cámpora, Espejo-, y se instaló en Chile, desde donde pudo operar con más eficacia para coordinar la acción de los distintos grupos clandestinos y terroristas. En 1958 participó en la gestión del pacto entre Perón y Frondizi, y posiblemente asistió a la reunión de Caracas, donde éste se efectivizó. Cooke volvió al país a fines de 1958, para continuar con la "resistencia", y de inmediato fue detenido. A principios de 1959 participó activamente en la huelga del Frigorífico Nacional y en la intensa agitación subsiguiente. Por entonces, la militancia peronista se dividía entre los partidarios de la "línea dura" y la "línea blanda", estos últimos, que buscaban un acuerdo con el gobierno, recibieron el aval de Perón y comenzaron a hostilizar a Cooke, tachándolo de comunista.


Perseguido, en 1959 abandonó el país y se instaló en Cuba, donde permaneció hasta octubre de 1963. Allí se entusiasmó con la Revolución, realizó diversas tareas de apoyo al régimen, entabló amistad con Ernesto Guevara e inició una larga tarea de acercamiento entre el peronismo y el castrismo, que incluyó el reclutamiento de jóvenes argentinos para ser entrenados en Cuba. Mantuvo una intensa correspondencia con Perón, que sólo interrumpió en 1966, e intentó convencerlo de que declarara su apoyo a Cuba y trocara su domicilio madrileño por La Habana. A la vez, se propuso reconstruir la tradición peronista en clave cubana e impulsar a los peronistas a seguir el camino iniciado por Fidel Castro.

En esas circunstancias fue entrevistado por la revista Che. El semanario apareció en octubre de 1960. Lo dirigía Pablo Giussani y entre sus redactores figuraban Julia Constenla, Hugo Gambini, Francisco Urondo, Carlos Barbé y Alberto Ciria. Se trataba de un grupo de partidarios argentinos de la Revolución Cubana, muchos de los cuales militaban en el Partido Socialista Argentino. Un poco antes, en febrero de 1961, Alfredo Palacios había ganado la elección de senador por la Capital, con una campaña centrada en la Revolución Cubana, y con el apoyo de muchos votantes del proscripto peronismo. El reportaje está ilustrado con dos fotos de Cooke: en una aparece con traje y corbata, probablemente de su etapa de diputado, y en otra con barba, boina y camisa miliciana. Che fue clausurada el 17 de noviembre de 1961. A fines de 1963, Cooke volvió a la Argentina y organizó Acción Peronista Revolucionaria, un pequeño grupo de discusión al que asistían futuros militantes como García Elorrio, Fernando Abal Medina y Norma Arrostito, en donde siguió intentando la fusión entre el peronismo y el guevarismo. Sin embargo, mientras vivió su influencia fue escasa. Murió en septiembre de 1968. Desde 1971 sus escritos alcanzaron gran difusión y sus ideas fueron retomadas por la nueva izquierda peronista. Este reportaje fue reeditado en septiembre de 1975 por la revista Crisis.

Cooke

Publicado originalmente en revista "Che" (1961) y reproducido en "Crisis" (1975).


Entrevista a John William Cooke
Desde La Habana, Cuba. Septiembre de 1961.

John Willian Cooke y su esposa, Alicia Eguren, se encuentran en La Habana desde hace más de un año. Ambos forman parte de las milicias y colaboran -al mismo tiempo- en distintas publicaciones cubanas. Che ha entrevistado a Cooke en su residencia, el Hotel Riviera. Sus respuestas, sin duda, son de trascendencia por la influencia que ha tenido -y conserva aún- John Willian Cooke entre las filas peronistas.

En la Argentina, Ia Revolución Cubana cuenta con apreciable apoyo popular y los esfuerzos de la propaganda reaccionaria -abrumadora y constante- son vanos por contrarrestarlo. ¿A qué razones atribuye esta perspicacia popular, pese a la prensa y agencias internacionales?
Lo que eso demuestra, en primer lugar, es la madurez de nuestro pueblo, lo arraigado que está en el sentido de la soberanía nacional. Tengamos en cuenta que esta recolonización de la Argentina es doblemente anacrónica: por producirse en la época de los movimientos de liberación en todo el mundo y por serle impuesta a un país que se había librado de la dominación inglesa y tenía conciencia de lo que significa el ejercicio de la soberanía. La consecuencia es que no solamente la represión es singularmente violenta, sino también la propaganda pro imperialista. El pensamiento colonial utiliza el monopolio de la difusión para derramar una catarata de discursos, declaraciones, manifiestos, conferencias, editoriales, solicitadas, pastorales, etc., para confundir a la masa. En el caso de Cuba, sólo se difunden groseras tergiversaciones, embustes y planteos arbitrarios. Sin embargo, las clases populares disciernen lúcidamente y saben que la suerte de la Revolución Cubana incide en su propia suerte.

Con respecto a Cuba, ¿cuál es la forma que adopta esa táctica de ocultamiento?
Hay una sucesión de trampas. Todos los datos son falsos, al punto que la mentira de ayer es desmentida por la mentira de hoy. Después se hace una mezcla de los problemas concretos de la nación cubana con los problemas de la guerra fría y con las discusiones técnicas en torno al comunismo. Nuestra masa evita esos falseamientos porque va a la médula del problema, o sea, la agresión del imperialismo contra un país hermano que osó liberarse: así no hay forma de equivocarse.

Con motivo de la reciente invasión de gusanos el servicio de los yanquis, se vio cómo se desvirtuaba el problema planteándolo maliciosamente: se afirmó que la Revolución es comunista, como si eso fuese lo que estaba en debate. Un cierto porcentaje de papanatas quedó atrapado en ese artificioso enigma -ya fuera para coincidir con la tesis o para discrepar con ella-, lo que implicaba que de ser concluyente la prueba sobre el carácter comunista del gobierno cubano, eso legitimaba que se agrediese a un país soberano. ¿Quién ha dicho que los Estados Unidos o los organismos internacionales tienen jurisdicción para hacer macartismo y determinar cuál régimen tiene derecho a ser respetado y cuál no?


Supongo que usted sabrá que hubo algunos dirigentes peronistas que se “empantanaron”.
Eso demuestra que carecen de capacidad para dirigir nada y que invocan el nombre del peronismo en vano. Con el pretexto de que nuestro gobierno era nazi, se buscó que Estados Unidos hiciese lo mismo que ahora hace con Cuba: los cipayos pedían la intervención yanqui y de los organismos como la UN: un canciller uruguayo inventó la tesis de la “intervención multilateral”, que es la que ahora se quiere resucitar contra los cubanos; se pidió que los países rompiesen relaciones con nosotros, por no ser “democráticos”, etc. Eran los mismos procedimientos y las mismas personas de aquí y del extranjero los que se movían para destruir nuestra soberanía. ¡Y cómo ardíamos de indignación contra el bradenismo y sus servidores! ¡Cómo protestábamos contra los Jules Dubois, los Figueres, los Haya de la Torre, los Ravines, contra Braden, Nelson Rockefeller, la gran prensa norteamericana y continental! Pues bien: todos esos, y los miles de secuaces ahora hacen lo mismo contra Cuba, ayudados por los mismos aliados que entonces tuvieron en la Argentina, desde los políticos tradicionales hasta las fuerzas vivas, la intelectualidad cipaya. Las damas patricias y demás escoria enemiga de los descamisados.

¿O es que la UPI, la AP, el Time, etc., son reptiles cuando nos atacan a nosotros y “objetivos” cuando atacan a Cuba? Sumarse, aunque sea pasivamente a esa campaña, es dar razón retrospectivamente a los vendepatrias: es negarnos como movimiento nacional-liberador.

Hay algunos pequeños sectores peronistas influenciados por el “nacionalismo” que son activamente enemigos de la Revolución Cubana.
Supongo que en unos cuantos millones como somos, habrá de todo un poco. Hasta de quienes se dejen llevar por un extraño “nacionalismo” que ante algo concreto como el imperialismo que nos asfixia nos quiere hacer pelear contra los enemigos de ese imperialismo. El único nacionalismo autentico es el que busque liberarnos de la servidumbre real: ése es el nacionalismo de la clase obrera y demás sectores populares, y por eso la liberación de la Patria y la revolución social son una misma cosa, de la misma manera que semicolonia y oligarquía son también lo mismo. Algunos sectores reaccionarios pudieron, en otras épocas, llamarse “nacionalistas” porque coincidían con el pueblo frente a los ataques a nuestra soberanía; ahora no, porque el antiimperialismo ha pasado a ser retórico en ellos, que vuelven a su raíz oligárquica y ante el caso de Cuba quedan al desnudo. Como ya quedaron cuando contribuyeron a la caída del gobierno popular en 1955.

Hay que tener la cabeza muy hueca para creerse peronista y aceptar a esos teóricos del absurdo, que combinan las añoranzas del imperio de la hispanidad medieval con el apoyo práctico al imperio bárbaro norteamericano, y el culto a gauchos embalsamados con el paternalismo aristócrata frente al cabecita negra, para oponerse, nada menos, a Fidel Castro. Ocurre que Castro, a la cabeza de los hombres de la tierra, derrotó a puro coraje al ejercito armado y entrenado por los yanquis para proteger a la satrapía batistiana; y que cuando los gringos quisieron llevárselo por delante, los echó de Cuba y les quitó hasta el último dólar, más de mil millones que tenían invertidos en centrales azucareras, fábricas, empresas, bancas, etc. ¡Qué manera de apagar faroles! Sin embargo, parece que Fidel no es “nacionalista”, porque nunca se dedicó a predicar el exterminio de estudiantes semitas ni a delatar herejes incursos en el crimen del marxismo.

¿Usted no cree, entonces, que esos defensores de “Occidente” tengan influencia en su movimiento?
Solamente entre cierta capa burocrática, que, por otra parte, nunca sirvió para nada, ni en el gobierno ni fuera de él. Ahora hacen méritos para que los dejen participar en el festín político y administrativo del que están excluidos los revolucionarios consecuentes. No hacen más que confirmarle al pueblo lo que éste siempre supo sobre ellos. Habrá siempre alguna confusión, por los que embarullan las cosas y por otros que, debiendo hablar, han callado. Pero el pueblo sabe que desde que Fidel Castro empezó a quitarles a los ricos para darles a los pobres fue la bestia negra (o roja) del continente. Claro que los gansos que creen que el peronismo es parte del dispositivo de la “civilización y de la democracia occidental” quedan identificados frente a Cuba con los socios de Aciel y de la Bolsa de Comercio, con los socialistas conservadores y los conservadores de la infamia, con los exquisitos del Jockey Club, el Circulo de Armas, con Ascua, Sur y las demás agrupaciones de conciencias muertas, con las numerosas instituciones, frentes y agrupaciones gorilas que piden nuestra sangre, con Gainza Paz, el almirante Rojas, el Dr. Vicchi, el brioso Toranzo Montero. Todas esas fuerzas son virulentamente enemigas de la Revolución Cubana, a la que odian tanto como al “régimen depuesto”, esas cosas no ocurren por casualidad, y nuestra masa no vive en la luna.

¿Hay algún personaje en la Argentina que logra, como Fidel Castro, que todas las cabezas del privilegio se unan para acusarlo de demagogo, comunista, totalitario, chusma, perjuro, punguista, motonetista, barba azul, asesino incendiario, anticristo, y otras lindezas semejantes, y contra el cual piden el cadalso, la bomba atómica o la muerte a manos de los “marines” yanquis. Creo recordar que sí. Y me resulta muy difícil entender cómo puede indignarnos la difamación contra la versión pampeana del monstruo y quedarnos mudos cuando la victima es la versión tropical.

Hubo quien no repudió la reciente invasión a Cuba alegando que al no abrir juicio cumplía con la “tercera posición”.
Con quien cumplió fue con su propia cobardía. A cambio de la riqueza que nos llevan los yanquis nos dejan su histeria anticomunista que contagia a ciertos “dirigentes”. En el país reina un clima de terrorismo ideológico: ya no basta con no ser comunista; hay que demostrarle a la reacción que se es anticomunista. Y se llega a emplear el mismo lenguaje de nuestros enemigos: en lugar de dar apoyo total, solidaridad sin retaceos a Cuba avasallada, se agregan condenas al “imperialismo soviético”, lo cual equivale a aceptar las premisas del imperialismo agresor, que califica de crimen la negación de sus ansias hegemónicas y el derecho a elegir las formas de gobierno y los amigos que a cada país americano le resultan más convenientes.

La tercera posición es, precisamente, todo lo contrario. Significa no tener compromisos con los bloques mundiales, estar en libertad de tomar las decisiones más convenientes a los intereses nacionales. Significa tener criterio propio para apreciar cada hecho y cada actitud; no tenemos obligación de encontrar que cada cosa del señor Kruschev es perfecta o malvada; ni de estar de antemano en pro o en contre del bloque capitalista; en otras palabras, en cada momento y circunstancia nuestro tercerismo consiste en opinar libremente, no sumarnos al coro de los que ven en Estados Unidos la potencia rectora. A pesar de que nuestro gobierno tuvo que maniobrar solo, en un mundo hostil, en lo fundamental jamás se apartó de su independencia; no suscribimos el Pacto de Caracas que establecía el peligro del “comunismo internacional” para así consumar el crimen contra Guatemala orquestado por Foster Dulles y otras bestias de la “guerra fría”; no firmamos los Acuerdos de Bretton Woods (Fondo Monetaria Internacional, Banco de Reconstrucción Y Fomento); no nos atamos por pactos militares bilaterales, etc. Nada de eso subsistió; las primeras medidas de la dictadura militar fueron adherirse a Bretton Woods, y hoy el FMI dirige nuestra política económica, y revocan por decreto el voto de Caracas; siguieron los pactos militares, los acuerdos sobre el Atlántico Sur, etc. Hoy somos un apéndice del imperialismo, lo que requirió modificar totalmente la política internacional fijada por el Peronismo. El tercerismo fue una forma de no ser absorbidos por el imperialismo yanki: en ningún caso puede ser excusa para plegarnos a su estrategia de guerra fría y para gritar junto con los derviches de la guerra contra los pueblos que han adoptado el socialismo.

Es lo que hacen los terceristas como India, Yugoslavia, Egipto, etc., que no han vacilado en apoyar fervorosamente a Cuba y que no ven al mundo como una división tajante donde los “buenos” son las potencias occidentales. Es una posición para encarar los problemas, no para eludirlos. En el caso de un país hermano sometido a persecuciones de toda índole por el Imperialismo, no ser terminantes, escatimar el apoyo, es renegar del tercerismo y apoyar al imperialismo. Así como hay farsantes que son antiimperialistas cuando las causas son lejanas, y cipayos en las cuestiones argentinas, igualmente hay farsantes que gritan contra el imperialismo aquí y se suman a sus consignas en el orden mundial; estos últimos son los más peligrosos. La posición consecuente de un antiimperialista es desprenderse de los falsos esquemas como “Occidente y Oriente”, “Mundo libre y mundo comunista” y demás zonceras. Hay que estar con los argelinos, que son musulmanes, con los kenyanos, que son maumau, con los chinos, que son budistas, y con los cubanos, que son barbudos. Y decirlo claramente y ayudarlos todo lo que se pueda y tener la valentía de despreciar las voces que se alzaran para acusarnos de comunistas, trotskistas, cripto marxistas, camaradas de ruta, idiotas útiles, filo comunistas, infanto comunistas, etcétera.

¿Existe algún pronunciamiento de Perón con respecto a la Revolución Cubana?
¿Cómo cree usted que Perón podía desentenderse de un problema fundamental? Cuando dijo que Ia Revolución Cubana “tiene nuestro mismo signo”, enunció una fórmula exacta que indica la común raíz antiimperialista y de justicia social. Si Cuba ha elegido formas más radicales, ese es un derecho que ningún antiimperialista le puede negar; por otra parte, los procedimientos de 1945 tampoco sirven ahora para nosotros, y nuestro programa, según lo ha dicho repetidamente el propio Perón es de “revolución social”, que salvo para los que viven en el limbo sólo se puede cumplir socializando grandes porciones de la economía y buscando las formas de transformación profunda y total que correspondan a nuestra realidad nacional.

En cuanto al apoyo de la Unión Soviética a Cuba, sólo quienes se plieguen al bando de la oligarquía pueden hablar de “entrega” y demás tonterías semejantes. Porque los cubanos no han delegado ningún atributo de su soberanía ni han entregado ningún resorte de su economía. ¿Que eso sirve a la URSS para hacerse propaganda? ¿Y a los cubanos que les importa? Los quisieron matar de hambre, dejarlos sin petróleo, dejarlos sin vender el azúcar, que es su única fuente de divisas, atemorizarlos, agredirlos, quemarles los cañaverales, etc.: el cipayaje estaba feliz porque serían castigados los “desplantes”, la insolencia frente al coloso. El mundo socialista les permitió salir de esa ruina a que estaban condenados, y he aquí que ciertos “antiimperialistas” resuelven que Cuba debió dejarse morir de hambre, o llamar a los embajadores norteamericanos para que la vuelvan a gobernar, para que no sufra la “democracia” y puedan seguir tranquilos Somoza, Ydígoras, Frondizi, Prado y demás paladines de la cruzada anticomunista. Todos regímenes democráticos que no podrán hacer lo que hace Fidel Castro: darle un fusil o una ametralladora a cada obrero, a cada campesino, a cada pobre.

En un documento del año pasado el general Perón indicó que el Movimiento debía apoyar a todos los movimientos de liberación regional, como Egipto, Argelia, Cuba, etc. Eso se ha respetado siempre, aunque ciertos sordos no han cumplido estas instrucciones ni las han transmitida a la masa. Y en una carta dice: “Yo sé bien lo que son las sanciones económicas. En 1948 nos las aplicaron intensamente impidiendo la provisión de todo material petrolífero y dejando sin efecto la compra comprometida para nuestra producción de lino que, en ese momento, representaba más del sesenta por ciento de la producción mundial. Como en el caso de Cuba, fue la Unión Soviética la que nos sacó del apuro comprando el lino y ofreciéndonos material petrolífero”. Tal vez deberíamos haber dejado que se pudriera el lino.

¿Y no cree que también influyó la Iglesia?
La creencia religiosa es una cuestión del fuero espiritual y como tal respetable. Pero cuando algunos sacerdotes opinan de política entonces no puede invocarse para ellos el privilegio de que se les respete como cuando desempeñan sus funciones espirituales: deben ser enjuiciados de acuerdo a sus actos y posiciones políticas. Si se les hiciese caso en materia política, América no se hubiese independizado de España; o, tomando otra etapa posterior, en México reinarían los descendientes del emperador Maximiliano, Cuba seria colonia española, etc. Si se les otorgase imperio en materia política, nosotros nos debíamos haber puesto en 1955 contra Perón, como ellos querían; entonces conspiraron con los enemigos del pueblo, como ahora lo hacen en Cuba.

Durante seis años nuestros compañeros han ido a la cárcel, han sufrido torturas, han sido echados del trabajo, han sido fusilados, sin que los altos dignatarios de la Iglesia hiciesen más que algunos inocuos llamamientos a la paz general, uniendo a verdugos y victimados como si las culpas fuesen comunes; cuando discriminaron, fue para atacar al “régimen depuesto” y para condenar la rebeldía de nuestra masa. No he leído la pastoral que condene a los asesinos del heroico general Valle, que era un católico sincero. No he leído la pastoral que condene a los asesinos de la “0peración Masacre”. No he sabido de ninguna epístola incandescente denunciando a los sicarios uniformados que aplicaban suplicios a la gente trabajadora. Pero basta que el señor Frondizi justifique la represión como defensa de “los altos valores del espíritu”, para que entonces sí se conmuevan esos duros corazones episcopales. En cambio están muy preocupados y tristes porque en Cuba hay un gobierno revolucionario. ¿Por qué no dijeron nada cuando murieron 20.000 luchando contra el gobierno que mantenían los yanquis, cuando Nixon abrazaba a Batista y lo colmaba de elogios? ¿Por qué no se preocupan de Angola, donde las fuerzas “occidentales” mantienen la esclavitud aplicando la tortura? ¿O de Argelia, que ha movido la indignación de muchos católicos franceses por el sadismo de las tropas coloniales, cuyas técnicas aprenden nuestros jefes militares? ¿Les parece que hay poco dolor en el mundo y en América, como para que se dediquen al único país donde el pueblo se siente libre?

¿Usted rechaza, por lo tanto, la tesis de que el peronismo es un freno contra el avance del comunismo?
Una cosa es que nosotros tengamos una visión de las cosas argentinas que difiere de la del Partido Comunista y tratemos de mantener la adhesión de las masas trabajadoras; otra muy diversa es unirnos al fanatismo regimentado que ve a los comunistas como criminales y a los países socialistas como enemigos del género humano. Esto es renunciar a la facultad de raciocinio y aceptar que el bando imperialista piense por nosotros. No necesito ser comunista para considerar que el principal responsable de la guerra fría es el imperialismo occidental, ni para comprender que el enemigo más grande que hoy tiene el genero humano es la brutal plutocracia norteamericana.

En el orden nacional, la manera de mantener nuestro prestigio en la masa no es actuando como ayudantes de los pastores para que el rebaño no se ponga arisco, sino ofreciendo soluciones revolucionarias a los problemas reales. Los que están en la jugada de presentarnos como defensores del orden contra el comunismo desnaturalizan la esencia del peronismo. Y, además, cometen una estupidez. Salvo para los energúmenos que ven conspiraciones bolcheviques en cada lucha popular, el comunismo avanza porque hay razones económico-sociales que así lo determinan. Esas razonas no desaparecerán y se trata de ver quiénes darán las soluciones. Los que piensan en “conciliaciones” entre las clases o en paternalismos equilibristas están al margen del tiempo, como los que hablan de corregir los “abusos” del capitalismo. Pero los que quieran dar soluciones, los que como nosotros aspiran a mantener su vigencia como movimiento de masas, tienen que ir al fondo de los problemas. No es posible enunciar aquí todas las cosas que debemos hacer, pero para terminar con el drama argentino hay algunas que son ineludibles, como ejemplo: dejar sin efecto convenios petrolíferos, eléctricos. etc.; denunciar tratados militares y compromisos belicistas; expropiar las instalaciones petrolíferas y demás bienes de los monopolios; expropiar a la oligarquía latifundista y a los grandes empresarios industriales; expropiar los bancos, puertos, servicios públicos; socializar grandes ramas de producción, hacer una reforma agraria que respete las características de nuestro agro pero que elimine muchas de las formas empresarias de explotación; planificar la economía en escala nacional; nacionalizar la gran industria pesada; controlar los sectores de la economía que deban mantenerse bajo el régimen de la propiedad privada, etc., etc. Eso significa terminar con la democracia capitalista y sustituirla por nuevas estructuras que reflejen el predominio de las fuerzas de progreso, dirigidas por el proletariado. Es decir, que estaremos vulnerando el "derecho" de la libre empresa, de la propiedad y otros valores igualmente sacros: en otras palabras, seremos "comunistas". Los factores de poder y la oligarquía en su conjunto nos consideran, desde ya, comunistas, porque nuestro triunfo implica el advenimiento de las masas que exigirán soluciones y las impondrán. Como dijo Perón: “las masas avanzarán con sus dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes”. Nosotros lo sabemos y la reacción también lo sabe, así que los que se hacen los “ranas” no engañan a nadie, y menos a la oligarquía, que tiene sensibilidad de sobra cuando se trata de que no lo toquen sus privilegios. Los que quieren desempeñar el papel de "defensores del orden" harán el deleite de los monseñores y de los espadones de moda, sirviendo de preservativos por poco tiempo. O impulsamos el avance de las masas -y entonces somos peligrosos y nos llamarán comunistas- o tratamos de frenarlas y entonces ayudamos a sembrar la confusión durante un tiempo y luego nos barrerán como a la demás resaca del orden caduco ocupando el partido comunista o quien sea, la dirección que hemos desertado.

¿Qué piensa de la unidad de las fuerzas populares?
La unidad es indispensable y será un peso previo al triunfo popular. Lo principal es para qué hacemos la unidad, cuales son los objetivos cercanos (como por ejemplo las elecciones) y cuáles los grandes objetivos. Unidad para simple usufructo politiquero, no. Sí, en cambio, para dar las grandes batallas por la soberanía nacional y la revolución social. En la lucha contra el régimen como llegaremos más pronto a la unidad, forjada en la acción: dentro del régimen nos esperan sólo frustraciones y derrotas, y pequeños triunfos que serán desastres.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar


Página/12, 16/02/06

INTEGRANTES DEL COMANDO TÁCTICO NACIONAL

Seferina del Carmen Rodriguez de Copa
La compañera Seferina del Carmen Rodríguez de Copa Ex-Diputada Nacional en representación del pueblo de Salta integraba el Comando Táctico Nacional en la clandestinidad.


FUENTE: http://www.relatosdelperonismo.com.ar/vidayhec.htm

MENSAJE AL COMANDO TACTICO PERONISTA (03-02-1958)



Escrito por Juan Domingo Perón.
MENSAJE AL COMANDO TACTICO PERONISTA
En Ciudad Trujillo, 3 de febrero de 1958.

En julio de 1956, este Comando Táctico impartió las "Directivas para todos los peronistas", que han constituido la guía para la lucha por la liberación nacional, y que al refe­rirse a la misión del Peronismo establecen:

a) Luchar contra la tiranía mediante la resistencia civil para desgastarla, entre tanto se organizan nuestras fuerzas en la clandestinidad, para luego proceder a la paralización del país y a la toma del poder en cualquier forma, incluso provocando el caos.

b) Previendo todos los casos por si lo anterior no pudiese realizarse, mantener las organizaciones de nuestra causa cada día con más cohesión y perfección orgánica para que, mediante su persistente acción política, se pueda llegar al gobierno y desde allí accionar hacia nuestros verdaderos objetivos.

&La elección proyectada para el 23 de este mes nos obliga 3 procurar que esos dos módulos de acción se combinen ar­moniosamente, de forma que, dentro del planeamiento estrategico de la lucha, aprovechemos tácticamente el comicio para  desbaratar los proyectos de la Tiranía y acercarnos a nuestros objetivos.El país no termina el 23 de febrero, como lo creen algunos impacientes, ni el Movimiento da a esa elección otro alcance que el de un minúsculo y deleznable episodio, sin validez ni trascendencia para quienes mantenemos fijo nuestro pensa­miento en los grandes destinos de la Nación.

El objetivo supremo del Movimiento Peronista es el cum­plimiento de su programa nacional-liberador, para lo cual nece­sita conquistar el poder. Impedidos de actuar en la legalidad, perseguidos implacablemente, oprimidos por la más tremenda coalición de intereses antinacionales y antipopulares que conozca la historia argentina, no tenemos otra vía que la violencia: a esa realidad dolorosa responde toda nuestra estrategia, basada en la resistencia civil y la intransigencia. La actitud frente al acto electoral es una simple maniobra táctica, dentro de esa estrategia encaminada a la insurrección popular.

Rechazamos la ficción de la legalidad que implica este comicio, pero al mismo tiempo terminaremos con el intento de que en él cristalicen los anhelos espúreos del continuismo oligárquico.

Por eso, la "Orden para el Movimiento Peronista" desconoce cualquier consecuencia que pueda derivarse de la farsa electoral y, después de dejar establecido que el Movimiento Peronista no participa en ella ni directa ni indirectamente, indica que: ".Frente al hecho concreto de la obligación de su­fragar, cada peronista lo hará en la forma más apropiada para impedir con su voto los planes continuistas de la Tiranía y para expresar su repudio a la orientación seguida por ella en todos los órdenes de la vida argentina". El Comando Superior Pero­nista considera que la mejor forma de enfrentar al Grupo de Ocupación es votar por el doctor Arturo Frondizi, candidato que ha declarado - solemne y públicamente su propósito

Esta decisión no implica, en modo alguno, una unión con las fuerzas que respaldan al doctor Frondizi, ni tiene otro alcan­ce que el de una norma de conducta a seguir en el momento de sufragar: es un acto de táctica política y una manera de expresar nuestro repudio por dos años y medio de opresión y vasallaje.

El doctor Arturo Frondizi no puede dar soluciones de fondo a la problemática nacional: las consecuencias de la política reac­cionaria y proimperialista desarrollada a partir de la restauración oligárquica de setiembre de 1955 demandan un enérgico pro­grama de recuperación que solamente puede cumplir el Peronis­mo. Y a esa misión jamcis renunciaremos, pues somos la única fuerza con sentido histórico, cohesión doctrinaria y operativa­mente apta para reimplantar la justicia social, recobrar el patri­monio entregado y restablecer las libertades conculcadas. Pero la elección del 23 de febrero nos pone en la disyuntiva de favo­recer la Tiranía o votar por el candidato que más garantías ofre­ce para quebrar la continuidad de las tendencias antipopulares. Hemos adoptado esta última actitud porque los intereses del país y del Pueblo privan en nuestro espíritu pór sobre toda otra consideración. Una vez más, el Peronismo brindará el ejemplo de su abnegación, de su desinterés, de su insobornable vocación combatiente por la causa de la Patria.

El Comando Táctico Peronista procederá a dar cumpli­miento a las siguientes directivas:

1) La orden para el Movimiento Peronista debe difundirse ampliamente en todo el país, a costa de cualquier sacrificio.

2) El .presente mensaje debe ser puesto en conocimiento de los dirigentes gremiales, políticos y de la Resistencia, a fin de que orienten a los Peronistas en el sentido de votar por el doctor Arturo Frondizi para la Presidencia de la República.

3) Los compañeros de la CGT Auténtica y del Bloque Peronista de las 62 Organizaciones transmitirán la consigna a los trabajadores. .

4) Los partidos políticos formados por los hombres que han manifestado su propósito de acatar la decisión del Coman­do Superior Peronista deben retirarse inmediatamente de la elección. Los compañeros que hayan aceptado candidaturas, las renunciarán. Quienes no cumplan con estas disposiciones deben ser denunciados como traidores al Movimiento Peronista.

5) Las organizaciones peronistas continuarán estructurándo­se disciplinadamente, y ultimando lá preparación para la ac­ción insurreccional.

Firmado: Juan Perón.
 

sábado, 9 de junio de 2012

"Perón. La formación de su pensamiento" de Carlos Piñeiro Iñiguez


LIBROS: "Perón. La formación de su pensamiento" de Carlos Piñeiro Iñiguez (Fundación Octubre, Buenos Aires, 2008, 83 páginas)
por Domingo Arcomano
Sin prisa pero sin pausa, el pensamiento de Juan Domingo Perón va siendo abordado desde distintas perspectivas y profundidades por quienes encuentran en él un hito, un término (como límite) o un obstáculo epistemológico. Este proceso incluye el rescate de fuentes biográficas, documentos desconocidos, impresiones icnológicas que navegan entre la memoria y la transmisión oral, entre otras, para ir conformando el vasto fresco tridimensional de una figura que, por lo polifacética, se antoja a veces inabarcable. La mayor o menor simpatía o animadversión por el personaje es fagocitada por la complejidad de un proceso que lo tuvo como eje articulador: la modernización de la Argentina. En tanto, sus viejos adversarios aún vivos se esterilizan entre viejos rencores, confusión y mala fe o, simple y llanamente, abocados al cultivo voluntario y soez de la ignorancia.
Mientras en el "primer mundo" un libro sobre un muerto ilustre es un aleteo del vuelo de Minerva, un acto de canibalismo literario sobre escombros del pasado, aquí suele ser, aún hoy, un intento fracasado de "ajuste de cuentas" con el personaje en cuestión, fundado la más de las veces en profundo desconocimiento de nuestra propia historia, en el que el ocultamiento o destrucción de fuentes y la colonización de los aparatos educativos no tienen la responsabilidad menor.
En la línea de los pacíficos admiradores del General Perón se inscribe el folleto, muy bien impreso, de Piñeiro Iñiguez. Continuando una línea de interpretación inaugurada por Fermín Chávez, el autor desgrana las fuentes teóricas en las que abrevó Perón y cuya evaluación más destacable es el pragmatismo que presidió su utilización al servicio de la Nación: "Un método argentino para resolver los problemas argentinos". Esto último... algo incomprensible para los asaltantes de la Universidad de 1955 cuyos restos y descendientes se encuentran aún enquistados como un tumor en la Universidad actual.
Pero entremos de lleno en la obra, evaluando lo que a nuestro juicio son sus aciertos y sus errores. En este plano resulta discutible la ambigua afirmación de Piñeiro Iñiguez relativa al acompañamiento de la "tendencia profascista del golpe del 30", por parte de Perón (pág. 22). De su accionar previo y del informe que le dirige a Sarobe ("Algunos apuntes en borrador. Lo que yo vi de la preparación y realización de la Revolución del 6 de setiembre de 1930. Contribución personal a la historia de a revolución" (son solo apuntes, falta redacción) Cap. Perón -Buenos Aires, Enero de 1931) nada surge en ese sentido. El informe por su parte, se configura como el acta de acusación y el documento de ruptura con la doctrina del "estado mayor", tal como creemos haberlo demostrado en "Perón. Guerra y Política-Las fuentes Militares de `Conducción Política´". No obstante lo cual el autor del folleto insiste en esta última línea interpretativa (Perón como "oficial de Estado Mayor") citando, con prevenciones, a dos "historiadores" devaluados: José Luís Romero y el autor norteamericano de lengua española (1) Tulio Halperín Donghi (págs. 40/41), aunque luego matice la "justa caracterización" (sic) que desgranó el primero, incorporando nuestro autor la figura del "intelectual militar" (2) para definir a Perón.
Destacamos como un acierto entre las fuentes mencionadas, la del historiador austriaco del pensamiento hispanoamericano Víctor Frankl, a quien se le debe un importante trabajo sobre la doctrina social de la Iglesia en la década de los 40 del siglo pasado, publicado en la Revista"Universidad" que dirigía el cura Hernán Benítez y de indudable influencia en Perón (vale la pena leer el libro citado por Piñeiro Iñiguez "El Peronismo visto por Víctor Frankl", de Chávez, quien, aunque no cita ese trabajo, nos da una acabada noticia de la importancia del Frankl y de sus vínculos con el peronismo). En relación a este hombre del mundo católico centro-europeo (por resistirse al "anchluss" hitleriano, la anexión de Austria al Reich alemán, debió exiliarse) su afirmación de que Perón habría encarnado una "teología de la revolución", y que Piñeiro Iñiguez pone como antecedente de alguna manera de la "teología de la liberación" latinoamericana, resulta una afirmación excesiva. De aquella "teología de la revolución" , de orígenes medievales, aunque luego la presidieran Francisco de Vitoria y Francisco Suárez, no hay trazas en Perón. Esa teología tiene un marcado acento conservador y empalma más bien, en el s. XIX, con el pensamiento reaccionario español de Vázquez de Mella y Donoso Cortés. Y este "filum" genético tiene bastante poco que ver con la(s) teología(s) de la liberación, inexplicables sin los sucesivos "aggiornamentos" de la Iglesia y las recepciones del marxismo y la revolución cubana por parte de los sacerdotes latinoamericanos. (pág. 32).
Si bien la obra no se presenta como un desarrollo exhaustivo del Perón escritor, resulta destacable, aunque insuficiente, la referencia al Perón historiador y su vínculo con las corrientes historiográficas de la época (fundamentalmente el mitrismo, cuya ejecutoria estaba a cargo entre otros, pero principalmente, de Ricardo Levene). Aquí nos permitimos destacar la sinuosa corriente historiográfica que articulaba desde el Ejército, la doctrina de la "nación en armas", el culto del "héroe (militar, en este caso, el gran capitán) en la historia" y la presencia determinante del pueblo; que se iba desprendiendo del mitrismo oficial pero aún con firmes vínculos con éste (3).
Otro acierto a destacar son los capítulos dedicados al "APRA y el peronismo" y a la Revolución Boliviana de 1943. Las referencias a Haya de la Torre, al Kuomintang (las "tres banderas" de Sun Yat Sen son un no lejano antecedente de las del peronismo), y a figuras como el exiliado nacionalista revolucionario boliviano Carlos Montenegro -quien dirigiera durante el peronismo la Revista "VERDAD para Latinoamérica"(1952-1953)- son fuertes incentivos para profundizar su estudio.
La consideración de lo que el "peronismo no fue" (Cap. XXI), a su vez merece una consideración: sin duda el peronismo no fue un "fascismo" ni ninguna de sus variantes; en ello coincide el autor del folleto. Este dato letal de la realidad, fácil de constatar desde aquí, desde la Argentina, fue la pesadilla -en muchos casos interesada- de la mirada extranjera. Mirada que -en nuestro País de capas medias colonizadas- se instaló firmemente a través de la "docencia" del italiano Gino Germani, un liberal reaccionario, antifascista bastante tonto, que pasa por ser el fundador de la "sociología moderna" en la Argentina (la que perece día a día en la Universidad). Letra más, letra menos sus afirmaciones sobre el peronismo forman parte de los resúmenes denostadores que se reiteran sobre el mismo. Como dato "curioso" cabe señalar que otros despistados calificaron al primer peronismo de "comunista", "ateo" o "pagano" (Julio Meinville). Y, última pero no la peor, se dedicó una abultada tesis universitaria -cabalgando sobre el "tipo ideal" de Max Weber- a demostrar que el peronismo no era fascismo. El disparate es que esto no lo hizo un "scholar" anglosajón, europeo continental o japonés, sino un argentino.
Un último reparo lo hacemos a la concesión periodística de la manipulación de la historia, tan en boga en estos días de la mano de Felipe Pigna, Hugo Chumbita, Pacho O`Donnell y García Hamilton: "la noche más atroz de la dictadura sufrida por los argentinos" en referencia a la dictadura militar de 1976-1983 por parte del autor, omite considerar las masacres en la Provincia de Buenos Aires (1829) perpetradas por el sirviente del imperio británico Juan Lavalle y las del otro sirviente y padre-fundador (del diario "La Nación" y de la Argentina del "centenario"), Bartolomé Mitre, en el Norte del País (1861/1863) y durante la Guerra del Paraguay (1865/1866). Las muertes causadas por estos dos traidores a la patria exceden largamente las provocadas por la mafia cipaya civico-militar de los 70.
La memoria selectiva cuando ella está presidida por la ideología circunstancial, es la primera traición del historiador.
Salvada esta perla negra, creemos que esta obra que reseñamos debe ser leída como un primer paso a su profundización. Es una punta de los varios hilos de Ariadna que nos permiten ingresar al laberinto del peronismo. La voluntad de estudio y la percepción sutil corren por nuestra cuenta. El Minotauro espera.

Notas:
(1) Esta afirmación -que comparto- es de José Luis Muñoz Azpiri (h).
(2) Al respecto ver: "Toponimia Patagónica de Lengua Araucana" de Juan Domingo Perón, El Calafate Editores, Buenos Aires, 2003, (Introducción: "El hombre y la obra").
(3) Ver: Homenaje a Federico Gentiluomo, en El Escarmiento, Nro. 7, Buenos Aires, junio/2008.
 http://www.elescarmiento.com.ar/08recepciones1.php

jueves, 7 de junio de 2012

ALONSO BALDRICH: “DIGNO SOLDADO DE LA EMANCIPACIÓN NACIONAL”

Escrito por Patricio Mircovich.

"El verdadero nacionalismo no debe consistir solamente en combatir a la anarquía y el comunismo para que impere el orden y la jerarquía esenciales para el ejercicio de la libertad, sino que, implica deber de una lucha constante y oposición irreductible contra los trust que monopolizan las fuentes de riqueza para someter a su dominio a los pueblos que incautamente les abren las puertas1"
Através del paso de los siglos numerosas son las invasiones que nuestra bendita Patria ha debido soportar.
Las metodologías esgrimidas para invadir fueron evolucionando según la época en que fueron efectivizadas: las hubo armadas, culturales, económicas, políticas, ideológicas, etc.
Aun hoy continuamos soportando la solapada invasión implantada en diferentes estamentos que en cualquier país del primer mundo son las bases que sustentan la nación y que en definitiva nos marcan el lamentable alto grado de dependencia de nuestra Patria, como ser la energía, el petróleo, la tierra, el transporte, las comunicaciones, los controles, el agua, la industria, la obra publica, etc.
Pero las invasiones siempre son contrarrestadas gracias al accionar, en algún caso hasta heroico, de aquellos compatriotas que incansablemente luchan por nuestra libertad a pesar de la falta de compromiso y comprensión de la sociedad que impera cuando suceden este tipo de situaciones.

EL ORIGEN

Hijo de Juan Esteban Baldrich y de Paula Caraballo, Alonso Baldrich, nace el 20 de Enero de 1870 en San Nicolás, cinco años menor que su hermano mayor Juan Amadeo, seguido de su hermana Lucrecia.
Estudia en la Escuela Normal de Paraná y finaliza en Rosario, para luego alistarse en el Batallón Primero de Línea. A principios de 1889 ingresa como cadete externo en el Colegio Militar. Participa, por mera lealtad a las autoridades constiutidas en la Revolucion del Parque (Julio de 1890). Abundan en su carrera militar las excelentes calificaciones. En su ultimo año como cadete es designado escribiente sumariante  en actuación de justicia militar. Ante una avivada de capitán que no respeta una disposición le anticipa
cuando me reciba de oficial lo retaré a duelo2.
lo que le provoca tres meses de prisión. Dicho acontecimiento lo lleva a querer tomar la decisión de pedir la baja. Es en este preciso momento donde intercede su hermano Juan Amadeo quien lo convence de no abandonar :
Vamos, hombre, muchacho, niño, loco, diablo, demonio! Ponte en tratamiento, sana pronto y bien de tus dos cosas y sigue, por Cristo! Antes de colgar la espada, piénsalo muchas veces y cuando estés decidió del todo, lo piensas otra vez más y no lo harás aseguro3.
El profundo amor por la patria pudo mas que la prepotencia injusta y aristocrática militar, mucho tiempo después llega a alcanzar las palmas de General de la Nación

BALDRICH: EL COMPAÑERO,  EL LUCHADOR

Es natural que los grandes guerreros siempre cuenten a su lado con ese incansable compañero de mil batallas. Y Mosconi, el “General” de nuestro petróleo, no fue la excepción de la regla. Él también contó con ese fiel compañero que bien supo interpretar y ejecutar el mensaje que cargaba esta lucha.
Desconocido por muchos, admirados por unos pocos, el general Alonso Baldrich supo mediante su pensamiento, y por sobre todo su comportamiento, honrar la palabra “compañero”.
Y sin lugar a dudas la decidida lucha por nuestra Independencia Económica es lo que sentencia al Gral. Baldrich a la desmemoria abrupta de muchos dirigentes y políticos, que son ni mas ni menos quienes solapadamente continúan sosteniendo a la superviviente oligarquía vendepatria.
Es nuestro deber, además de recordarlo a través de la tarea efectivamente cristalizada en lo que en su momento llegó a ser nuestra querida YPF y fundada en los datos históricos que no dejan mentir a nadie, recordar el pensamiento motor de quienes escribieron esta parte de la historia.
Por ello queremos hoy, más que su obra, recordar el pensamiento motor que llevó a este compatriota a hacer lo que realmente hizo por su Patria, que en definitiva provoca la lucha: su claro Pensamiento Nacionalista.

¿PORQUE YPF?

Hubo un tiempo en que hablar de ejemplo de explotación petrolífera a nivel mundial, por calidad y administración,  era sinónimo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Y esto no fue el resultado de un iluminado sino que por el contrario es la lucha efectiva por nuestra Independencia económica de grandes Patriotas entre los que sobresale, sin lugar a dudas la del General Enrique Mosconi.  YPF se convertía en esa gran mina de oro codiciada por los históricos imperios invasores.
La pelea interna entre quienes solapadamente pretendían incrementar sus arcas a través de la  entrega al extranjero de nuestro petróleo y aquellos que pretendían establecer una honorable Ley de Nacionalización era la causa que encabezaban aquellos compatriotas convencidos que nacionalizar era, y es, sinónimo de independizar.
La República Argentina tendrá, con la propiedad nacional de su petróleo, uno de los elementos básicos de su defensa nacional. Y el control del Estado en su explotación y distribución, asegurará la tranquilidad necesaria a su progreso, bienestar y prosperidad económica... Porque al combustible deben su potencia y riqueza la Inglaterra del carbón, y los Estados Unidos y la Inglaterra del petróleo4.
Una mirada a la actualidad actividad petrolífera bien puede responder más de una duda.
La industria petrolera estatal resulta esencial para promover el desarrollo industrial argentino, prevenir el dominio extranjero sobre el petróleo del país y garantizar la seguridad militar nacional5.

BALDRICH, LA CONCIENCIA DEL PETROLEO Y LA ECONOMIA

Comprender el alto contenido Nacional de las palabras de Baldrich en cuestiones tan postergadas hoy en día es comenzar vislumbrar el camino a recorrer en la verdadera carrera por nuestra definitiva independencia.
En todas partes se cree como dogma económico que el capital extranjero es indispensable para el desarrollo de los recursos naturales, y nadie parece advertir que ese desarrollo hace rico a los extranjeros y deja más pobres que antes a los naturales; y que lo que se necesita es la organización interna del propio capital 6
La invasión por parte de intereses económicos foráneos, asociados a los infaltables intereses cipayos y entregadores de adentro, y que hoy podemos ver  enquistados en el actual escenario petrolífero, es en definitiva la causa que incentivara la lucha de este gran General.
Me acusan... por haber dicho con honrada franqueza el peligro que significa la penetración de la indeseable compañía que ha invadido el norte argentino, de donde es deber y previsión patriótica sacarla7.
Ya en una conferencia dictada el 25 de junio de 1927 denunciará con sana avidez y preocupación
Mírese a Salta y Jujuy, donde ya ha puesto sus tentáculos el coloso de la Standard Oil, que viene del Norte, después de haber acaparado 5 millones de hectáreas en Bolivia, y qué sé yo cuántas en el Perú8.
Era necesario para  la lucha por la defensa del petróleo refrendar una Ley concebida y ejecutada de forma nacional. Esta anhelada Ley de Nacionalización del Petróleo tenía como cabeza el pedido de los generales industrialistas, pero sobre todo nacionalistas, Baldrich y Mosconi quienes solicitaban la implementación de los siguientes puntos:
Nacionalización de todo el combustible, Monopolio estatal de la explotación, Control estatal de la exploración, Monopolio estatal del transporte del combustible, Autonomía de YPF, Prohibición de transferir las concesiones.9
Contra la negativa de bastos sectores con profundos y solapados intereses antinacionales  sale la Ley de Nacionalización del Petróleo en 1927. Obtiene Irigoyen la media Sanción Cámara de Diputados del Anteproyecto de la mencionada Ley que contemplaba entre otras: Monopolio del Estado Exploración, Explotación y Transporte pero: no comercialización e importación, Monopolio de transporte, Prohibición de exportar hasta abastecer el consumo interno, Regalías del 10% a favor del estado.

EL FUTURO, Y LA IMPORTANCIA DE LA DEFENSA

Maldita la hora en que llegaron. Bendita, mil veces bendita, la hora en que se van...
Convencidos que en los momentos actuales no cabe sobre este tema posiciones dubitativas, ni de gobernantes, ni de dirigentes, ni empresarios nacionales, ni el pueblo, creemos tal como lo expresaba el Gral. Alonso Baldrich que:
…los pueblos no resuelven sus problemas económicos y sociales ni con metafísicos ni abstractos, ni con los aduladores del capital imperialista, ni con los indiferentes que silencian abusos y defectos, en vez de atacarlos, ni con aquellos de patriotismo meramente literario que nada vale, si un discurso empenachado no es seguido de diez escuelas en que se continúe enseñando a no renegar del suelo en que se nace…10.
Hay quienes piensan la historia como ciclos que se vuelven a repetir transcurrido determinados tiempos. Nosotros por el contrario pensamos que nuestra historia no es cíclica, si no continua. La entrega por la cual siempre debieron pelear patriotas como el general Baldrich continúa desde el propio nacimiento de nuestra patria. Hubo momentos donde se peleó y se consiguió mas que en otros, pero la realidad indica que los tiempos de libertad son en definitiva incomparables con el gran tiempo de dependencia y opresión.
A través de este tipo de documentos nos empecinamos en promover, por convicción y por pura testarudez, a que nuestros hermanos definitivamente conozcan los verdaderos héroes nacionales, sin mitos ni editoriales que sorprendentemente se ocupan de la historia como si de una novela de ciencia ficción se tratase. Ell éxito de ello estará delimitando la definitiva libertad de nuestra tierra, la soberanía política, la independencia económica y la justicia social que tanto anhelamos.
Los ricos que no saben usar de sus riquezas son de una pobreza incurable, porque es pobreza de espíritu. Jenofonte

Referencias
  1. Título de Folleto de FORJA invitando a sus adherentes y simpatizantes al sepelio de los restos del Gral.  Mosconi fallecido el 4 de Junio de 1940. Bien pudo ser extensiva al hoy homenajeado Gral. Alonso Baldrich.
  2. “La defensa del petróleo”, Alonso Baldrich, pág. 34.
  3. Carta enviada por su hermano Juan Amadeo Baldrich. Fuente:”El Gral. Baldrich y la defensa del petróleo argentino”, Raúl Larra, Editorial Mariano Moreno.
  4. “La defensa del Petróleo”, Alonso Baldric
  5. "El Gral. Baldrich y la defensa del petróleo argentino”, Raúl Larra, Editorial Mariano Moreno
  6. ”El Gral. Baldrich y la defensa del petróleo argentino”, Raúl Larra, Editorial Mariano Moreno
  7. ”El Gral. Baldrich y la defensa del petróleo argentino”, Raúl Larra, Editorial Mariano Moreno
  8. http://www.causapopular.com.ar/article971.html
  9. http://www.causapopular.com.ar/article971.html
  10. ”El Gral. Baldrich y la defensa del petróleo argentino”, Raúl Larra, Editorial Mariano Moreno
 
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